En los últimos años el impulso que se le ha dado a las investigaciones sobre la revolución neolítica en la costa norcentral ha sido realmente importante. Nuestra imagen del paso de las sociedades de agricultores incipientes a sociedades más complejas ha cambiado casi radicalmente debido a los hallazgos en Caral, Barranca, Áspero, Fortaleza, etc. Ciertamente son valles con un proceso acelerado de cambios y transformaciones hacia el siglo XXV aC. ¿Aparición del estado? ¿Aparición de ciudades?
No me atrevería a pensar en algo así, sobre todo porque aún no se ha presentado las correlaciones para el valle. En fin, el debate da para largo y sería interesante que se muestren todas las cartas sobre la mesa.
El problema es que eso no se está dando de manera equitativa o normalmente académica. Que hayan peleas en comunidades científicas, es cierto. No por gusto hay esa anécdota de Ludwig Wittgenstein agarrando un atizador contra Karl Popper. El problema fundamental es que estas pugnas ocurren bajo dos matrices fundamentales: (1) la existencia sí de una hegemonía norteamericana en la arqueología del perú (más del 90% de publicaciones son en inglés), y (2) la existencia de una ética corporativa en la disciplina (en general, es un problema ya pandémico en el Perú). Lo primero es claro y creo que no amerita mayor debate. Lo segundo, sin embargo, se da con la propia práctica arqueológica. Cada arqueólogo preocupado de su propia parcela o su propia circunstancia. Son pocas las veces en las que se encuentra una mirada más en conjunto de la problemática. Así, al abrir un debate sobre la supuesta aparición del estado y la civilización en la costa norcentral lo que apareció fue un conjunto de comentarios de acusación mutua de proyecto a proyecto. Por un lado eso no contribuye al conocimiento sobre nuestra historia prehispánica, y por el otro se fortalecen las actitudes parcelarias, sectoriales, etc.
Parecerá ingenuo pero sí creo en la necesidad de recomponer nuestra comunidad académica. Crear instituciones o quizá reconstruirlas. Antes los miércoles arqueológicos eran espacios de debate, discusión, lejos de toda solemnidad. Espacios de encuentro y celebración también, festejando justamente el placer de investigar.
Todo a esto porque me vi obligado a censurar la sección de comentarios sobre la página web del PEACS. Inmediatamente salieron los mastines, no a seguir el tema propuesto, sino a acusar sobre piraterías y hurtos de información. No era pues el espacio para hacerlo ni tampoco me compete resolver. Nadie es juez de nadie, y solamente en una comunidad institucionalizada podría fácilmente ver un proceso para dictaminar qué sucede.
Regresaré al tema de la costa norcentral cada vez que encuentre nueva información para hacerla pública. Si la gente de tal o cual proyecto quieren exponer sus evidencias y debatir, este espacio siempre estará abierto para ello. Caso contrario, me veré obligado, para mi tristeza, a censurar.