Siguiendo con lo escrito ayer, tres posiciones distintas sobre el transporte público interprovincial.
La primera, equivocada, cree que el problema es cultural, que todo se reduce a la idiosincracia de los choferes (mujeriegos, borrachos). Claro, tenía que ser Alditus (que, oh sorpresa, ha convertido, ahora sí, su columna en un blog en el sentido estricto de la palabra… así que me imagino que vendrá luego el libro):
Le reclamo a un amigo que ha trabajado por años en una empresa de buses interprovinciales sobre estos accidentes y me responde: Ya, es cierto que existen abusivos que hacen conducir a choferes sin descanso, pero también éstos son bien difíciles, como es la gente acá en general. Llegan a una ciudad y en lugar de irse a reposar en el cuarto asignado, se van a buscar mujeres, a emborracharse. Y así agarran el timón al día siguiente. Son muy irresponsables, como los futbolistas. Tienen a la mujer oficial en Lima y a sus ‘sucursales’ en cada provincia para juerguearse. ¿Eso cómo lo controlas? Tendrías que tener cuartos con barrotes en cada ciudad. (Del blog de alditus).
Claro, el problema del fútbol peruano la tienen los futbolistas (y no los dirigentes, la falta de torneos amateurs, una política inclusiva con respecto al deporte, etc.). De igual modo, los choferes tienen la culpa de que todo sea como es. Ajá.
Otro punto de vista, más integral viene de Santiago Pedraglio, en su columna de hoy de Perú21 (otra cosa ahora que hay rss para columnistas):
Hacer que el transporte público interprovincial sea más seguro exige el compromiso de sectores que deben vincularse ante una situación que no se puede calificar sino como emergencia: el gubernamental, que compromete sobre todo a Transportes, Interior y Trabajo, y a la administración de justicia; el empresarial; el de los trabajadores transportistas y el de los usuarios. La responsabilidad central recae en los ámbitos gubernamentales y en los empresarios del ramo, pero a todos les cabe una cuota que deben asumir. Urge la mejora de la infraestructura y de las condiciones de control y fiscalización. Es inaudito, por ejemplo, que en Lima existan cerca de 250 terminales terrestres, según informa Lino de la Barrera, asesor de la ministra de Transportes. (Transporte de pasajeros: emergencia a la vista).
Termino con la visión mordaz de Carlín sobre Tolerancia Cero. ¿Dónde están los supervisores? ¿No deberían estar dentro del bus? ¿No sería una medida interesante?
¿Alguien duda de la ineptitud de la Ministra Zavala para enfrentar el problema?
Más: Tolerancia al acero (elmorsa.com)
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