En una de sus última columnas, Alberto Adrianzén se refirió al tema étnico (tratado también por Hernando de Soto en su último videohit viral) y a la izquierda peruana y el surgimiento de “un nacionalismo de izquierda con base popular” (ver “La izquierda peruana en su laberinto” y “El indígena como límite”, en La República). Termina Adrianzén con la necesidad de “asumir y profundizar la democracia, redescubrir la importancia del nacionalismo en estos tiempos de globalización, y mirar a los sectores populares”.

José Cornejo, filósofo y autor de Filosofía y socialismo del siglo XXI: ensayos críticos (Editorial Fauno), me envía un carta abierta y respuesta a Adrianzén. Su lectura es interesante para pensar (sí, todavía es importante) el posible papel de la izquierda en América Latina. La publico completa y recomiendo su lectura. He añadido algunos links al texto de Cornejo para ampliar algunos puntos.

Estimado Beto,

No puedo decir que me sorprendió tu editorial del pasado sábado, porque estando en el Perú, me doy cuenta del gran impacto intelectual que las tesis de la colonialidad del saber y del poder, han adquirido en diversos sectores sociales en A.Latina, al punto de convertirse en el nuevo paradigma desde el cual los sectores de la izquierda latinoamericana quieren pensar los problemas de la emancipación y la justicia social desde una perspectiva propia ( no eurocéntrica).

Este nuevo paradigma, promocionado por Clacso, con el concurso de otros intelectuales latinoamericanos, a los que E .Sader, en el último Le Monde Diplomatique de setiembre 2009, llama a construir una teoría revolucionaria en acuerdo la gran radicalidad que manifiestan los movimientos sociales en nuestra región, tiene desde mi punto de vista varios puntos de vista problemáticos, y, que sin ser determinantes, orientan ciertas opciones políticas.

En mi libro (*) he tratado de abordar estos problemas, aunque tal vez por el hecho de abordarlo desde las áridas esferas de la filosofía, no sea siempre fácil comprender la relación entre teoría y política. No hablemos de mis propias limitaciones al abordar estos complejos temas que movilizan grandes problemas téoricos y que muchas veces no son fáciles de vulgarizar.

Te expongo brevemente 3 problemas: el de la historia, su crítica a la modernidad y su horizonte utópico campesino.

1. Las tesis de la colonialidad hacen una lectura maniquea de la historia y del fenómeno imperial y de la forma como se concretizó en nuestra región la dominación española. Se olvidan de que la llamada “conquista” fue fundamentalmente una guerra de indios contra indios. La administración colonial fue una empresa económica y política basada en la colaboración activa de las elites nativas, en una gestión compartida de un sistema de desposesión tributario. No es correcto leer la historia de Iberoamerica desde la perspectiva de 500 años de dominación, debemos también analizar con detenimiento los 500 años de colaboración y de cómo, precisamente, por ser las elites nativas autoritarias, jerarquicas, cazicasgos, optaron por la colaboración para mantener sus privilegios, antes que enfrentarse y resistir la dominación colonial. Es por eso además, que grandes razgos de la cultura andina, son como lo entendió muy bien Arguedas, hispano-andinas, y no es posible entenderlas hoy en día sin entender esta hibridación. Contrariamente a lo que afirma Quijano y  a tu lectura sobre la fundamentación última y originaria de las desigualdades en nuestro país basada en el racismo contra lo indio, no sólo la dominación colonial no se basó sobre una delimitación racial, sino que además en el propio mundo andino pre-colombino habían estrategias de exclusión que se mantienen hasta hoy en día, como el desprecio hacia los comuneros de las alturas, o el desprecio de los runas (serranos) contra los sinchis (amazónicos). No se trata de oponer lo étnico a lo social, se trata de prestar atención a la complejidad de las estrategias de exclusión y evitar caer en discursos simplistas y maniqueos que te pueden encerrar en determinadas opciones políticas.

2.Este razonamiento maniqueo no solamente se utiliza para explicar la historia iberoamericana, sino también para criticar al capitalismo y a la modernidad, como aventuras económicas y civilizadoras eurocentricas. El problema de la modernidad es un tema multiple y complejo que tiene muy diversas estrategias de aproximación (las ideas, la historia, la economía) y como éstas se articulan para provocar una ruptura en la historia humana entre las sociedad rurales y las sociedades urbanas. Lo que nosotros tenemos que hacer es cuestionar la lectura sobre la “excepcionalidad” de la modernidad como una aventura espiritual del occidente e insistir en el caracter intercultural de la modernidad. Haciendo esta crítica a la modernidad como una excepcionalidad europea, debemos evitar caer en el relativismo epistémico y culturalista, que quiere oponer saber propio a saber extranjero colonial, ciencia propia y ciencia colonial, etc. Esto, como se ha visto en la historia pasada, te puede llevar a formas de irracionalismo, a campañas xenofóbicas en contra de los elementos culturales universales del conocimiento humano. El conocimiento es una aventura intelectual de la especie humana, no tiene barreras étnicas ni religiosas. Debemos aprender a movernos en la tensión de ser peruanos y universales, y evitar la fácil y recurrente tentación al provincilaismo y al chauvinismo de lo propio y lo nacional. La derecha peruana cultiva a maravillas este chauvinismo provincialista y lamentablemente muchas veces la izquierda la remeda.

3. Por último, la idealización de lo indígena, te lleva nuevamente a pensar la política desde un horizonte utópico. La comunidad rural, el mundo indígena originario, es el horizonte emancipatorio presentado como una nueva forma de comunidad ideal, armónica socialmente, respetuoso de la naturaleza, etc. Pienso, autrocríticamente, que es un grave error pensar la política desde un horizonte utópico de una comunidad ideal humana reconciliada. Este fue el error del marxismo, que como tú sabes muy bien, fue una manera de secularizar el horizonte intelectual cristiano del paraíso, y de una sociedad en la cual iban a disolverse o desaparecer todas las contradicciones (el estado, la democracia, el mercado). El nuevo indigenismo repite el mismo error, de querer pensar la política y las estrategias de emancipación a partir de un horizonte utópico campesino. Los problemas políticos que se derivan de esta visión son varios, lo que a mi me preocupa particularmente es esta suerte de “socialismo campesino” que como hemos visto en otras experiencias históricas te puede empujar hacia opciones políticas igualitaristas radicales, antimodernas y antiurbanas.

Termino mencionando dos trabajos que seguramente tu conoces del pensamiento de la colonialidad. Pienso que es urgente organizar un debate crítico y alturado de sus tésis. Un abrazo solidario.

Lima, 6 de setiembre, 2009.
José F. Cornejo

Textos del pensamiento de la colonialidad del saber y del poder.
Santos, Boaventura de Sousa (2007), “Para além do Pensamento Abissal: Das linhas globais a uma ecologia de saberes“, Revista Crítica de Ciências Sociais, 78
La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. E. Lander (comp) Clacso. 2000

Comentario: Sí considero que el momento del descubrimiento fue importante para la constitución de la modernidad europea (no de toda la modernidad), pero al mismo tiempo, y allí estoy de acuerdo con Cornejo, la modernidad fue una aventura heterogénea. En fin, ojalá se arme algo de debate.

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