Trabajadores del Seattle Post-Intelligencer, antes que el diario se imprima solamente en internet. (Fuente: Daylife Publishers)

Pareciera que las crisis de los diarios impresos son cíclicas. Leyendo De Gutenberg a Internet, encuentro las siguientes citas, a raíz de la aparición de la radio, de Lord George Riddell, legendario propietario del News of the World:

¿Qué efecto tendrá la radio en la vida? (De paso, no me gusta el término “sin hilo” [wireless]; ¿por qué describir algo con una negación) ¿Es probable que la gente lea menos? ¿Hablará menos? ¿Estará mejor o peor informada? ¿Irá menos al teatro o a los conciertos? ¿Estarán los habitantes de distritos rurales más satisfechos o menos? ¿Quién lo sabe? (Lord Riddell, De Gutenberg a Internet, Briggs y Burke, 2006: 242)

Señala el libro de Briggs y Burke, que

“…el auge de la radio y luego de la televisión había conducido a un descenso de la publicidad en periódicos del 45 por ciento en 1935 al 23 por ciento en 1995, pero la combinación del total de la cuota de anuncios en periódicos y televisión era más o menos constante: 46 contra 45 por ciento en las fechas que se acaba de mencionar” (ibid: 241).

En tiempos más contemporáneos, por decirlo de alguna forma, Gustavo Gorriti reflexiona sobre la crisis actual de la prensa “física” y, sobre todo, del periodismo de investigación:

Hay muchos comentaristas y analistas, por supuesto, que sostienen que no estamos pasando por una catástrofe sino por una revolución progresista. Que por cada periódico o revista que cierra surgen miles de sitios web, decenas de miles de blogs, millones de twits y billones de chateos. Estamos cambiando de vehículo, sostienen, pasando de la carroza al jet. Y si todos estos nombres venerables se abaten, surgen nuevos y poderosos, como Google, la nave insignia de internet. […]

En su expresión mejor, las salas de redacción han sido (todavía son, pese a todo), la mejor organización jamás creada para reportar, verificar, analizar, complementar, editar y publicar la información relevante para la sociedad que sirve. Como dijo un participante en la conferencia: “Yo jamás vi un corresponsal de Google en Teherán”. Y claro que no. Se trata de “agregadores” automáticos de noticias, que parasitan lucrativamente la información recogida por los reporteros para las salas de redacción en que trabajan. ¿Qué pasará cuando, siguiendo la metáfora jurásica, se extingan las salas de redacción? ¿De dónde emergerán las informaciones para los “agregadores”? ¿De lo que se llama ahora “crowd sourcing” (la masa como fuente)? Eso puede ser un añadido, no una alternativa. (Steve Jobs y el periodismo de investigación, Gustavo Gorriti)

De hecho, aquí ha habido un doble factor. Primero, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación que ha desplazado a los diarios, al formato impreso, y segundo, la aparición del prosumer (en gran medida, como una forma de los medios masivos y de las nuevas empresas como Google para salvar el negocio en medio de una recesión que ya lleva casi una década). Dos factores entrelazados y dependientes. Una crisis que llevó a la promoción de un negocio que terminó matando una industria, durante la prolongación de la crisis. Como dicen, parte del desarrollo de las fuerzas productivas que entran en contradicción con las relaciones sociales de producción, basado en el informacionalismo como paradigma:

“un paradigma tecnológico que se basa en el aumento de la capacidad humana de procesamiento de la información en torno a las revoluciones parejas en microelectrónica e ingeniería genética” (Informacionalismo y sociedad red, Manuel Castells, Epílogo a La Ética Hacker…)

También:

The Newspaper Death Watchmen (utero.pe)
Morituri te salutant (Paper papers)
Con los diarios en crisis, las agencias de noticias podrán vivir sin ellos (The Economist)
El papel de los medios en la crisis (Dan Gillmor)
Pinche el banner, salve un periodista (Pablo Mancini, Amphibia)

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