ABCD, Fotomontaje de Raoul Hausmann (Fuente: rad\BLOG)

Luis Aguirre me dejó una pregunta en el post anterior, a raíz del copy and paste que realizó América Noticias con un reportaje hecho por Burneo en Miami:

“¿En que casos no hay lugar a reclamo? Lo pregunto porque hace unas semanas dejaste el siguiente comment en mi blog: “Todo en la cultura es permanente remix o reciclaje. Solo que ahora el remix casi no tiene límites. El problema ético, en todo caso, es irrelevante al remix mismo. ¿No son acaso tus posts una serie de remixes, de cut and paste, de retazos de ideas “embebidas”, algunas tuyas, otras digitales?”.”

¿Cuál es el límite? ¿Por qué un remix, una suma de retazos de información producidos por otros puede producir en algunos casos una censura (en el sentido social) y en otros una felicitación? No lo sé. Imagino una obra cualquiera tediosa, pero que gracias a un editor nazi termine siendo un producto maravilloso. O un compositor que mejore alguna partitura de sus contemporáneos. Un caso extremo podría ser la Paul’s Boutique de los Beastie Boys y sus 105 samples o el Grey Album de Danger Mouse.

En algunos casos la referencia al original es tan obvia (es decir, que no necesita señalar la fuente) que se le puede llamar homenaje. Caso contrario, si la referencia no queda clara, si la nueva obra no te lleva a algún lado, entrará la sospecha de jugada sucia, del plagio, de la flojera profesional por no consignar la fuente. Diferente el caso del siguiente video (visto primero en Mundo Chanfainita).

(Toda la información de los artistas mashupeados en la versión directa en Youtube)

(Fue un juicio, Grand Upright Music contra la Warner Bros., la que terminó marcando parte del futuro de la música, impidiendo el uso de samples con copyright. Lo de Napster versus la Industria Musical también fue otro golpe fuerte, posiblemente el mayor error de la Industria).

Estamos en la sociedad del remix, sin dudas. O de la recombinación (in-)finita. Momento justo de hilar más fino.

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