Debates sobre la izquierda y la colonialidad del poder

En una de sus última columnas, Alberto Adrianzén se refirió al tema étnico (tratado también por Hernando de Soto en su último videohit viral) y a la izquierda peruana y el surgimiento de “un nacionalismo de izquierda con base popular” (ver “La izquierda peruana en su laberinto” y “El indígena como límite”, en La República). Termina Adrianzén con la necesidad de “asumir y profundizar la democracia, redescubrir la importancia del nacionalismo en estos tiempos de globalización, y mirar a los sectores populares”.

José Cornejo, filósofo y autor de Filosofía y socialismo del siglo XXI: ensayos críticos (Editorial Fauno), me envía un carta abierta y respuesta a Adrianzén. Su lectura es interesante para pensar (sí, todavía es importante) el posible papel de la izquierda en América Latina. La publico completa y recomiendo su lectura. He añadido algunos links al texto de Cornejo para ampliar algunos puntos.

Estimado Beto,

No puedo decir que me sorprendió tu editorial del pasado sábado, porque estando en el Perú, me doy cuenta del gran impacto intelectual que las tesis de la colonialidad del saber y del poder, han adquirido en diversos sectores sociales en A.Latina, al punto de convertirse en el nuevo paradigma desde el cual los sectores de la izquierda latinoamericana quieren pensar los problemas de la emancipación y la justicia social desde una perspectiva propia ( no eurocéntrica).

Este nuevo paradigma, promocionado por Clacso, con el concurso de otros intelectuales latinoamericanos, a los que E .Sader, en el último Le Monde Diplomatique de setiembre 2009, llama a construir una teoría revolucionaria en acuerdo la gran radicalidad que manifiestan los movimientos sociales en nuestra región, tiene desde mi punto de vista varios puntos de vista problemáticos, y, que sin ser determinantes, orientan ciertas opciones políticas.

En mi libro (*) he tratado de abordar estos problemas, aunque tal vez por el hecho de abordarlo desde las áridas esferas de la filosofía, no sea siempre fácil comprender la relación entre teoría y política. No hablemos de mis propias limitaciones al abordar estos complejos temas que movilizan grandes problemas téoricos y que muchas veces no son fáciles de vulgarizar.

Te expongo brevemente 3 problemas: el de la historia, su crítica a la modernidad y su horizonte utópico campesino.

1. Las tesis de la colonialidad hacen una lectura maniquea de la historia y del fenómeno imperial y de la forma como se concretizó en nuestra región la dominación española. Se olvidan de que la llamada “conquista” fue fundamentalmente una guerra de indios contra indios. La administración colonial fue una empresa económica y política basada en la colaboración activa de las elites nativas, en una gestión compartida de un sistema de desposesión tributario. No es correcto leer la historia de Iberoamerica desde la perspectiva de 500 años de dominación, debemos también analizar con detenimiento los 500 años de colaboración y de cómo, precisamente, por ser las elites nativas autoritarias, jerarquicas, cazicasgos, optaron por la colaboración para mantener sus privilegios, antes que enfrentarse y resistir la dominación colonial. Es por eso además, que grandes razgos de la cultura andina, son como lo entendió muy bien Arguedas, hispano-andinas, y no es posible entenderlas hoy en día sin entender esta hibridación. Contrariamente a lo que afirma Quijano y  a tu lectura sobre la fundamentación última y originaria de las desigualdades en nuestro país basada en el racismo contra lo indio, no sólo la dominación colonial no se basó sobre una delimitación racial, sino que además en el propio mundo andino pre-colombino habían estrategias de exclusión que se mantienen hasta hoy en día, como el desprecio hacia los comuneros de las alturas, o el desprecio de los runas (serranos) contra los sinchis (amazónicos). No se trata de oponer lo étnico a lo social, se trata de prestar atención a la complejidad de las estrategias de exclusión y evitar caer en discursos simplistas y maniqueos que te pueden encerrar en determinadas opciones políticas.

