El valor de la cultura digital


Fuente: Crónica en Polvos Azules, Planeta Carlitos

Siguiente comentario al especial de hace una semana y media, publicado por el Diario El Comercio. Esta vez quiero comentar algunas cosas sobre el artículo de Santiago Alfaro (referido al valor y las industrias de la cultura), de Guillermo Cortés (más específico sobre las políticas culturales). Dejo un último comentario sobre el artículo de María Teresa Quiroz (sobre jóvenes e internet) y de Jorge Paredes (sobre Creative Commons).

El texto de Cortés empieza confirmando la existencia de políticas culturales en el estado:

“No podemos negar que el Estado está desarrollando una acción cultural, que se ha concentrado, en los últimos años, esencialmente, en la administración de la precaria institucionalidad cultural pública y del patrimonio histórico-arqueológico, dejando de lado otros ámbitos y sectores de la cultura, o delegando sus responsabilidades al mercado, a la sociedad civil o a otras entidades públicas que no necesariamente tienen funciones en materia cultural.” (Guillermo Cortés, Todo por hacer).

El principal problema que veo (sí, sé que es un artículo de divulgación, pero igual hay ideas clave que son necesarias de discutir), es en esta visión monolítica del estado, que deja de lado que finalmente el mismo estado es un constructo cultural. En definitiva el estado es un todo complejo, heterogéneo, no desligado de múltiples tensiones.

De allí que las propias políticas culturales sean justamente resultado de varios factores, negociaciones, conflictos, consensos. Creo que verlo de ese modo puede llevarnos a entender por qué, por ejemplo, parte de la promoción turística pasa por impulsar a Machu Picchu como nueva maravilla del mundo (mientras el gobierno negocia las piezas de Yale, de una manera polémica), que las promoción de las concesiones turísticas vinculadas a los sitios arqueológicos, las piletas de casteñeda, etc. Las políticas culturales en tiempo heterogéneo.

¿Cómo entran aquí las industrias culturales?  ¿Cómo se vincula la producción de imágenes, sonidos y palabras con ese campo tan lleno de tensiones que son las políticas culturales? Son preguntas que aparecen, pero que no llegan a resolverse. De nuevo, quizá un estudio de caso como los conflictos alrededor del Museo de Arte Contemporáneo (un caso de construcción de un espacio de promoción y producción de bienes culturales, donde se enfrentan artistas, empresarios, vecinos y autoridades locales). El caso del MAC debería discutir también si una ley de mecenazgo (que promueve Santiago) realmente va a permitir la promoción de la cultura en todas sus formas o si va a reproducir lógicas tutelares que existen en la actualidad. Si no existe un contrapeso real de parte del estado (en sus distintas instancias), sino existe una demanda desde la población, es muy seguro que lo que veremos sea esta suerte de actitud del “privilegio concedido”.

El artículo de Santiago parte de una definición de industrias culturales, que creo, debería ser puesto en cuestión. Cito:

“1) utilizan tecnologías para reproducir en serie bienes y servicios orientados a generar y comunicar significados simbólicos a través de imágenes, sonidos y/o palabras; 2) se encuentran protegidas por derechos de autor; y 3) son difundidas por circuitos comerciales masivos.”

Mi discrepancia va con los dos últimos puntos. Hoy por hoy, buena parte de la información que genera y comunica “significados simbólicos” pasa por internet. Se calcula además que hay 7’000,000 de internautas en Perú, lo que representa cerca del 25% de la población total. Es muy posible que ellos sean en su mayoría adolescentes y jóvenes, que acceden a internet mediante cabinas públicas y consumen sobre todo sitios web de redes sociales (según Alexa, el sitio Hi5 es el tercero en acceso para el Perú, con Blogger en el octavo puesto). Hay una gran generación de información, de fotos, videos, música, que viene circulando de una manera distinta al modo masivo.

El mismo desarrollo de microdispositivos para llevar música a cualquier lado (en el celular, smartphone, computadora, accesible desde cualquier cabina), replantea cualquier modelo de negocio dentro de las industrias culturales. Sin hablar aquí de que cada vez más información en internet se licencia fuera del modelo del derecho de autor (como hace justamente la “incubadora de sitios webs peruana”, Inventarte.net,  un modelo entre varios de post-industria cultural). Eso pone en duda también la mentada “lucha contra la piratería” (que hemos discutido antes). ¿Cuánto la gente está ganando con los blogs con servicios tipo Google Adsense, entre otros? ¿Qué es lo que combates exactamente?

