
Linus Torvalds, nuevo trabajador (Fuente: Blog de Antonio Fonseca)
Algunas ideas las expuse aquí. En esta época de desconcierto, algunas formas de trabajo quedán desplazadas (o desclasadas, si se quiere) por otras. Viejas formas de trabajo del industrialismo (donde el patrón tiempo marca el día como una guadaña) dan paso a otros modos y formas de relaciones entre el trabajador y la naturaleza sobre la que ejerce su acción.
Así, en las metrópolis, vemos el surgimiento de nuevos trabajadores, nuevas relaciones laborales, nuevos patrones de medición del tiempo. Algo de eso se ve en lo que algunos autores, como Pekka Himmamen y Manuel Castells han llamado la ética hacker. Cultura libre, software libre, arte libre. La idea misma de la propiedad intelectual queda en duda.
Este cambio radical o suerte de revolución en la producción de información (y de la realidad tal como la conocemos, finalmente) convive con otras formas de relaciones sociales decimonónicas o quizá de origen aún más antiguo. De hecho, la historia muestra como en su desarrollo y evolución social, pueden convivir distintos modos económicos y que pueden entretejerse también distintas redes y relaciones entre modo y modo. No hay excluidos ni incluidos en este nuevo campo laboral, sino más bien reconfiguraciones de las relaciones sociales: Campesinos, obreros de construcción civil, programadores, consultores, etc.
“El tiempo es más importante que el dinero”, reza una publicidad, jugando con un sentido común de nuestra época, donde el goce personal termina siendo más importante que la acumulación de capital. Esto es cierto, en parte. Dentro de esta ética laboral “hacker” o cómo se quiera llamarla, donde la creatividad tiene un papel importante, el tiempo se vuelve flexible, amorfo. La muerte del “tiempo” tiene también consecuencias sobre la propia conformación del ego, pero eso es para otro debate. Resumiendo, que el tiempo tenga finalmente más valor que el dinero implica (o va de la mano con) una alteración del trabajo mismo y de la relación entre el trabajador y la producción.
Como dije, eso no es general, pero sí habla sobre una serie de cambios que están afectando nuestra vida cotidiana.
Apostilla. El día del trabajo conmemora una huelga laboral que paralizó por 7 días la ciudad de Chicago, y que comenzó justamente un primero de mayo en 1864. La demanda eran justamente 8 horas de trabajo. Marchas de trabajadores y la masacre de Haymarket en 1886, convirtieron al día en el más importante para los obreros en el mundo. Irónicamente, en Estados Unidos no se celebra el día del trabajo el 1º de mayo, por considerarlo una fecha de los “radicales de izquierda”.
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