2.Este razonamiento maniqueo no solamente se utiliza para explicar la historia iberoamericana, sino también para criticar al capitalismo y a la modernidad, como aventuras económicas y civilizadoras eurocentricas. El problema de la modernidad es un tema multiple y complejo que tiene muy diversas estrategias de aproximación (las ideas, la historia, la economía) y como éstas se articulan para provocar una ruptura en la historia humana entre las sociedad rurales y las sociedades urbanas. Lo que nosotros tenemos que hacer es cuestionar la lectura sobre la “excepcionalidad” de la modernidad como una aventura espiritual del occidente e insistir en el caracter intercultural de la modernidad. Haciendo esta crítica a la modernidad como una excepcionalidad europea, debemos evitar caer en el relativismo epistémico y culturalista, que quiere oponer saber propio a saber extranjero colonial, ciencia propia y ciencia colonial, etc. Esto, como se ha visto en la historia pasada, te puede llevar a formas de irracionalismo, a campañas xenofóbicas en contra de los elementos culturales universales del conocimiento humano. El conocimiento es una aventura intelectual de la especie humana, no tiene barreras étnicas ni religiosas. Debemos aprender a movernos en la tensión de ser peruanos y universales, y evitar la fácil y recurrente tentación al provincilaismo y al chauvinismo de lo propio y lo nacional. La derecha peruana cultiva a maravillas este chauvinismo provincialista y lamentablemente muchas veces la izquierda la remeda.

3. Por último, la idealización de lo indígena, te lleva nuevamente a pensar la política desde un horizonte utópico. La comunidad rural, el mundo indígena originario, es el horizonte emancipatorio presentado como una nueva forma de comunidad ideal, armónica socialmente, respetuoso de la naturaleza, etc. Pienso, autrocríticamente, que es un grave error pensar la política desde un horizonte utópico de una comunidad ideal humana reconciliada. Este fue el error del marxismo, que como tú sabes muy bien, fue una manera de secularizar el horizonte intelectual cristiano del paraíso, y de una sociedad en la cual iban a disolverse o desaparecer todas las contradicciones (el estado, la democracia, el mercado). El nuevo indigenismo repite el mismo error, de querer pensar la política y las estrategias de emancipación a partir de un horizonte utópico campesino. Los problemas políticos que se derivan de esta visión son varios, lo que a mi me preocupa particularmente es esta suerte de “socialismo campesino” que como hemos visto en otras experiencias históricas te puede empujar hacia opciones políticas igualitaristas radicales, antimodernas y antiurbanas.

Termino mencionando dos trabajos que seguramente tu conoces del pensamiento de la colonialidad. Pienso que es urgente organizar un debate crítico y alturado de sus tésis. Un abrazo solidario.

Lima, 6 de setiembre, 2009.
José F. Cornejo

Textos del pensamiento de la colonialidad del saber y del poder.
Santos, Boaventura de Sousa (2007), “Para além do Pensamento Abissal: Das linhas globais a uma ecologia de saberes“, Revista Crítica de Ciências Sociais, 78
La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. E. Lander (comp) Clacso. 2000

Comentario: Sí considero que el momento del descubrimiento fue importante para la constitución de la modernidad europea (no de toda la modernidad), pero al mismo tiempo, y allí estoy de acuerdo con Cornejo, la modernidad fue una aventura heterogénea. En fin, ojalá se arme algo de debate.

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24 thoughts on “Debates sobre la izquierda y la colonialidad del poder

  1. Muy interesante, Roberto ¿me puedes informar en dónde venden el libro de José Cornejo? he hecho una búsqueda por el google y sólo sale esta referencia (la de tu blog)

  2. Voy a pasarle tu solicitud a José Cornejo, para que indique dónde conseguir su libro. Saludos.

    Actualización. Respuesta de Cornejo sobre este punto: “Roberto, veo que ha habido ya algunos comentarios sobre tu blog y uno de ellos quiere saber donde lo venden. Está en la libreria El Virrey de San Isidro.”

  3. Estimado Roberto:

    1. Lo felicito por lo oportuno de su post porque pone en debate algo que hoy está en el candelero de la intelectualidad.

    2. El señor Cornejo, cómo no, defiende su civilización y su posición personal y tiene todo el derecho a hacerlo. Pero ¿ser occidental es sinónimo de tener la razón en todo, de estar en lo correcto? Y por lo mismo: ¿ser de un país “no occidental”, como el “atrasado” Perú, quiere decir “incorrecto, falto de tino, incapacitado para la reflexión” y demás etcéteras.

