Primera parte del reportaje de Cuarto Poder sobre Dionisio Romero

Mucho se habla de cómo la reforma agraria descapitalizó a tantos terratenientes y cómo estos se quedaron sin los recursos como para invertir en otras áreas. Así, la entrevista a a Guillermo Figallo, primer presidente del Tribunal Agrario, resulta importante. Resalto un párrafo:

Algunos dicen que la Reforma Agraria fue confiscatoria y que los bonos no fueron redimidos…
¿Confiscatoria? ¿Por qué no le preguntan a Dionisio Romero? Construyó una formidable fábrica textil en Piura con los bonos que recibió por la expropiación de sus tierras. El mecanismo para redimir los bonos estaba expedito con el Banco Industrial. Yo doy mis bonos y me dan un valor igual para invertir en una industria. Lo que quería hacerse con los bonos era favorecer el desarrollo industrial. Solo 2 o 3 lo hicieron, comenzando por Romero. ¿Por qué los demás no hicieron lo mismo? Quizá por desconfianza. Imagínese que se desarrolle la industria con la reforma agraria, con los propios expropiados, que eran sus enemigos a muerte. A estas alturas, algunos bonos deben de haber prescrito y otros no. Pero ¿quién no pagó los bonos? Mientras hubo reforma agraria se pagaron los bonos. El que no los pagó fue Belaunde. (La reforma agraria de 1969, La Revista Agraria)

Claro, hay algunos que sí ganaron con la reforma y que mantienen una importante cuota de poder hasta hoy. Con justa razón Dionisio Romero dijo en una reciente entrevista que:

Se ha dicho que los grandes empresarios financian campañas.
Es verdad.

¿Ustedes han financiado diversas campañas presidenciales?
En la primera que financiamos les dimos la misma suma a los tres principales partidos. Ello fue cuando regresó la democracia. Y se lo dijimos a los tres, lo cual les cayó pésimo. (Soy un hombre de centroizquierda, entrevista a Dionisio Romero, El Comercio)

Eso. Para ganar en todos los escenarios, es importante meter fichas en todas las casillas, así siempre vas a tener al caballo ganador. Claro, Dionisio Romero Seminario ha dejado la posta a su hijo, Dionisio Romero Paoletti, quien a pesar de haber afirmado que le gustaría tener un perfil bajo (en reciente entrevista para la revista Poder), ha salido también a escribir en medio de la “crisis” de la selva, y para proponer algunas salidas. Copio y pego algunos párrafos (el énfasis es mío):

La región San Martín tiene un potencial de dos millones de hectáreas aptas para el cultivo de arroz, palma aceitera, cacao, palmito, frutas, entre otros. Afirma que entre Loreto, San Martín y Ucayali existen 1,6 millones de hectáreas para la siembra de palma aceitera o piñón, que pueden destinarse a la elaboración tanto de aceites comestibles como de biocombustibles. Esta actividad de desarrollo agrícola es indispensable para nuestro país y se puede lograr sin afectar la propiedad de las comunidades indígenas. […]

El Alto Huallaga es una zona subutilizada que podría convertirse en un importante eje agrícola, cuya producción abastecería el mercado nacional, la potencial demanda de Manaos (Brasil) y otros mercados de exportación. (Sin afectar la propiedad de los indígenas, Dionisio Romero Paoletti)

Una versión light (sin uso de palabras como “matar”, “aniquilar”, “acabar”) del discurso del perro del hortelano, donde solo la gran propiedad podría salvar al país. Es, como también se le ha llamado, una suerte de contra-reforma agraria, la vuelta al latifundio y a la concentración de tierras. Por ejemplo, las 20 000 hectáreas que tiene el Grupo Romero en la Región San Martín.

Y, bueno, como también se ha alertado, hay un interés concreto del estado para promover zonas para la producción de agrocombustibles.

Esto no es, como dicen muchos, un regreso a los 80s. Es un regreso furioso a los 60s. Como para repensar nuevamente los significados de la reforma agraria.

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