Foto de Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (fuente: libertas)

En el post de ayer hablábamos sobre el precio de los alimentos fijados en el campo. Los precios de los cultivos en realidad pocas veces están fijados por los propios agricultores a la hora de la venta y por el contrario no está funcionando allí una lógica de mercado; por el contrario, el sistema del “enganche” por “habilitación”, los conmina a fijar un precio previo, con meses de anticipación a cambio de un préstamo. De allí que el productor venda sus cultivos a un precio que podría estar (en algunos casos bastante) por debajo del mercado del momento. ¿Por qué los pequeños agricultores (de una héctarea de tierra de cultuvo, promedio) optan por este tipo de préstamos informales, aún a riesgo de perder? La primera explicación, la más simple, es la dificultad de los pequeños para acceder a créditos formales, o que las tasas de interés son muy altas. El desconocimiento también es otro factor.

Otro tema es el del arrendamiento de tierras. Fenómeno reciente y del que se ha hecho pocos estudios. Básicamente la idea del arrendamiento es que el pequeño propietario no puede hacer producir su tierra, por lo que se ve obligado a alquilarla por un período de tiempo, por lo general, corto. En varios casos los propietarios se vuelven también trabajadores del arrendatario. Reproduzco una breve crónica:

Como decía, ayer en Pasamayo, valle de Huaral, salió el tema de los arrendatarios. “Casi todo pasamayo está arrendando”, dijo el señor Torres. “¿Y por varias personas, o la misma?”, pregunto. “Son varias, pero aquí los que más han arrendado son los chuquisaqui, una familia tarmeña, tienen entre 100 a 200 hectáreas… comienzan arrendando a 2500 más o menos la hectárea, donde el propietario arrienda porque no tiene plata o porque se ha llenado de deudas. El arrendatario le da esa cantidad, que debe cubrir también el agua, trámites, todo. De paso el arrendatario le ofrece la posibilidad de contratar al propietario como peón de la chacra. Antes el alquiler del terreno era por meses, pero los chuquisaqui están arrendando por año. … De allí el propietario usa la plata para sus gastos, pagar las deudas y luego se da cuenta que en el lapso de un año ya se gastó la plata, por lo que le ofrece al arrendatario que le alquile el terreno un año más, sin haber terminado aún el primer período de contrato. Se vuelve una “maldición” el arrendar la tierra, y el propietario termina siendo esclavizado por el arrendatario, con su propiedad y su mano de obra comprometida”.

Los arrendatarios además apuestan por monocultivos, van a lo seguro: maíz, papa. El maíz para alimento de pollos de exportación (ojo, pollerías como San Fernando separan aquellos animales que se van principalmente a Japón, alimentados con maíz duro amarillo; los pollos alimentados con compuestos de soya, entre otros, quedan para consumo local). La papa procesada que tiene un alto consumo no solamente en Lima, sino que también es para exportación. Además, dentro de la lógica de máximo aprovechamiento de un bien que no es suyo, el arrendatario no hace descansar la tierra, por lo que se vuelve “adicto” al uso de fertilizantes sintéticos (que además, como se sabe, están que suben sus precios). El arrendatario productor de maíz puede además elegir entre vender su cultivo a las pollerías o a los productores de biocombustibles.

Mientras tanto, la oferta de cultivos de alimentos se reduce. ¿Para qué quiere el arrendatario sembrar pimiento, si aprender a cultivarlo le costaría y si el maíz tiene una muy buena demanda?

Que venga Indiana Jones a resolver el misterio del precio de las vainitas.

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