Nino Bariola, lingüista y viejo amigo mío, envía una colaboración al blog, a raíz del indignante incidente provocado por Aldo Mariátegui, director del Diario Correo. Incidente que ha desatado la protesta tanto en el Congreso de la República, el Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana (Consejo presidido por el presidente, valga la redundancia, de EPENSA, grupo editorial que publica Correo) y la blogósfera ilustrada. Esta reacción es muy positiva y se puede leer también en pared con una reciente discusión sobre racismo en el Perú.

Quiero recomendar aquí otros posts escritos sobre el caso:
Me tiemblan mis labios (La Peña Lingüística, Miguel Rodríguez Mondoñedo)
A propósito de Hilaria Supa (Útero de Marita, donde Ocram publica un muy buen video producido por TV Cultura sobre los distintos castellanos que cohabitan en el territorio patrio, tu tierra, Perú).
Quechua y pobreza (varios posts escritos en este blog sobre quechua, pobreza y discriminación)

Ahora sí, los dejo con Nino.

libroaldito

Caligrafía Aldito, por Álvaro Portales

La nación según Aldo Mariategui, por Nino Bariola

La lectura de las malintencionadas secciones que el día de ayer el diario Correo dedicó a la congresista Hilaria Supa me produjo una profundísima desazón y me recordó el repulsivo sentimiento que me suele generar el caer en cuenta de que –en el Perú más que en otros lugares– la historia siempre se repite.

Creo que es fundamental señalar críticamente que Aldo Mariategui emite lo que los lingüistas de hoy llamamos una ideología lingüística, un juicio sobre usos del lenguaje que busca ubicar a los sujetos en un orden social jerárquico. Al declarar que Supa no debería ocupar un curul congresal porque no conoce la normativa de la lengua española, pretende naturalizar una forma de estructurar la sociedad en la cual quienes no forman parte de la élite letrada no deben tener potestad de representar y de tomar decisiones políticas. En ese sentido, pese a que Mariategui se declara no discriminador, su opinión expresa con mucha claridad las coordenadas con las que se reescribe el racismo en el Perú contemporáneo. Aquí, como señalan varios académicos, el racismo se ha atado a las categorías de cultura y educación. Así, hoy en día muchos creen que es legítimo discriminar si es que esta práctica se basa en un criterio educativo, como se puede considerar al conocimiento de ortografía y puntuación de la lengua española.

Me parece, además, sumamente sospechoso el empeño con el que el diario Correo busca desbaratar la imagen de Hilaria Supa. Esta no es pues la primera vez que la congresista cuzqueña es mencionada en ese heraldo. Recuerdo con mucha claridad que, luego de que juramentara en quechua, Supa fue tachada con los epítetos de “terca” y “exagerada”. Hoy se describe sus actos con los verbos “irrumpir” y “protestar”, y se la acusa de “protagonizar un escándalo” y de sostener “destempladas demandas”. Todas estas palabras –que contienen un matiz semántico que evoca la desmesura, la desubicación y el desfase– sirven para la producción discursiva de la identidad de Supa como alguien que se encuentra más allá de los linderos de la razón. Resulta curiosísimo –y sumamente desagradable– darse con que en la década de 1830 Pardo y Aliaga utilizaba una batería de calificativos muy similar para desprestigiar mediáticamente la idea de la Confederación Perú-Boliviana a través de la burla de la identidad indígena de su principal prócer: Andrés de Santa Cruz. Pardo aludía a Santa Cruz como un indio que se había atrevido a trascender su lugar de dominado, para pretender el rol de caudillo. Y el rechazo al “indio conquistador” era para él consustancial a la defensa de la patria: consideraba que los indios eran inferiores y que no debían ocupar el papel político de regente.

Es algo semejante lo que encontramos en Aldo Mariategui. Con estos epítetos y con la ideología lingüística que mencioné líneas arriba, nos presenta una idea de nación equivalente, en la que el indio debe ubicarse en los márgenes, en una posición subalterna, sin agencia, sin voz.

Lastimosamente, la historia se repite. Da, sin embargo, muchísimo gusto la fortísima crítica que han surtido algunos medios y bloggers, y, sobre todo, la postura del Congreso de “enérgico rechazo y condena”. Todo eso nos permite soñar un poco…

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