Existe en ciertos círculos una lógica patriarcal de relacionarse con los demás. Se asume que el acceso a ciertos recursos (educación, cultura, salud), no son tanto un derecho, sino más bien un privilegio concedido. Es una lógica además que se constituyó no en la colonia, sino que tiene sus raíces en la República y la aparición de los terratenientes. Mark Thurner habló sobre eso en su libro “Repúblicanos andinos” (cuyo título original era “De dos repúblicas a una dividida”). Se “concede” la ciudadanía a los nativos peruanos, que ven ciertos derechos (protegidos durante la colonia) recortados con la llegada de la independencia. De allí las revueltas en Huanta, de indios “iquichanos” realistas que reclamaban su estatus anterior, etc.

Bajo esta lógica patriarcal pasan varias cosas. Como por ejemplo, que se asuma que los estudiantes de la Universidad de San Marcos no protesten, porque su funcion es estudiar y que finalmente para eso uno paga impuestos, así que “pórtate bonito”. Así, se pasa del derecho a la educación al privilegio concedido. (*)

Así, si se atiende al reportaje de Spencer (también conocido como Henry Spencer, también conocido como Luis Carlos Burneo, también conocido como Speed Racer) a la presentación de un catálogo del Museo de Arte Contemporáneo (irónicamente llamado “La construcción del lugar común”), puede uno inferir que el acceso al arte y a la cultura es un privilegio concedido, esta vez, por George Gruenberg, el presidente de la organización gestora, el Instituto de Arte Contemporáneo.

Video: La habitación de Henry Spencer

Frases de Gruenberg que me llaman la atención:

  • “Yo recibí un caballo chúcaro, un toro bravo. Lo que no queremos es lidiar con autoridades o lidiar con personas que son díficiles para entender (sic) lo que es elarte
  • “Suscribo lo dicho y escrito por Ricardo Ramón [nota: editor del catálogo y autor del prólogo con una historia sobre el parque “La lagunita” y su aparente maldición, con travesties y vecinos incluidos]”
  • Ya luego, en el momento del vino, Spencer interviene sobre Gruenberg y le pide que amplíe sobre las autoridades que no saben de arte. Gruenberg dice: “Desafortunadamente, en el Perú y en otras partes del mundo hay gente que entiende de arte, cultura y educación y otra gente que no entiende. El arte puede gustarte o no, pero el arte hay que respetarlo“.

Otros dos puntos, sobre las negociaciones con la municipalidad y las propuestas de los vecinos. La municipalidad propone que el MAC funcione sobre los 2000 metros cuadrados necesarios para el museo. Gruenberg niega tal posibilidad y más bien propone construir un parque con juegos infantiles en “la parte más humilde de Barranco” y una concha acústica “dentro del parque de esculturas del museo”.

¿Perdón? ¿Parque de qué? Yo tenía este plano para el museo y ahora me lo cambian.


Fuente del plano: Caretas no. 1719, año 2002

En el plano no aparece ni un “parque de las esculturas” y según el plano dice textualmente “área no contemplada en la construcción”. La propuesta de Gruenberg es tramposa y más bien va a terminar con un parque todavía más recortado.

A la pregunta de Spencer, sobre la propuesta de los vecinos de abrir la gestión del museo y hacerla inclusiva (“lugar común”, ¿recuerda?), Gruenberg responde “La cogestión no es posible, muchos cocineros malogran la comida”.

Gente que no entiende de arte, cogestión imposible, al arte se le respeta, parques malditos de travesties y vecinos que siguen sin entender, populismo, caballo chúcaro, toros bravos para lidiar. En el lenguaje de Gruenberg, el acceso al arte no es un derecho, sino un privilegio concedido.

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(*) La frase literal, de Alditus, es: “¿Por qué estos sanmarquinos no se dedican a estudiar –cosa que los contribuyentes les pagamos– en lugar de joder?”