La Universidad Nacional de Ingeniería, desde el aire (Google Earth)

Primero lo de San Marcos y luego la UNI. La Municipalidad de Lima no respeta a las dos universidades públicas más importantes de la capital. Mientras en otras ciudades, la Universidad tiene un peso enorme en la vida política, social y cultural de la Ciudad (es más, la Universidad tiene que ver mucho con la historia de la Ciudad moderna, y podríamos decir inclusive que son historias además indesligables, que la formación de la ciudad moderna tiene que ver bastante con el desarrollo de las ciudades universitarias, con su historia cultural y material), en el Perú esta tiene un papel más bien marginal.

Por un lado, tenemos universidades privadas cerradas (y allí el abanico va desde la Universidad San Martín de Porres a la Universidad Católica), que a pesar de contar con ciertos beneficios tributarios (supuestamente, al brindar un servicio a la comunidad, sin fines de lucro), se plantea muy bien a quiénes dejar entrar y no.

Por otro lado, tenemos a la Universidad Pública (no Universidad para los pobres, sino la Universidad, idealmente hablando, de todos), desprestigiada, sin recursos, sin presupuesto. La educación superior pública termina siendo una suerte de privilegio concedido, y no un derecho.

Así, claro, a recortarles el terreno, qué se han creído ellos, si esto es por el bien de la ciudad. Nada de ir pensando cómo se articula dicho espacio social y cultural con el resto de la urbe, cómo funciona todo. Para la Municipalidad (y en general para el país) la Universidad Pública no es funcional, sino es más bien una suerte de buffer zone, donde los que no pueden acceder al sistema privado puedan acceder a algún título.

(Además, el sistema público  de educación superior tiene otros filtros que niegan la posibilidad que sea un espacio para la ciudadanía en general. Stanislao Maldonado lo graficó hace poco en su blog. Para él, en la práctica se trataría de un subsidio. Ciertamente, si se ve la punta del iceberg, no se ve el todo, y creo que ese análisis más sistémico le falta a Maldonado).

El modelo de Castañeda (explorado también por Claudia Bielich en la revista Nociones), apunta a una ciudad de tránsito, de la casa al trabajo, sin espacios públicos, sin universidades funcionales a la ciudad y sus habitantes. Lo peor es que todos le aplaudimos.

Más:
– Laslo Rojas desde el lado de los vecinos
– Polietileno abre otras preguntas sobre la ciudad y sus habitantes

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