Financiando la cultura


Biblioteca Nacional del Perú. Casi pasa por una crisis, debido a la falta de presupuesto (fuente: BNP)

Santiago Alfaro publica en el blog Maniobras.org un post sobre el financiamiento de la cultura (en el Perú). Es un panorama general sobre el financiamiento, y vale la pena comentarlo. Veamos:

1. Los altos costos del cine y la industria fonográfica. Son los dos primeros ejemplos de Santiago: “Por ejemplo, en el cine una de ellas es el alto costo de producción y distribución que demanda cada película. En la fonografía independiente, y otras industrias productores de bienes, es la reducida recuperación de la inversión debida a la piratería.” Para empezar, los costos de producción del cine se han reducido enormemente en los últimos años debido al desarrollo de las nuevas tecnologías. (CONACINE, para seguir el ejemplo, no financia proyectos de cine cuyo fin será la distribución digital). Con respecto a la industria fonográfica, creo que hay todavía demasiado mito alrededor del impacto negativo de la piratería sobre la música. En todo caso, no existen cifras reales sobre ese impacto y quizá repetir el discurso oficial (el de las disqueras) no contribuya al debate del financimiento de la cultura. Más bien, debería ser importante explorar el universo de los bienes culturales que circulan en las redes (internet, redes de telefonía móvil) para ver qué se mueve por allí, cuánto de inversión (equipos, etc.), cuánto se recupera. En Estados Unidos, por ejemplo, se sabe que la mitad de los ingresos de la industria musical proviene de la venta de bienes a las redes de telefonía móvil.

2. Gastos privados. Si la industria “pierde” y si el estado no invierte lo suficiente, ¿cómo entonces “financiar” la cultura?  Santiago allí lanza dos propuestas, que ya las he leído en alguna otra parte. La primera es la promoción de una Ley de Mecenazgo. Es decir, incentivar, a través de beneficios fiscales, al sector privado que invierta en “cultura”. (Ojo, como cualquiera puede darse cuenta, aquí cultura para Santiago es básicamente arte y expresiones artísticas. Como en los debates en curso sobre políticas culturales, la investigación científica y el desarrollo tecnológico quedan excluidos de “la cultura”. Cuidado con esas confusiones).

La idea de una “ley de mecenazgo” choca con dos realidades, no señaladas en el post de Santiago. Una, que no vivimos un “auge económico” y que más bien estamos viviendo una inminente crisis donde el sector privado se va a retraer y ya algunos analistas están llamando al estado para que intervenga y mueva la economía. Lo otro tiene que ve con las lógicas del sector privado con respecto a la cultura. Sí, Santiago habla de regular y de tener “criterios claros”.

Sería interesante saber cuáles serían o en qué medida serían distintos a los criterios existentes en la actualidad. En la práctica, más allá de los beneficios tributarios o no, existen muchas iniciativas privadas de inversión en cultura, donde se reproducen lógicas patrimoniales y tutelares sobre cultura, que redundan, sobre todo, en el coleccionismo (una práctica cultural que se mueve entre lo legal y lo ilegal y está casi naturalizada). El caso del Museo de Arte Contemporáneo es el más ilustrativo y me gustaría imaginarlo en un contexto de beneficio tributario. Si la crítica no se centra en la reglamentación actual, quizá lo que tengamos como resultado con este tipo de iniciativas legales es la expansión de estas prácticas.

3. Gastos públicos. La segunda propuesta de Santiago es sobre la centralización del gasto en cultura. En vez de crear fondos sectoriales (como CONACINE, ad infinitum), un solo fondo centralizado a lo Arts Council de Inglaterra. (El fondo del Arts Council proviene del gobierno británico y de la lotería nacional). Aquí se está enfocando solamente en la promoción de las artes y no en el aspecto más amplio de las políticas culturales.

Intermedio:

En una carta publicada hoy por La República, Hugo Neira, director de la Biblioteca Nacional, afirmó que son tres los brazos de las políticas culturales en el país: El Instituto Nacional de Cultura, el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional. No hay en el post de Santiago mención a cuestiones de financiamiento de patrimonio histórico y eso por el enfoque de cultura=artes. Cabe señalar aquí que la carta de Neyra confirma algo que ya habíamos alertado sobre el carácter excluyente del Congreso Nacional de Políticas Culturales:

“…hoy se trata el tema de “Lectura, libro e industria editorial”. Paso por el desagrado de tener que informar a la opinión pública que el INC no invita a la Biblioteca Nacional. ¿No tenemos nada que decir? ¿Cuando con la ayuda de la banca, publicamos millares de libros útiles y bellos? Es curioso, porque se me llama por el tema de industria cultural en Chile y Caracas y no aquí, a cien metros. Yo creía, ingenuo de mí, que la política cultural del Estado reposa en tres instituciones: el INC, la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación.” (Políticas culturales, carta de Hugo Neira a La República, 4 de diciembre).

(A los tres organismos señalados por Neira yo añadiría CONCYTEC).

Ya lo habíamos señalado. Las mesas fueron armadas desde hace meses con los grupos ad hoc establecidos en el INC, con personas sin representatividad institucional (además, según he escuchado, esa habría sido la consigna). El grupo de la mesa “Lectura, libro e industria editorial”, está moderado por Javier Arévalo, y lo conforman además Adriana Doig, Javier Bernaola, Juan Miguel Marthins, Virginia Vílchez, Dante Antonioli, Luis Rivas, María del Carmen del Águila y Willy del Pozo. Todas personas con experiencia en actividades relacionadas con la promoción de la lectura y bibliotecas populares, pero, como señalamos, sin mayor referente a alguna institución del sector privado o público.

Fin del Intermedio y cierre:

Es decir, no solamente un tema de gasto público centralizado, sino también una falta de claridad actual, con respecto a las políticas culturales. ¿Con qué instituciones contamos? ¿Cuál es el norte? ¿Cómo se centraliza el gasto o estamos hablando de centralizarlo solamente en el INC lo que compete a artes? ¿Cómo queda el financiamiento del resto de políticas culturales? ¿Inversión en cultura de manera articulada con los distintos órganos correspondientes del estado? ¿Cuáles?

En fin, creo que el tema da para mucho.

Y lástima lo que señala Neyra. Pero eso se veía venir. No es una buena señal para nada si estamos hablando de un posible Ministerio de Cultura.

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5 thoughts on “Financiando la cultura

  1. Post interesante (pero no digo nada nuevo). Hay varios aspectos de tu crítica a Alfaro que no me convencen (los costos de la producción de cine han bajado, pero el transfer a positivos, copiado y distribución siguen tan caros sino más; la piratería o el consumo irregular es elevadísima y crea barreras de acceso). Pero me gusta más tu enfoque que el de Alfaro, que me da una impresión de una entrada mucho más convencional, donde no se habla de la dimensión regional ni tampoco de los artistas emergentes vs. los consolidados. La inclusión de C&T me parece algo forzada, pero la cuestión del patrimonio histórico es crítica y el descuido actual me parece mucho más serio que la falta de promoción de las bellas artes. Voy a tratar de armar estas ideas en algo que además considere lo digital.

  2. Recurrir a mecenas (de intereses económicos y propagandísticos muy reales) o al Estado (de intereses políticos) a través de juntas de “notables” (de intereses personales y fobias inevitables), es el peor camino para financiar la cultura en esta época. Una prueba de ello es la siempre polémica entrega de nuestro dinero por nada y sin ninguna obligación de devolución por parte del beneficiario, a través del Conacine.

    El camino menos “imperfecto” es el de un fondo revolvente que a la vez que permite a la obra peruana “existir” en un mercado dominado por transnacionales, también evita la ingerencia del Estado o del donante sobre los contenidos, pues funciona como un préstamo flat y se costea a través del gasto del público cuando ya está realizada la obra.

  3. Creo que estás subvalorando la importancia económica del gasto del público en el financiamiento de la cultura (lo natural en cualquier parte) sólo para minimizar el impacto de la piratería en este asunto, cuya defensa es una especie de dogma de fe en este blog.

    Obviamente nunca se van a encontrar cifras “reales” como pídes (tampoco del narcotráfico ni la pornografía infantil ni de ningún delito que no se toma la molestia de facturar); pero sí existen cifras de aduanas de importaciones de más de 140 millones de discos ópticos al año para un consumo “formal” de sólo 24 millones. Asumamos, sólo para darte la contra, que los 116 millones restantes no se usaron para decorar paredes sino que se vendieron con algo grabado, y si además sabemos que 20 millones de estos fueron DVD-R, ¿no es fácil concluir que el gasto del público (sino real altamente probable) en ver piratería es de 20 millones por 3 soles (promedio: hay quienes pagan 5 y hay quienes pagan 2), es decir, de 60 millones al año?

    ¿Qué tiene que ver esto con el tema? Bastante en realidad. El mercado del video calca las preferencias del público del de cine. Si, tomando las cifras de Tamayo, un 3.6% de los espectadores vieron 3 películas peruanas en el 2007 (un pésimo año de paso), al menos 2.16 millones de soles podían obtenerse del público a través del canal del video. Esto es casi 4 veces lo obtenido en taquillas por estas 3 películas y cubriría presupuestos hoy a pérdida.

    P.S.- Es normal que una película cuadruplice o más sus ingresos de taquilla al pasar a video, como es normal que la mayoría de películas que vemos, las veamos en casa y no en las salas. La única diferencia en el Perú es que lo que vemos en casa no queremos pagarlo a punto que ya ni siquiera se edita un dvd original de película peruana.

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