    3. Al ver los dos comentarios anteriores (los de los señores Ernesto y Roberto Bustamante) pareciera que sí, puesto que ellos se arrojan desesperados ante las tesis del señor Cornejo como si de la fuente de la sabiduría se tratase. Pero tengo mis dudas sobre lo que este “filósofo” dice.

    4. Por principio, Occidente no es la humanidad (aunque todo imperio en la historia siempre lo ha entendido así). Ellos son una civilización hoy por hoy dominante e imperial, pero eso no significa que tengan la verdad ni sean los mejores jueces del Universo.

    5. Ellos no admiten que existan civilizaciones que les hagan sombra y se escudan en que representan, no a su cultura, sino a la humanidad en pleno. ¿Y quién les dio ese título o derecho? Pues ellos mismos, con sus ejércitos y su ciencia todopoderosa.

    6. Lo cierto es que son ellos los únicos que están a un paso de destruir el planeta, no nosotros ni otros “salvajes”. Esto ¿en qué los convierte? ¿Qué autoridad moral tienen ellos para decidir lo bueno y lo malo del mundo, lo cierto y lo falso?

    7. El señor Cornejo, como es de esperarse de todo occidental, niega el derecho de ser de las civilizaciones no occidentales, en este caso, la que él llama “indígena”, con lo cual muestra su soberbia, autosuficiencia, desprecio e ignorancia, puesto que nosotros no somos habitantes de la India.

    8. Sin embargo la experiencia nos muestra que aquí, en Sudamérica, existe una civilización andina en pleno proceso de expansión y no gracias a la asistencia mental o económica de Occidente.

    9. Sistemáticamente los occidentales niegan esto pues no encaja dentro de su esquema de orden mundial. Pero ya son varios los países sudamericanos que no piensan como él y que hoy están a la búsqueda de un sistema de vida, de una filosofía, que no sea la contaminante y cosificante occidental, y eso es lo que a individuos como él les molesta profundamente: que el inferior se rebele.

    10. Ha saltado como un gato hasta el techo porque ve que aquí también podemos pensar. Pero eso es un problema de él, no nuestro. Actualmente existimos muchos que estamos en proceso de estudio y elaboración teórica de formas de pensamiento más viables y sensatas que las que vienen de los países explotadores y colonizadores.

    11. Para nosotros el tiempo de Occidente ya pasó, pues han puesto en peligro la vida y eso los descalifica para seguir considerándose “representantes de nuestra humanidad”. Ha llegado el momento del cambio y de dejar la sumisión ante quienes demostraron su tremenda incapacidad para controlarse a sí mismos.

    Muchas gracias.

  4. Enrique, nada más diametralmente opuesto sobre mi comentario. Justamente, lo que se está rescatando es que hay distintas modernidades, que la modernidad no es exclusiva de Occidente (como más bien saldría de la idea de Quijano y la colonialidad del poder, donde la Modernidad y no la modernidad occidental es producto de la idea de raza), que hay distintas modernidades, es decir, distintas ideas de desarrollo y progreso (“la modernidad fue una aventura heterogénea”, a lo que habría que sumar multivocal y multifocal).

    En fin, creo que estamos más de acuerdo que en desacuerdo. Imagino que Cornejo sustentará sus propias ideas. Saludos.

  5. Vaya! siempre creí que el ser de izquierda implicaba una visión racional del Perú, de la economía, de sus problemas y de sus relaciones internacionales, pero ahora nos dicen que esa amalgama de complejos y de resentimientos que exhiben los cocaleros, los habitantes del sur andino, los nativos de la selva y los congresistas del humalismo los califican para ser considerados “de izquierda”.

  6. Es bueno el debate, más si se trata de asuntos tan cruciales como los de la “coloniadad del poder”.

    Pero no deja de sorprenderme dos cosas, quizas entrelazadas: primero, la muy tardía reacción con respecto a este debate, iniciado hace mas de 20 años, y el total desconocimiento con respecto al origen de la idea y/o concpeto. La respuesta es úna: Fue Aníbal Quijano quien acuño esa perspectiva teórica (1992) y que efectivamente, se esta convirtiendo en un nuevo paradigma en las ciencias sociales en el mundo.

