definitivamente en tiempos de luto se tiende a recordar lo mejor de la persona fallecida antes que sus defectos, se imponen las virtudes sobre los fracasos o errores.

la muerte de valentín ha removido el país y han salido muestras de afecta desde muchos sectores, de todo tipo, desde los sectores económicos más importantes a los populares. no han faltado los mezquinos fujimoristas por obvias razones (como bien retrata marco en el útero de marita), los dogmáticos liberales (valga la contradicción hecha carne en aldo mariátegui) que no le perdonan el haber encarnado la decencia en las últimas elecciones y “beneficiar así indirectamente a un candidato que suscitaba bastante desconfianza por su gestión” (es decir, quitarle votos a la candidata flores), y ahora también la columna de raúl wiener le dedica algunas líneas:

“Yo no sé si en estos días estaban enterrando a Paniagua, o a la transición fallida que él representó.”

digamos que en este país fragmentado y “democratizado”, a nadie le importó realmente la (necesidad de una) transición democrática. que si la verdad de la cvr era verdad al 100% o el margen de error la cancelaba como comisión. que si la necesidad de tener elecciones limpias o los más aptos (sean de derecha o izquierda) en el ministerio. no, en un país donde la razón patrimonial se mantiene, cada estanco social se preocupó de su propia parcela sin mirar al otro.

y allí justamente radica la importancia de valentín paniagua. por eso su reconocimiento como político honesto (lo que, paradójica y sintomáticamente, lo alejó de la presidencia en las últimas elecciones… porque como me dijo un taxista, en este país para ser político “hay que ser bien pendejo”, algo que paniagua no era en lo absoluto).

que sirva su muerte como una enseñanza. como para seguir pensando que la democracia es posible en este país fragmentado, patrimonial, complejo.

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