Tomado de El Comercio. Nota por Carlo Trivelli
Durante la semana El Comercio consultó con voceros de ambas partes acerca de la situación del diferendo, de las bases legales para las aspiraciones de cada quien y acerca de las perspectivas ante la inminencia de un juicio.
Enrique Ghersi
Abogado de Yale en el Perú

LA SITUACIÓN
Yo soy el primer sorprendido por la actitud de los negociadores del gobierno peruano de retirarse de la mesa de negociaciones. Creo que es un error; mi impresión es que hay un poco de nacionalismo equivocado en este caso. Estas piezas han estado casi 90 años sin que se reclamara nada. El tiempo también crea derechos y retira derechos.

LA BASE LEGAL
Si examinamos la legislación aplicable, nos damos cuenta de que en 1911 las normas bajo las cuales se lleva a cabo el hallazgo de las piezas se establece claramente la titularidad de las piezas para los autores de los descubrimientos. Yale no quiere entrar por ahora a discutir quién tiene la propiedad de las piezas, porque esa es una discusión judicial. La universidad está segura, sin embargo, de su punto de vista legal, que ha sido estudiado largamente y tiene en claro que ya las autoridades judiciales estadounidenses, en dos casos que forman parte de la jurisprudencia –de conformidad además con lo dictaminado por los peritos del gobierno peruano– han establecido en California, hace pocos años, que el gobierno peruano carece de la titularidad para reclamar piezas arqueológicas extraídas del país antes de 1929, por cuanto en ese año se aprueba la primera ley de patrimonio arqueológico, y quienes tenían material arqueológico con anterioridad a esa fecha conservaban la titularidad. Es en el análisis de las normas aplicables donde Yale saca la conclusión de que tiene un caso sólido. No obstante, la universidad nunca ha querido pelear con nadie. Por consiguiente, siempre ha buscado llegar a un acuerdo amistoso. Por eso le sorprende que el gobierno peruano quiera optar por someterse a una jurisdicción extranjera.
LA PERSPECTIVA
La universidad no quiere discutir sobre los fundamentos de la titularidad porque eso es algo que se verá en el terreno judicial. A través de la negociación, tal como estaba planteada, lo que el Perú conseguía prácticamente todo el resultado que en el mejor escenario judicial, lo cual es bastante remoto. Aún ganando el juicio, con un costo altísimo, conseguiría lo mismo que Yale está ofreciendo.

Luis Guillermo Lumbreras
Director del INC

LA SITUACIÓN
Lo que ellos pretendían era que nosotros les donáramos los objetos, que reconociéramos era propietaria de una parte, que ellos nos daban unos 200 objetos, los museables, los bonitos y ellos se quedaban con el resto. Pero nosotros no podemos, por mucho que quisiéramos, estaríamos yendo contra la Ley contra la Constitución, que nos impide donar patrimonio, es como si quisiéramos donar un pedazo de territorio. No hay posibilidad de negociación con respecto a eso. Y esa es la posición que tomó desde un inicio la Cancillería.
LA BASE LEGAL
Nosotros estamos reclamando que se reconozca la propiedad de los restos excavados en Machu Picchu en 1911-12 porque pertenecen al Estado Peruano según ley. Esa ley fue dada en 1893 y fue reglamentada en 1911 a raíz de la refundación, por decirlo así, del Museo Nacional. En 1911 ingresó como director Emilio Gutiérrez de Quintanilla. Él puso en rigor esa ley de 1893, promulgada a raíz de los saqueos ocurridos durante la guerra con Chile. Es por eso que en 1911 al señor Bingham se le dice que para hacer sus investigaciones en el Cusco requería una licencia del gobierno peruano. Y para exportar las piezas, requiere un decreto supremo que lo autorice. Gutiérrez de Quintanilla fue personalmente a detener la exportación de esos materiales que salían del Cusco vía Mollendo. Así se otorgó el permiso para que Bingham sacara las piezas del país por un año y medio.
LA PERSPECTIVA
Yo lo veo del siguiente modo: es una lucha por el respeto a la soberanía del Estado Peruano. Es un poco para respetarnos nosotros mismos. No estamos reclamando joyas, estamos reclamando la dignidad de nuestras propias decisiones, de nuestras propias leyes y su cumplimiento. Yo lleno dos museos completos con piezas como las de Machu Picchu con todo lo que tenemos en el Museo de Arqueología, pero no se trata de la calidad de las piezas sino de nuestro legítimo derecho.