josé godoy en el tercer piso dice sobre las piletas “mágicas” que han costado 13 millones de dólares (las del parque de reserva):

…hoy Perú.21 toca el lado más sensible del asunto: el bolsillo de los contribuyentes limeños. Y es que para financiar la obra, la Municipalidad ha hecho un cambalache inexplicable. Se habrían firmado convenios privados para que el Banco de Crédito, Telefónica del Perú y Coca Cola-Inca Kola aporten una cantidad durante 10 años para cubrir el costo de la obra, que ya fue desembolsado por la comuna limeña.

¿13 millones de dólares para una fantasía de agua? pasu. sobre el agua en el país. y sobra la plata.


foto: la república

el problema no solamente se encuentra en el costo de la obra, sino también en el costo mensual. el domingo la república informó que

“El mantenimiento del parque –dice Valladolid [Flor de María Valladolid, de la Empresa Municipal Inmobiliaria de Lima (Emi Lima), rb]– es de 150 mil dólares mensuales. Contamos con el auspicio de tres importantes empresas”. Pero, ¿cuánto se gasta en agua? Valladolid responde: “el agua circula por los sistemas subacuáticos y es igual a la cantidad usada en una piscina olímpica”.

es decir, endeudados y con un elefante (o hipopótamo) blanco. lo increíble es la respuesta que sigue:

Nadie está privado de entrar al parque, por eso es público –señala Valladolid en una extraña respuesta que luego se contradice–. Se decidió cobrar eso luego de un estudio. Lo que se recauda es exclusivamente para el mantenimiento y para el Fondo Municipal de Renovación Urbana. Si hay un excedente, es para reinstaurar áreas degradadas o zonas tugurizadas”.

pagar por entrar a un parque. solamente en el gobierno municipal de luis castañeda.

actualización:
javier gárvich escribe “pagar para entrar a mi propia casa”:

Sí, nos hemos acostumbrado a un consumismo dócil y, más que imprecar contra los alcaldes, nos urge reeducarnos todos y volver a descubrir prodigios de la modernidad como los servicios públicos, la transparencia en las gestiones y el derecho a disfrutar de la cultura. No estamos condenados a amortizar siempre las ocurrencias del poder. Más bien, tenemos derecho a entrar y salir de nuestra casa cuando queramos. Y sin pagar un solo sol.

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