La pregunta es aquí, ¿cómo enfrentamos un escenario donde el copyright se disloca y donde la difusión por medios comerciales pierde importancia? ¿cómo repensamos las industrias culturales en un mundo post-sociedad de la información?

Preguntas abiertas para una agenda de investigación urgente.

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7 thoughts on “El valor de la cultura digital

  1. “1) utilizan tecnologías para reproducir en serie bienes y servicios orientados a generar y comunicar significados simbólicos a través de imágenes, sonidos y/o palabras”

    Recuerdo que hace unos años participe en una reunión en la PCM (Presidencia del Consejo de Ministros) en el tema de “industrias culturales” en mi calidad de Jefe del INEI, y del interés de medir la participación de esta industria en la economía.

    El primer problema es que la definición de industria de Naciones Unidas es mas laxa que la citada al comienzo de esta nota, “An industry consists of a group of establishments engaged on the same, or similar, kinds of production activity.” Por ello considero inncesario la presencia de “tecnología” para definir una industria.

    Un segundo elemento, es que considero que las “industrias culturales” pueden medirse de igual manera a la “industria del turismo” usando el Sistema de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas que evoluciona muy lentamente, el actual es de 1993, y el previo de 1968.

    En el caso del turismo, usualmente se fracciones primero las industrias de transporte, hoteles, restaurantes, servicios personales en el componente que atiende a no-residentes, para luego reagruparlo y de este modo calcular el tamaño del turismo en la economía.

    En esa reunión de la PCM, sugerí seguir una aproximación similar para las distintas etapas que necesita tener un producto cultural para llegar al consumidor final, donde ciertamente el primer problema es consensuar una lista exahustiva de productos culturales, para luego identificar que “industrias” participan en su elaboración.

  2. Obviamente, las nuevas tecnologías han dislocado todo el entramado habitual de la producción cultural así como la imprenta replanteó toda la producción de la palabra escrita (solo que en nuestro caso, los cambios se dan casi casi en versión supersónica). por eso entender la propiedad intelectual como hace veinte años es una pérdida absoluta de tiempo.

    Eso sí, me parece que te confundes en tu definición de políticas culturales. Ese es un término tradicionalmente unido al gobierno central. Teóricamente el gobierno diseña y aplica su política cultural vía el INC, el MINEDU y algunos organismos con presupuesto “ad hoc” para el tema (como el caso del BCR. Hablar de polítcas culturales en gobiernos regionales y locales es relativo porque la gran mayoría no tiene subgerencias o departamentos especializados en asuntos culturales. Y cuando los hay, suelen tener muy poco presupuesto. Es decir, para terminar este choclazo, que fuera del Estado lo que tenemos no son políticas culturales de otros espacios de gobierno sino iniciativas personales -a veces caprichosas- de las autoridades vigentes. Por triste que suene.

  3. Javier: Las políticas culturales son de los gobiernos, pero estas son resultados de varias tensiones. Pon un ejemplo cualquiera, de alguna política cultural y excavando verás cómo esta es el resultado de tiras y aflojes constantes.

    De eso hablé un poco más en el post comentando el artículo de Vich:

    http://www.elmorsa.com/2008/06/10/horror-cultura/

    “La ciudad de Lima ha cambiado. Nuevos actores, nuevos habitantes, nuevos limeños con nuevas sensibilidades. Nueva cultura. Esta nueva sociedad política termina siendo el actor privilegiado al momento de gobernar la ciudad, frente a una vieja sociedad civil (con sus demandas de obras de arte, espacios públicos para la promoción cultural, etc.). No quiere decir que la sociedad política pueda tener ese tipo de demandas. Pero, por el momento, este sector de la población (además de ser el mayoritario), impone su estética, sus gustos, sus valores culturales, “chirriantes”, “huachafos”, llenos de “cascadas y fuentes”. Estética Norkis, si quieres.

    Entonces, la cultura termina siendo un campo de conflictos, entre un conjunto de actores en el que intervienen también los gobiernos locales, regionales y el central. Donde las políticas culturales se dan como un resultado de esta multiplicidad de vectores, tensiones, fuerzas, etc.

    ¿Hay políticas culturales? Sí, pero estas no te van a gustar, Zeñó Manué.”

