O bueno, mejor dicho, Slavoj Žižek. O, mejor dicho, Juan Carlos Ubilluz.
El artículo (como ha sido comentado en otros lados) hace énfasis en el cinismo sobre el que se construye no solamente el discurso del hortelano (genialmente retratado como el presidente de los hortelanos en el Love Story de Juan Acevedo, perú21, sábado 15 de marzo de 2008), sino en el capitalismo contemporáneo en general. Extraigo unas líneas:
En realidad, no hay nada sorprendente en la conversión de García al neoliberalismo: ésta meramente emula el retorno de la izquierda al poder en el marco del capitalismo global. No es ningún secreto que, durante los años 90, los comunistas “reformados” de Europa oriental se impusieron en las urnas para luego privatizar las empresas estatales y desmantelar el Estado benefactor. [...]
si hay un izquierdista que se adscribe perfectamente a la lógica ironizada por Zizek, ese es sin duda Alan García. [...]
Ahora lo sabemos bien. Ni el perreo ni el teteo eran disfraces del verdadero García socialista. Esos disfraces eran el verdadero García: eran el preámbulo erótico del striptease neoliberal que vendría después, los preliminares del obsceno espectáculo de “desembarazarse de los últimos vestigios del discurso de izquierda propiamente dicho”. (ver artículo completo)
Dos problemas relacionados. Primero, que siguiendo la idea de Žižek que la izquierda contemporánea se ha despojado de su ropa ideológica, desprendiéndose del “falso orgullo viril” del marxismo-leninismo; de ese modo, Alan García aparece obscenamente neoliberal más allá de su pasado socialista.
La hipótesis funcionaría si: Alan García y el APRA formaran parte del proceso de la nueva izquierda contemporánea. No veo en la historia del APRA una relación con los debates políticos e ideológicos de la nueva izquierda ni mucho menos. Más allá de la coetaniedad (ser de una edad similar), Alan García no forma parte de la llamada Generación del 68 ó 70. Una generación se construye a partir de sensaciones (marcadas por la edad) frente a experiencias sociales y políticas comunes. El socialismo del APRA, su adscripción a la Internacional Socialista, siempre fue más de papel que de verdad. ¿Qué cuadros intelectuales tiene el APRA? (sin contar con aquellos que en los últimos momentos se acercaron oportunamente al coche aprista). En resumen, nunca hubo un “García socialista”.
El segundo problema tiene que ver más con el modelo de análisis de Ubilluz antes que con el análisis propiamente dicho. En el texto, la realidad es “chancada” por el modelo y la cita a Žižek y no importa si en el camino la realidad se modifica. La realidad se adapta al modelo. Esto ya lo he visto en otros tantos analistas y recuerdo algunas “mesas verdes” en el IEP en las que se criticaba justamente esta suerte de nuevo culto: Antes, décadas atrás, se citaba sin misericordia a Marx y Lenin, ahora son Lacan y Žižek. Un nuevo culto al libro.
Quizá habría que preguntarse dos cosas: 1) ¿Realmente el APRA cambió? 2) Si fuera así, ¿en qué cambió?. De acuerdo a la propia historia del partido, lo que ha habido en su historia es: Alianzas políticas muy calculadas, incluso con aquellos que los acosaron y persiguieron (recuérdese la histórica alianza con el odriísmo), un excesivo caudillismo y culto a la personalidad dentro del partido, anti-comunismo (recuérdese las cartas de Haya de la Torre a Eudocio Ravines), una lógica instrumental con respecto al respeto de los derechos humanos (lo cual llevó a una coincidencia programática en algunos aspectos con el fujimorismo), etc. De nuevo, ¿qué cambió en el aprismo y en Alan García?
En fin, me quedo con el análisis de Juan Acevedo.
Más: Del perreo al perro del hortelano (Juan Carlos Ubilluz)
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