Hobsbawm golpea. Ojo, no dice que el capitalismo va a desaparecer, sino que la cosa es más seria de la que parece. Copio un par de párrafos de su texto El socialismo se equivocó, el capitalismo ha quebrado. ¿Qué viene después? (que se puede leer también en su versión original, en inglés):

“Hemos vivido dos intentos prácticos de realizar ambos sistemas en su forma pura: por una parte, las economías de planificación estatal, centralizadas, de tipo soviético; por otra, la economía capitalista de libre mercado exenta de toda restricción y control. Las primeras se vinieron abajo en la década de los 80, y con ellas los sistemas políticos comunistas europeos; la segunda se está descomponiendo ante nuestros ojos en la mayor crisis del capitalismo global desde la década de 1930. En algunos aspectos es una crisis de mayor envergadura que aquélla, en la medida en que la globalización de la economía no estaba entonces tan desarrollada como hoy y la crisis no afectó a la economía planificada de la Unión Soviética. Todavía no conocemos la gravedad y la duración de la actual crisis, pero sin duda va a marcar el final de la clase de capitalismo de libre mercado que se impuso en el mundo y sus gobiernos en una época que dio inicio con Margaret Thatcher y Ronald Reagan. […]

La prueba de una política progresista no es privada sino pública, no sólo importa el aumento del ingreso y del consumo de los particulares sino la ampliación de las oportunidades y, como las llama Amartya Sen, las capabilities –capacidades– de todos por medio de la acción colectiva. Pero esto significa –o debería significar– iniciativa pública no basada en la búsqueda de beneficio, siquiera fuera para redistribuir la acumulación privada. Decisiones públicas dirigidas a conseguir mejoras sociales colectivas con las que todos saldrían ganando. Esta es la base de una política progresista, no la maximización del crecimiento económico y el ingreso personal.

En ningún ámbito será esto más importante que en la lucha contra el mayor problema a que nos enfrentamos en el presente siglo: la crisis del medio ambiente. Sea cual sea el logotipo ideológico que adoptemos, significará un desplazamiento de gran alcance, del mercado libre a la acción pública, un cambio mayor que propuesto por el gobierno británico.” (¿Qué viene después?, Eric Hobsbawm)

La lectura de Wallerstein, quien venía anunciando esta crisis desde mediados de los noventas (y que en realidad plantea que se trata de una sola recesión que viene desde la segunda mitad de dicha década) es algo más desoladora:

Entonces los regímenes comienzan a apaciguar a sus poblaciones. ¿Cómo? Primero que nada mediante el proteccionismo. Todo el mundo ha comenzado a quejarse del proteccionismo de los otros países. Pero los quejosos lo practican también. Y le sacarán mucho más provecho. Todos los economistas neoliberales nos dicen que el proteccionismo empeora la situación económica general. Tal vez eso sea cierto, pero es bastante irrelevante en lo político cuando hay gente en las calles que quiere empleos ¡ahora!

La segunda forma en que los gobiernos apaciguan cuando hay desasosiego es mediante las medidas de bienestar socialdemócrata. Pero para emprenderlas los gobiernos necesitan dinero. Y los gobiernos obtienen dinero de los impuestos. Todos los economistas neoliberales nos dicen que subir impuestos (de cualquier tipo) durante un descalabro económico torna la situación económico general aún más difícil. Eso puede ser cierto, pero en el corto plazo también eso es irrelevante. La cosa es que en un descalabro, la recepción de impuestos cae. Los gobiernos no pueden lidiar ni siquiera con los gastos actuales, ya no digamos con el pago de gastos mayores. Así que impondrán impuestos de un modo o de otro.

Finalmente, el tercer modo de apaciguar es mediante una saludable dosis de populismo. La brecha real de ingresos entre uno por ciento superior y 20 por ciento inferior dentro de los países y a escala mundial ha crecido enormemente en los últimos 30 años. La brecha se reducirá ahora a la más normal que existía en 1970, que sigue siendo muy grande, pero de algún modo menos escandalosa. Como tal, tenemos gobiernos que hablan ahora de un tope al ingreso para los banqueros, como sucede en Estados Unidos y Francia. O se puede procesar a la gente por corrupción, como en China.

[…]

¿Cuánto tiempo durará el sombrío panorama? Nadie lo sabe ni puede estar seguro, pero probablemente un buen número de años. Entretanto, los gobiernos enfrentan periodos electorales, y los votantes no serán afables con los gobernantes. El proteccionismo y los programas de bienestar socialdemócrata le sirven a los gobiernos del mismo modo que un sótano sirve durante un tornado. La cuasi nacionalización de los bancos es otro modo de refugiarse en los sótanos. (La política del desastre económico, Immanuel Wallerstein)

En estos momentos, el país vive tiempo prestado, tratando de mantener a flote la economía mediante políticas de casi-subsidios, moviendo el mercado de la construcción. La anterior bonanza económica guardó muchas similitudes con nuestra anterior era del guano, solo que esta vez se tomaron ciertas medidas correctas. Lamentablemente la discusión sobre la actual crisis está demasiado ideologizada, demasiadas culpas, demasiados intereses.

También:

Giddens: La implosión climática es el fin del fin de la historia (elmorsa.com)

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