Rappaport, Roy A., Ritual y religión en la formación de la humanidad, Cambridge University Press, Madrid, 2001
Un problema recurrente en la arqueología, y sobre todo en la arqueología andina, se encuentra en la definición del “ritual”, su registro y su interpretación. Básicamente pasa por el gran problema de trabajar con restos materiales “mudos”. ¿Cuáles son pues los componentes de un ritual? ¿Cómo a partir de los restos del mismo podemos tratar de entenderlo, reconstruirlo y finalmente ubicarlo en su contexto, con todo lo que ello implica? Es decir, ubicar un contexto arqueológico dentro de un marco o contexto mayor.
Para Rappaport, que viene estudió a profundida la religión y los rituales como algo intrínseco a la condición humana, siempre desde una perspectiva materialista cultural, el ritual se definía como la ejecución de secuencias de actos formales no completamente codificados por quienes los ejecutan (71). De esto se desprenden dos conceptos claves: la forma o la disposición de la sustancia (llamado por I. Goffman como marcoframe– o creador de contexto por G. Bateson), y la sustancia o los significados. El ritual implica también participación y se difiere en ese sentido del drama o el teatro y también de las competencias (78). Participación también por parte de los que aparentemente son espectadores, llamados por Rappaport como la congregación. Su papel está en directa relación con la propia ejecución del ritual. En el drama, por el contrario, los espectadores no influyen sobre lo que ocurre y están viendo: sin ellos la obra se ejecutaría de la misma manera (82). En las competencias, los espectadores pueden influir, pero a diferencia del ritual, en este último existe una certidumbre sobre lo que va a pasar.
Lo formal además está contrastado por oposición con lo funcional. Los rituales no actúan sobre la materia a través de medios físicos, sino apela a lo oculto. No es necesariamente lo sobrenatural, sino más bien el uso de otros medios, que tienen también cierto nivel de naturalidad (88).
Estas ideas pueden ser claves para el análisis de los restos arqueológicos de un ritual. Sería preciso primero ordenar el conjunto de índices registrados: todos aquellos elementos que nos han llegado y que registramos unos en relación de otros. Los índices, así los define Rappaport, son síntomas o indicadores, signos que nos hacen referencia a la existencia de otros signos. Pueden poseer efectivamente agencia y son más que el decorado. Son la expresión material de lo formal. Un siguiente paso sería la reconstrucción de los procesos culturales y naturales que dieron lugar a dichos restos materiales, y poder alcanzar a los ejecutantes del ritual. Tenemos efectivamente gran parte del contexto y de la forma del mismo. Podemos también inferir a la congregación, que, como hemos visto, son más que los receptores del mensaje del ritual. Como plantea Rappaport, forma y sustancia van juntos.
Es necesario comprender esto para realizar la interpretación del suceso y que el receptor del ritual no es pues el público que presencia la ejecución, sino que el mensaje va hacia algo o alguien oculto. Es ciertamente un enfoque que busca entender la racionalidad detrás de actos aparentemente ilógicos como el sacrificio de camélidos (o humanos) en los andes centrales prehispánicos (justamente el trabajo fundamental de Rappaport se llama Pigs for the ancestors), y nos ayuda a evitar el facilismo del exotismo culturalista. Un ritual con animales puede permitir, por ejemplo los cerdos, a:
“mantener un ambiente controlado, limita los conflictos a frecuencias tales que no ponen en peligro la existencia de la población de la región, ordena la tenencia y el tamaño de los terrenos, facilita el intercambio, distribuye el superávit de cerdo en forma de carne a través de la población regional y asegura a la gente proteínas de alta calidad cuando ellos lo requieren”.
Rappaport, Roy. (1968) 1984 Pigs of the Ancestors: Ritual in the Ecology of a New Guinea People. Enlarged edition. New Haven: Yale University Press.