    Es cierto que Boaventura de Sousa y Lander están y comparten el debate, y desde una muy cercana perspectiva, pero lo hacen con sus propios aportes y desde sus propias trayectorias personales.

    Una cosa curiosa, las investigaciones de Aníbal sobre la “modernidad” (1988), y que lo llevaron a fundamentar la heterogeneidad de dicha experiencia fue, entre otras cosas, lo que le condujo a esa idea y concepto. Pero con Quijano, se puede afirmar que la modernidad europea no puede ya explicarse al margen de la experiencia colonial de América y despues Africa y Asia.

    Un ejemplo de colonialidad del saber y del poder con respecto a la modernidad eurorcéntrica, pues justamente lo sostiene Cornejo: que desde lo indigena y lo campesino, no se puede ser “moderno” sino “utopico”. El indigena puede ser objeto de la razón, pero no puede ser sujeto de ella. Muy cerca de Habermas… pero no tanto !!
    Creo que el gran filósofo aleman no hubiera aprobado esta impostura.

  7. Si, muy interesante lo de Cornejo, pero no me parece una resuesta a Adrianzen, cuyo artículo no tiene casi carne, no da elementos nuevos para pensar, ni siquiera aquello de “asumir y profundizar la democracia, redescubrir la importancia del nacionalismo en estos tiempos de globalización, y mirar a los sectores populares” termina siendo novedad. Por otro lado no encuentro en Adrianzen referencia a lo étnico, a menos que esta esté incluida en lo “popular”. Finalmente, no creo que la encuesta diga mucho sobre las posiciones políticas limeñas ¿qué quieren estos centro izquierdas? más menos mercado, más menos estado, más menos autoritarismo ¿qué quieren? ¿Quién rechaza en la práctica el capitalismo? ¿creen que los pueblos indígenas lo rechazan? ¿creen que los campesinos lo rechazan? y su uso de él ¿es heterogéneo u oportunista?
    Por otro lado ¿Por qué le asusta a Cornejo las políticas igualitaristas radicales? ¿Cómo se puede llegar a esta antimodernidad si vivimos supuestamente en el heterogéneo universo de la modernidad? y finalmente ¿Qué chu tiene de malo lo no urbano?

    Y no entiendo cómo Adrianzen puede seguir escribiendo tantas columnas sobre lo mismo y no decir nada nuevo, así como tampoco entiendo cómo el razonamiento de Cornejo, que apunta en un sentido termina llevándote a cualquier otro lado y finalmente a ninguno. Será como él dice, que uno no termina entiendiedo la complejidad de los filósofos pues.

  8. Señor Bustamante:

    1. Gracias por su aclaración. Siempre es bueno ir centrando las ideas y el pensamiento, cosa que no se produce espontáneamente.

    2. Con respecto a lo de la Modernidad, lo que no se puede soslayar es que nació en Europa y que de ahí ha sido llevada a todo el mundo por la fuerza. No recuerdo nación alguna que la haya admitido con alegría y fiesta. El caso de Japón y la era Meiji o el de la Rusia de Pedro el Grande (occidentalizaciones forzadas) fueron más una reconversión industrial en vías a mantener sus intereses geopolíticos mas no un interés verdadero por llegar a la Modernidad teórica (o sea, una Modernidad industrial pero no mental o humana).

    3. La actual China es una prueba de cómo se puede “modernizar” a una nación de manera sesgada y orientada por Occidente. Allá la Modernidad es un sinónimo de ciencia y tecnología, pero no de libertad de pensamiento ni de actitud crítica. Es una Modernidad industrial con la intención de convertir al país en una fábrica, pero no para que sea un mundo humano con calidad de vida (que incluye el aspecto espiritual, por ejemplo).

    4. Este es el tipo de Modernidad que normalmente llega a los llamados países “atrasados”, el que pregonan ciertos mandatarios cada vez que quieren hacer grandes obras de ingeniería (o sea, grandes negocios). Es la Modernidad industrial-comercial, la que desean los grandes monopolios transnacionales, y donde el ser humano ocupa el lugar de obrero-operario a sueldo mínimo.

    5. En el Perú solo hemos conocido esa Modernidad, no otra: la Modernidad del celular, de la Internet, del aparato electrónico y de las grandes obras de infraestructura. Pero de la otra parte de la Modernidad, la de los Derechos Humanos, la de la igualdad cívica y ciudadana, la de la justicia para todos, la de la dignidad humana, esa Modernidad no ha llegado nunca (ni llegará).

    6. Ante ello no es extraño entonces que los propios pueblos sometidos tengan el derecho a crear sus propios sistemas de vida y de gobierno que subsanen esas deficiencias. La propuesta actual de los los pueblos andinos -de rescatar sus raíces para interpretar el mundo- es perfectamente válida y solo requiere de más intelectuales como el señor Quijano y otros se esfuercen por darle la respectiva forma.

    7. El mundo necesita hoy válvulas de escape que le den una esperanza de vida que no signifique la destrucción de la naturaleza para generar riqueza. La riqueza también se puede crear sin requerir la alta industrialización depredadora; el problema es cómo filosofamos acerca de la vida, del hombre y de la naturaleza. El tema es si vemos al mundo, a la materia, como “cosa” o como sujeto. Eso es lo que está es discusión. De nada sirve la hiperacumulación de producción si eso al final solo va a servir para nuestro suicidio civilizacional.

    8. Quien escribe publicó en 1997 el libro Andinia la resurgencia de las naciones andinas (al alcance en Scrib) donde se plantea esta opción como alternativa al mundo occidental. Creo que con más aportes provenientes de nuestras canteras podremos al menos tener diferentes puntos de vista y así terminar con la perniciosa dependencia mental a Occidente, que no nos permite creer que podemos ser actores y no espectadores de nuestro propio destino.

    Muchas gracias.

  9. El tema no es tomar una posición indianista – que no indigenista – como lectura antieuropea y establecer el maniqueísmo del que habla José Cornejo. El error parte de una simplificación intelectual propia justamente de una visión eurocéntrica de las cosas. Es necesario pisar tierra, y esto literalmente.
    El concepto fundamental es el de territorio y la relación fundamental es la del hombre con el territorio que habita.
    La ecología política permite disponer de los instrumentos para entender esto, sin idealizar pasados, ni negar la hibridación de desarrollos culturales de los que habla nuestro amigo. Este mestizaje se ha dado de manera contradictoria, como lo explica Juan Carlos Estenssoro en un texto al que creo no se le ha dado la suficiente importancia. Con una natural voluntad de integrarse del pueblo indígena en la cultura del dominador, y un dominador en conflicto entre su necesidad de integrar, de “extirpar idolatrías” y su desprecio por el dominado y su desconfianza hacia él y por ello su también necesidad de tenerlo alejado. (*)
    La historia del Perú, hasta el día de hoy (matiz más, matiz menos), está hecha de tales componentes.
    Esto no niega, sin embargo, que la cultura es resultado de construcciones ideadas como consecuencia de la necesidad del hombre de adaptarse al territorio en el que habita. Y que la conquista fue una irrupción destructora del entorno ambiental y de la cultura que para relacionarse armonicamente con este se había desarrollado durante miles de años, proponiendo el conquistador como alternativa sus hábitos y costumbres generadas en otros ecosistemas, ideales de vida en climas templados, hábitos alimenticios que transformaron los ecosistemas nativos y destruyeron con sus productos buena parte de animales, plantas y seres humanos en la mayor catástrofe ecológica de la historia universal.
    Lo que vivimos ahora es heredero directo de lo que pasó entonces. La imaginación del ideal de vida europeo-occidental, la idea de “frontera” con que se impregnó la conquista progresiva por los europeos del territorio de los Estados Unidos, persisten en la mente de las mayorías y se han instalado en formas de organización y hasta de concebir pertenencia muchas veces ajena al lugar en que vivimos, que son las que hay que desterrar.
    No se trata de ser antieuropeos, sino de hacer como precisamente decía Arguedas: no aceptar las imposiciones culturales (particularmente tecnológicas) sino que apropiarse de lo que nos puede ser buenamente útil, desechando lo accesorio. Es una forma de ser dueños de nuestro destino. (Los amigos de ITDG, que es una institución muy seria, se tomaron diez años de investigación para adaptar los molinos de generación de energía eólica a los vientos de nuestra geografía… solo una muestra con esto).
    De lo que se trata, en suma, es de detener el proceso de la conquista que aún no culmina. Véase el trato del Estado con los pueblos amazónicos y, antes, recordemos la agresiva campaña de colonización de la selva que enarbolaba Beláunde y que tanto daño hizo y sigue haciendo; y veremos claro. (O esa frase absurda de “Perú minero”, nacida precisamente por la voluntad de extracción de minerales para llevar a la metrópoli, que trajo el conquistador).
    Y se trata, pues, también de recuperar aquello que es útil y necesario de los desarrollos técnicos prehispánicos, que hoy en día y sobretodo con el cambio climático encima, van a ser de enorme utilidad: la recuperación de andenes que en muchos lugares está teniendo grandes resultados, es una muestra. Y hay que reforestar: los bosques serranos desaparecieron desde que llegaron los conquistadores y por ellos muchos olvidamos ya que buena parte de las provisiones de agua prehispánicos provenían de la capacidad de retención del agua de lluvia por medio de los bosques y no tanto de los glaciares.
    Debemos pensar el territorio desde su especificidad y construir una utopía propia, un nuevo imaginario de bienestar desde la propia urgencia y necesidad de un desarrollo sustentable real y armonioso con el territorio en que vivimos y que nos reclama una reconciliación, un nuevo trato integrados en él, para que ello se logre.

