-¿Su nombre? -dijo el coche de policía con un susurro metálico.
Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres.
-Leonard Mead -dijo.
-¡Más alto!
-¡Leonard Mead!
-¿Ocupación o profesión?
-Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
-Sin profesión -dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja.
-Sí, puede ser así -dijo.
No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
-Sin profesión -dijo la voz de fonógrafo, siseando-. ¿Qué estaba haciendo afuera?
-Caminando-dijo Leonard Mead.
-¡Caminando!
-Sólo caminando -dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara.
-¿Caminando, sólo caminando, caminando?
-Sí, señor.
-¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?

Ray Bradbury, El peatón

Los ves en cada distrito. Cámaras de seguridad filmándolo todo y carteles de las municipalidades que te dicen “Siéntete seguro, te estamos vigilando”. Lo peor es que buscas y buscas la camarita en cuestión y no la encuentras. Es el sueño de Bentham: cámaras por todos lados sin saber dónde están. (Lo otro es también el miedo a ser escuchado y grabado, con X fines. Lo vimos en la época de Fujimori, y ya con el desbande en los sucesivos servicios de inteligencia y sus respectivos equipos, lo vemos ahora: Más allá de la razonable denuncia de corrupción entre Químper y León, alguien del gobierno debería decir algo sobre la intercepción telefónica).

Al final, nadie dice nada. La efectividad de la vigilancia es justamente que se sepa escondida, que no pueda ser burlada.

Lo más interesante (y fuerte) es la constatación de que le vigilado acepta tácitamente la propuesta: Renunciar un poco a la libertad a cambio de la seguridad de la camarita en cuestión. Revela además un modelo de ciudad sin ciudadanos (es decir, con libertades recortadas), y más bien una de personas en constante tránsito y movimiento, donde cualquiera que se detenga es un sospechoso en potencia.

¿Qué hacer?

Quizá comenzar a reclamar a las autoridades el derecho a saber dónde están las cámaras, a visibilizarlas, de marcarlas. ¿Quién vigila a los vigilantes y que no se pasen de la raya?

Más:
Campaña Freedom not Fear (Invazores.C)
Observing Surveillance (Vigilando la vigilancia)
Seguridad ciudadana (La columna de Tobi)
Siéntase seguro (El blog de Kinua)

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