Como para sumar una raya más al tigre, Castañeda anuló el desfile escolar “cívico patriótico” del día de hoy, entre otras cosas porque puede afectar el tráfico limeño (sic).

No es que esté a favor de los desfiles escolares. Me parece que imponen una lógica militarizada de la sociedad, que son nocivos. Y remito a un texto de Carlos Castillo Ríos, publicado allá a inicios de los ochenta en la revista “El Cabezón” de Los Reyes Rojos, “La Farsa de los desfiles escolares”. Copio algunos párrafos:

Eran chiquillos [los niños que marchaban] de forzados rostros severos, adustos y casi fieros. Todos, sin saberlo, hacían visibles esfuerzos para lo peor. Tronco enhiesto, apretados los dientes, las manos tensas y las cejas fruncidas, la “tropa” trataba de llevar el compás a duras penas: cuanto más grotesco gesto y más violenta la patada -con rodilla innoble- la gente aplaudía con mayor entusiasmo. Curiosamente, en las inmediaciones se oía hablar de patriotismo y espíritu cívico. Un oficial del ejército, a mi lado, sonreía. Es “el paso de ganso”, me explicó, orgulloso. No entiendo, hasta ahora, quién autoriza estos espectáculos ridículos, estos desfiles de juguete. […]

Antes, en mis tiempos, sólo imitábamos a las hordas hitlerianas. Ahora el carnaval bélico involucra también a las mujeres. Niñas lindas de ojos inmensos hacían lo indecible por endurecer su rostro y dotar a su mirada un odio que no pueden sentir a tan temprana edad. También ellas iba a paso de ganso con el agravante de llevar, algunas, las “brigadieras”, polacas visiblemente ajenas y adornadas con galones de papel dorado y ridículos escarpines de cartón.

Y nuevamente surgen las preguntas que no hallan respuesta lógica: ¿Por qué tanta farsa y mentira, tanta disciplina ciega, tanto autoritarismo, tamaño carnaval a nombre de la patria, la bandera y los demás símbolos nacionales? ¿Qué escondido Proyecto Nacional se esconde en estas, al parecer, inocentes expresiones de corte militar? (La farsa de los desfiles escolares)

Con esto, comparto la crítica a los desfiles escolares, pero al mismo tiempo entiendo como Castillo Ríos que son pocos los espacios que los niños tienen para ser aplaudidos por la sociedad. Es su momento de protagonismo (quizá el único que tengan muchos en toda su vida), y por ello se esfuerzan, sacan lustre a sus botas, se organizan, viajan desde el interior del país a la capital.

Me indigna demasiado que Castañeda termine matando la ilusión de los escolares que iban a marchar en la avenida de la Peruanidad (Campo de Marte, al costado de la FAP), recién cuando ellos ya estaban preparados a marchar. Y encima, para meterle algo de sazón al asunto, cuando el Generalísimo Donayre iba a marchar por el mismo lugar (en un homenaje a la Fuerza Aérea), a la misma hora.

Los árboles, las playas, San Marcos.

¿Acaso hay algo que Castañeda quiera?

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