Se vienen con todo. Los decretos TLC. Ahora uno referido a las tierras propiedad de comunidades campesinas:

El Congreso de la República, mediante Ley N° 29157, ha delegado en el Poder Ejecutivo la facultad de legislar, por un plazo de ciento ochenta (180) días calendario, sobre diversas materias relacionadas con la implementación del Acuerdo de Promoción Comercial Perú – Estados Unidos y con el apoyo de la competitividad económica para su aprovechamiento; entre las que se encuentran la promoción de la inversión privada y la mejora de la competitividad de la producción agropecuaria; […]

Decreto Legislativo que unifica los procedimientos de las comunidades campesinas y nativas de la sierra y selva con las de la costa, para mejorar su producción y competitividad agropecuaria […]

b) Para la adquisición en propiedad por parte de miembros de la comunidad no posesionarios o de terceros así como para gravar, arrendar o ejercer cualquier otro acto de disposición sobre las tierras comunales de la Costa se requerirá el voto a favor de no menos del cincuenta por ciento de los miembros asistentes a la Asamblea instalada con el quórum correspondiente.”

Bajan la valla. Antes tenía que contarse con el 66%+1 de los miembros de la comunidad, ahora basta que haya quórum y que vote el 50%+1. Chévere, García. Como si el problema de los campesinos (generalizo, lo sé) no fuera también la falta de acceso a recursos y servicios de calidad. Dentro del modelo de García, ya las cosas están perdidas para los pequeños productores y mejor es desaparecerlos de una vez por todas.

Cito lo que escribió Fernando Eguren hace un tiempo, a raíz de los primeros artículos “receta contra el perro del hortelano”:

Según el presidente García, las tierras de las comunidades son «tierras ociosas porque el dueño no tiene formación ni recursos económicos; por tanto, su propiedad es aparente. Esa misma tierra, vendida en grandes lotes, traería tecnología…». El presidente debería aclarar si los derechos de propiedad de los que «no tienen formación ni recursos económicos» (que califica de «aparentes») son de categoría inferior a los derechos de propiedad de los grandes inversionistas que traen tecnología.

No se trata aquí de defender una idea idílica o esencialista de la tierra comunal. Sí es cierta la pobreza que se vive en las comunidades campesinas (sobre todo las que se encuentran en altitudes mayores). Y que buena parte de los campesinos viven del autoconsumo, complementando su economía con algunas actividades menores (para luego comprar aceite y otros enseres).


Papa gigante. Fuente: Diario de IQT

Esta mirada de menosprecio a las comunidades campesinas se evidencia también en la promoción de determinados productos agrícolas. Ahora que estamos en el año de la papa, nadie habla sobre el valor social y económico de la producción de las variedades nativas, sostenibles en el mediano y largo plazo; por el contrario, desde los gobiernos regionales y nacionales se viene promocionando el cultivo de papa procesada que viene acompañada de fertilizantes sintéticos, insostenibles en el largo plazo, al transformar los ya pobres nutrientes del suelo andino. Alguna gente se olvida (menos al momento del discurso) que la papa nativa es producto de miles de años de manipulación genética.

Esto es parte de una discusión inacabada sobre el modelo económico para el agro: ¿Producimos mucho de pocas variedades o producimos poco de muchas variedades? ¿Apostamos por la diversificación de productos, por la rotación de las tierras? Uhm. ¿Seguridad alimentaria dijo alguien? No cuña’o, eso no existe. ¿Papa nativa? Solo para las noches en blanco, para la siguiente cumbre internacional.

Perútags: