Horror, Cultura

El Comercio le ha dedicado todo el suplemento “El Dominical” a las industrias culturales, a través de varios artículos que iremos diseccionando uno por uno. Empezaremos por el de Víctor Vich, llamado Horror Miraflores. Los artículos giran alrededor de las distintas prácticas y políticas que producen (o reproducen) cultura. Las máquinas de la cultura.

Foto de Bruno Sánchez (ajá, Turbopótamos)

El término industria cultural es además propio de una etapa de la historia del capitalismo, asociada justamente al paradigma industrial como forma de producción de bienes. Las industrias culturales, es más, se asocian a la sociedad de masas, al desarrollo del cine, la televisión y las radios. Un mundo previo al desarrollo de las nuevas tecnologías, de la sociedad red (y, permitiendo el juego de palabras, de la sociedad red) y de la experiencia digital (el paradigma informacional, en términos de Manuel Castells). Esta idea de la industria cultural además viene acompañada de una fuerte carga crítica de un mundo dividido entre productores y consumidores de información y entretenimiento. A esto podemos regresar luego.

El artículo de Víctor parte de un supuesto, a mi juicio equivocado: “la ausencia de políticas culturales”, y que esta ausencia se materializa en el abandono del arte por parte de las municipalidades, con el ejemplo más concreto de la obra de Ricardo Wiesse (el pintor, no el cantante de Suda) en la Vía Expresa.

“La improvisación alocada (ese hacer piletas por todos lados) sigue siendo la matriz de la gestión pública peruana y la ignorancia de las autoridades en materia de arte y cultura es un dato constante a lo largo de nuestra historia.” (Víctor Vich, Horror Miraflores)

La ciudad de Lima ha cambiado. Nuevos actores, nuevos habitantes, nuevos limeños con nuevas sensibilidades. Nueva cultura. Esta nueva sociedad política termina siendo el actor privilegiado al momento de gobernar la ciudad, frente a una vieja sociedad civil (con sus demandas de obras de arte, espacios públicos para la promoción cultural, etc.). No quiere decir que la sociedad política pueda tener ese tipo de demandas. Pero, por el momento, este sector de la población (además de ser el mayoritario), impone su estética, sus gustos, sus valores culturales, “chirriantes”, “huachafos”, llenos de “cascadas y fuentes”. Estética Norkis, si quieres.

Otro tema fuerte es el de la actitud de los “promotores de la cultura”. La construcción de estas obras, de los museos y de otros espacios públicos culturales, tiene por lo general una actitud vertical, de privilegio concedido. En el campo de la cultura se van creando las siguientes identidades: los que saben de arte, educación, etc., y los que no.

“Yo recibí un caballo chúcaro, un toro bravo. Lo que no queremos es lidiar con autoridades o lidiar con personas que son díficiles para entender (sic) lo que es el arte“, dijo reciéntemente George Gruenberg sobre la construcción del Museo de Arte Contemporáneo en Barranco. “Nosotros siempre quisimos, desde el año 1955, regalarle a Lima el Museo de Arte Contemporáneo. Y cuando estábamos al borde de conseguirlo, sale este señor alcalde nombrado no sé por quién…”, expresó nuestro primer pincel en vida, Fernando de Szyszlo.

La cultura es un regalo porque los demás no entienden, porque los demás se oponen a ser culturizados.

(El Museo de Arte Contemporáneo es el protagonista casi tácito también de la entrevista de Diego Otero a Jorge Villacorta en ese mismo especial del suplemento del Diario El Comercio, que expresa a través de esta frase “La calle en Lima es un espacio vedado, desaprovechado [para el arte y la cultura]”, un desconocimiento de cómo se aprovechan las calles hoy en día).

Entonces, la cultura termina siendo un campo de conflictos, entre un conjunto de actores en el que intervienen también los gobiernos locales, regionales y el central. Donde las políticas culturales se dan como un resultado de esta multiplicidad de vectores, tensiones, fuerzas, etc.

¿Hay políticas culturales? Sí, pero estas no te van a gustar, Zeñó Manué.

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8 thoughts on “Horror, Cultura

  1. A ver, a ver, a ver… Me parece que estás haciendo que suelen hacer muchos antropólogos bajtiniano-subalternistas: estirar los conceptos para relativizar todo y confundir al público. Y siempre pasa con los conceptos de lo político y la cultura.
    Cuando Víctor habla de ausencia de políticas culturales, entiendo (como posiblemente entiendan otras personas de buena fe) que, salvo excepciones, en general las autoridades de los gobiernos locales no invierten ni impulsan la producción artística en sus territorios, o que no procuran que estas iniciativas perduren en el tiempo. No hay que ser demasiado sagaz para darse cuenta de que así sucede. Por cierto, cabría preguntarse si debería ser de otra manera, pero ese es otro debate.
    Otro punto que tocas, como otras veces, es el lugar de enunciación de los promotores culturales. Te escandalizas de que alguien se asuma como que sí sabe de arte y observe a los que no, pero si eso es lo normal!! Hay gente que sabe sobre X y hay gente no nsabe sobre X. Es obvio que hablarán con mayor conocimiento de causa. Por favor, dejémonos de demagogias. La demagogia es uno de los instrumentos más perversos de quienes se benefician del statu quo para seguir oprimiendo al pueblo.

  2. Gonzalo. No hay mala fe con Víctor, al que le tengo un gran aprecio. Mis objeciones son discutibles tanto como las del propio Víctor.

    El problema está en si en esa crítica sobre los alcaldes en general (que tiene su vínculo con la historia del MAC, la cual he seguido personalmente), no tiene oculto algo más, como una suerte de visión tutelar sobre la cultura, el arte y la educación. Sospecho que sí.

    Entonces, si la idea es hacer una suerte de crítica de las políticas culturales, debemos entender el complejo social sobre el que estas se montan, observar, analizar, poner en cuestión, dudar.

    Lo otro es, a mi gusto, demagogia. Saludos.

  3. ches… ¿qué es un “antropólogo bajtiniano-subalternista”?

    otra: ¿qué son personas de buena/mala fe?

    yo no tengo ninguna fe :S

  4. Si pues, creo que la discusión o el debate es mas complejo de lo que parece. Que si existen o no políticas culturales pues si y no. en algunos casos se han pensado y elaborado propuestas en otros no pero igual hay maneras distintas de entender la cultura, la educación y el arte. en eso no veo mayores problemas. el problema viene, desde mi parecer, en quiénes son los que definen esas politicas culturales tanto a nivel nacional, regional y local. Quiénes son los llamados a pensarla y a ejecutarla, aqui probablemente son los Artistas con mayusculas quienes tienen mayor cabida, aunque ultimamente ni si quiera ellos. De quién es la responsabilidad de pensar en politicas culturales es una cuestion solo institucional? que hay de las multiples formas en que el espacio publico cultural es tomado por diferentes grupos. Ya en muchos distritos del cono norte hay experiencias importantes en donde la gente esta pensando sobre el rol que juega la cultura y no necesariamente a partir de conceptos y teorias que solo algunos entendemos. Creo que el desafio es generar espacios de encuentro y discusion de los temas que se mencioanan pero con la suficiente apertura para escucharnos y construir una propuesta mas incluyente y democratica.

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