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(Soundtrack: Monkey gone to heaven, Pixies)

Semana polémica. La muerte de los blogs fue pronunciada en vivo y en directo. ¿Fue un asesinato, suicidio o muerte natural? Algo de eso fue discutido esta misma semana en una mesa que compartimos Marco Sifuentes, Felipe de Lucio y Luis Carlos Burneo.

Tengo la impresión que en este fenómeno internet (y sobre todo los blogs y los “bloggers”) hay mucho del feeling que había a finales de los noventas. Que se está refundando algo, que hay una nueva política y nueva mediación (por ende, nuevos líderes de opinión, nuevo todo). ¿Cuántos de aquellos que apuntaban para líderes políticos, en los gloriosos tiempos de la lucha contra el fujimorismo, ahora están ocupando cargos políticos? Muy pocos. Que Luciana León (totalmente apolítica en las aulas de la Universidad de Lima en la década pasada) termine siendo la única coetánea en el congreso, habla mucho sobre los hypes y la realidad.

“La han pifiado”, le dijo Eric Schmidt, CEO de Google a los medios de comunicación. “Tuvieron una generación para reinventar el negocio, pero hicieron muy poco”. En efecto, no se trata de crear miles de blogs/columnas para atraer más lectores sea como sea. Subirse al carro de lo web2.0. Se trata de crear mejores contenidos, aprovechando la amplia gama de herramientas que existen o que pueden desarrollarse. Me parece que en el Perú hay intentos muy interesantes por avanzar en ese sentido. De todos modos, hay mucha mirada centralista al uso de las herramientas, que puede terminar en autocomplascencia y autocondescendencia.

Lo que hay que saber que este es un ecosistema en constante evolución y donde las herramientas mueren, pero como en “el mundo real”, nada desaparece, todo se transforma. Se remixea/mashupea/recombina. Lo mismo pasa con las identidades. “En nuestros cerebros bulle un pueblo de demonios”, decía Baudelaire en su Al Lector en Las Flores del Mal. Somos cyborgs digitales. Identidades también recompuestas como un patchwork, viviendo paralela e interconectadamente en múltiples universos paralelos. El tema es cómo movernos y respirar en cada ecosistema, cómo estar preparados.

Los cambios y procesos ocurren más allá de nuestros deseos. Marx apuntó que:  “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.” (Marx, El 18 brumario de Luis Bonaparte, 1852).

La historia no se detiene en pequeñeces. El momento que vivimos es uno de reestructuración y cambio, y por ende, de incertidumbres. Todo esto que conocemos, todas estas herramientas, no son sino la prehistoria.

También: El archivo de Viernes Digitales

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