  4. A ver, estamos hablando de políticas culturales, esto es, de diseños de proyecto a mediano y largo plazo o, para ser más sencillos, de hacerse un plan con objetivos. Te repito que eso no hay en instancias inferiores al gobierno central. Lo que abunda es “este año, le hago el favor al Padre Fortunato y le pinto la fachada de la iglesia” ¿Eso es política cultural? Con comillas, quizá.

    Por otro lado, tu pones lo cultural como un espacio de tensiones y conflictos. Das por sentado que la autoridad participa en algún tipo de debate de distintas fuerzas y no sé, no lo veo así. Más bien, las autoridades -sobre todo en materia cultural- caminan solas. Castañeda hace su kitsch de piletas no porque crea que eso es cultura o porque un entorno se lo sugiere: El mudo hace su juguete luminoso que encandila a los ciudadanos para mantener su caudal electoral. Y sin auditoría ni control. Y la gente no ve las piletas como cultura: Es un circo bonito y va a él con sus palomitas.

    Entonces ¿Lo que hay es que la sociedad civil ha cambiado su concepto de cultura por otra? Yo creo que ha dejado marchitar el concepto convencional de cultura y la gente prefiere ver ocio, divertirse o participar en experiencias “inéditas” como la de pasearse entre los chorritos que suben y bajan.

  5. El concepto de industrias culturales fue acuñado en la Escuela de Frankfurt por T. Adorno quienes veían un peligro la industrialización de la cultura, es decir , tomar la creación como un negocio más, en el cual la calidad de la creación artística iba a desaparecer ( a la epoca y en el contexto occidental del viejo mundo se ).
    En ese sentido las industrias culturales ( y las industrias en general de todo tipo) en el Perú tuvieron una débil presencia hasta mediados de la década del cincuenta del siglo XX
    (más que nada representadas en editorales) pero nunca tuvimos una industria de la cultura, ni siquiera pasamos por ese proceso a comparación de otros países del mismo continente. Por lo que el disloque legislativo del copyright entre industria cultural ( como apunta Javier y Era digital en nuestro país, es comprensible pues considero que nosotros casi no hemos tenido industrias culturales sobre la cual discutir.
    Ahora sobre las políticas culturales tanto Javier como Roberto apuntan bien que son de los gobiernos al estar dentro de las políticas públicas y que éstas se ejercen a niveles inferiores del gobierno central. Para el economista Samir Amin una de las razones del “sub desarrollo” es la mala relación entre cultura y Estado y en consecuencia deficientes políticas culturales las que no solo se remiten a la producción artística sino a la educación , producción científica, promoción de una identidad cultural a través de las lenguas nacionales etc.
    saludos

  6. Roberto,

    Tu crítica sobre la definición de políticas culturales es pertinente, porque parece que el autor no ha leído nada sobre el tema en los últimos 15 años. Pero también pienso que la interpretación que das a derechos de autor está sesgada hacia los derechos patrimoniales, que son parte de los derechos de autor, pero ignora los derechos morales. Un autor, dentro de una industria cultural, puede ejercer sus derechos morales sin por ello esperar el nivel de control sobre los beneficios que es habitual en los grandes conglomerados mediáticos.

    Ciertamente: los grandes conglomerados mediáticos globales son agentes importantes en la creación de contenidos digitales. Aquí corresponde la distinción entre “lo nuevo y lo viejo” que planteaba Lessig el 2001. El surgimiento de nuevos agentes en las industrias culturales, así como la capacidad disruptiva de los nuevos medios, nos plantea escenarios nuevos. Visiones tan estrechas sobre qué es una industria cultural no ayudan en nada.

  7. Es exacto lo que apunta Eduardo. He percibido que cuando se habla de industrias culturales , por ejemplo en los artículos que comentas de manera pertinente, se habla como si aún estuviéramos en la Era industrial o enla época de transición (es decir a finales de los 90 del soglo XX) En dichos artículos se presiente la llegada de Internet y la creación de contenidos digitales aún tuvieran un halo de “tabú” oficial.
    Por otro lado el autor tiene derechos morales en los cuales ampararse para ceder si lo desea, su creación al dominio público.
    El ejercicio de este derecho moral es visto en nuestro medio como algo inusual, algo casi ilegal o algo que no pertenece a nuestro contexto peruano y que sí es bien visto si se da “afuera”.

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