Esto del problema del MAC, las políticas culturales alrededor de los museos, etc., tiene varias entradas. Por un lado, la posición del Instituto de Arte Contemporáneo, criticada en este blog. Por otro lado, la posición de los vecinos es clara: quieren su parque de vuelta. La posición del alcalde Mezarina, sin embargo, es poco clara y quizá sea necesario detenernos un rato allí.


Barranco desde el aire (Foto: David Baggings)

Ayer, mientras los vecinos armaban una vigilia frente al parque confraternidad, se organizaba una suerte de reunión pública en el parque municipal de Barranco. Reunión convocada por el alcalde y apoyada por la gente del IAC. La presentación del alcalde fue larguísima y se puede resumir en los siguientes puntos:

1. Su gestión municipal ha heredado un problema generado por alcaldes “poco barranquinos”
2. La municipalidad lucha contra “el poder económico del país” (lo cual fue “ejemplificado” con las historias de vida y familiares de la gente del IAC, lo cual fue además un golpe bajo)
3. La municipalidad no tiene una propuesta para el parque, por lo que deja todo en manos de los vecinos y que ellos decidan en una próxima consulta popular

Cuando hablamos de política cultural, nos referimos justo a esto. Alcaldes que hacen piletas y “angelitos negros”, que para muchos son expresión de huachafería y mal gusto, pero que conectan de un modo u otro mejor con la población que un museo de arte contemporáneo. No vamos aquí a poner una valoración de la calidad artística. Pensamos que la estrategia del alcalde es mover la indignación (legítima, además) de un conjunto histórico y numeroso de vecinos y no tomarse un riesgo político, cualquiera que sea. La política cultural de Barranco se basa por un lado en la negociación con un sector histórico de vecinos y con posibles rentistas en el distrito.

De ese modo, si el alcalde pierde en sus infinitos juicios con el IAC, dirá “hice lo que pude, pero allí está, ellos son los poderosos del país”. Si el sector histórico de vecinos gana en la consulta popular, dirá “yo gobierno con el pueblo barranquino”. En cualquiera de los casos, la política cultural se construye sobre la coyuntura y las distintas correlaciones de fuerza.

Más: El más triste diálogo de sordos (El Comercio)

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