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El tema de la semana (que apareció justo cuando terminaba el anterior viernes digital) ha sido la sentencia en Suecia a la gente de The Pirate Bay. La primera consecuencia fue el aumento del tráfico de visitas a TPB. Lo último que apareció, y que parece se va a tirar todo el juicio abajo, era que el juez pertenece a la Asociación Sueca por los Derechos del Autor y la Asociación Sueca por la Protección Legal Industrial.

Seguir el tema es bastante importante y pertinente, porque en primer lugar habla sobre las complicadas relaciones de las industrias del entretenimiento y los consumidores culturales. Complicadas, porque, superficialmente hablando, es como si las corporaciones no supieran leer lo que viene pasando con las nuevas tecnologías (algo que sí parece leer y entender mejor Kate Pierson de B52, en reciente entrevista con Luis Carlos Burneo en Spencerland).

¿El P2P (descarga de archivos de PC a PC) está matando la industria del entretenimiento o la está manteniendo viva? Por un lado, en reciente estudio en Noruega, apareció como resultado que los jóvenes que descargan música están dispuestos a comprar 10 veces más que los que no descargan. Por otro lado, en países con alta producción cultural como España, el daño que hace el P2P al cine es mínimo (de 100 películas que descargan los españoles, 5 son de dicho país). Es probable que la crisis de las industrias culturales sea por otra cosa y no necesariamente (o no en gran medida) por los jóvenes que descargan música y películas de sitios a través (y no en) sitios como TPB. Vamos, la gente baja pornografía a través de sitios como esos y no la última película que ganó el Oso de Berlín (a menos que crean que se trate de una porno). ¿Y si la crisis en las industrias culturales es por la crisis económica global? ¿Por qué nadie se pone a pensar eso?

Es decir, vivimos un período de crisis que nadie sabe exactamente cuánto va a durar. Un período de crisis, además, que coincide con un período de cambio en ciertos paradigmas al interior del capitalismo (del industrialismo al informacionalismo, en palabras de Manuel Castells).

La otra razón por la cual este tema es relevante es por lo que señaló Santiago Alfaro en su reciente columna en Poder 360º. En el Perú, por el TLC firmado con Estados Unidos, se han introducido: “regulaciones más rígidas para la protección de la propiedad intelectual en el actual entorno digital, incluyendo las que sancionan “a quienes eludan sin autorización cualquier medida tecnológica efectiva”, como en la mencionada Ley estadounidense.” Lo único que van a contruibuir este tipo de nuevas reglas de juego es a la expansión del P2P.

De hecho, en España se ha abierto un debate sobre alternativas para que los productores culturales ganen (que no es lo mismo que decir que no pierdan): un canon en la conexión de internet. Así, junto con el pago al proveedor (sí, Telefónica) se añadiría un pago que sería repartido entre las productoras de música, televisión, cine.

Esto ha despertado bastante polémica, desde un Enrique Dans furibundo que dice:

“Lo que hay que hacer es pensar en cómo los creadores pueden llegar a GANARSE su dinero, no a que se lo regalemos. Cómo los creadores pueden montar sistemas a través de los cuales QUERAMOS pagar, no que nos quiten nuestro dinero. ¿Crees que eso es imposible? ¿Que no se puede competir con lo gratis? ¿Vives en Madrid? Pues mira, en Madrid, el agua que sale del grifo es de una calidad fantástica, y sin embargo, compramos agua embotellada, y a las empresas que la envasan les va fenomenal y no pretenden que se ponga un canon en cada grifo y que lo recaudado sirva para sostener su labor. Eso sería, simplemente, una estupidez” (No es tan sencillo como pagar o no pagar, Enrique Dans).

Hernán Casciari ha respondido que:

“¿Alguien quiere mi posición? Mi posición es muy simple. Invierto en productos audiovisuales (o en sus soportes) alrededor de 190 euros al mes. Pero ya no le pago a Verbatim. Tampoco pago cintas en VHS. Ya no le pago a TDK. Ya no le pago a Blockbuster. Ya no le pago al cine Verdi.

Ahora le pago a Telefónica un ADSL; le pago a Digital+ para tener alta definición; le pago a Rapidshare que me da descarga directa; le pago a Conceptronic que me ofrece discos extraíbles; le pago a Endesa que me da la luz.

Pero al mismo tiempo odio que Telefónica sea cara y sea lenta. Odio que Digital+ le dé tan poco valor al subtitulado. Odio que las particiones de Rapidshare sean veinticinco y haya que unirlas.

También odio que Paul Abbott, el creador de Shameless, no pueda ver un porcentaje de mi dinero. Hace dos semanas me descargué la primera temporada de su serie y me encantaría habérsela pagado. Me encantaría incluso haberlo besado en la boca. Pero no hay cómo. No existe un mecanismo para pagarle. (Ni para besarlo.)” (Promesa pública, Espoiler)

El debate es complejo. Regulaciones sobre derechos de autor que, al llegar tarde al Perú, quizá tengan un período de vida mucho menor al esperado. Industrias (culturales) en transición, de un modelo basado en la producción masiva a otro donde todo es recombinable (mashupeable/remixeable). Todo, el universo mismo inclusive, es información, que se recombina sobre sí mismo. Ni siquiera se sabe cuáles serán los dispositivos ni los soportes de aquí a 5 años. Es probable, en este azar, que el vinilo sobreviva al CD. En el entretiempo, las industrias se defienden con uñas y dientes, mientras otros ya se vienen adaptando al cambio de tiempo.

Bueno, más o menos. Total, esta situación fue en gran parte promovida por las corporaciones mediáticas. El sueño del internet en cada casa del mundo.

También: Todos los Viernes Digital

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