  10. : De un extensísimo artículo del lingüísta, antropólogo y filósofo Heirich Helberg Chávez, copio este pasaje, algo largo (ya imaginarán lo extenso de su artículo), pero que vale la pena:

    La diferencia entre riqueza y pobreza, en términos económicos, que para el mundo occidental es muy evidente, sin embargo no se aplica a los pueblos indígenas amazónicos, sino solo en relación con la economía de mercado y con la sociedad nacional. Como es sabido, en las lenguas indígenas la palabra pobre, si existe, se refiere a estar desvalido, es decir, a ser huérfano, a no tener parientes o sufrir algún impedimento físico. En sociedades como éstas donde la herencia no existe y no hay forma de acumular bienes, que todos producen más o menos lo mismo y que todos trabajan físicamente para sostenerse, la diferencia entre ricos y pobres no tiene ningún sentido ni aplicabilidad. Es más, en muchos pueblos existen además costumbres que nivelan las diferencias personales en talento o habilidades de la caza, el producto más importante en los intercambios de presentes, impidiendo, por ejemplo que el cazador consuma de su propia presa, de manera que tiene que regalarla, y comer de lo que a él le regala. Esta costumbre se relaciona con los alter egos animales que tiene la humanidad, y que trataremos más abajo.
    En consecuencia, para los pueblos indígenas amazónicos solo se puede ser pobre o rico en relación con otras culturas y otros estándares de vida: “Así nos ven”, dicen. Pero ellos no se ven pobres en sus casas aireadas, que no son de material noble, sino de finas maderas, y con techos de hoja de palmera, que echan sombra fresca, a diferencia de la calamina, que irradia calor. Y toman el agua de sus quebradas y no de tuberías y con cloro. Hay países como Alemania que no usan cloro en su agua potable porque cuidan sus fuentes de agua, pero lo que allá es una cualidad aquí es un defecto. El problema es que esos otros estándares generalmente han sido generados en otros ambientes y sistemas ecológicos y resultan poco aplicables en la Amazonía, o son objeto de resistencias culturales y otros problemas adicionales. Hay que cuidar que no sean además humillantes y que descalifiquen al otro. En mi caso he llevado agua de las quebradas de mi comunidad de Shintuya en Madre de Dios a analizar a la OPS y el resultado fue que estaban asombrados de la calidad de esa agua, que era casi potable, a pesar que la guardé 15 días antes de llevarla para que la analicen, pensando que era la causa de las diarreas. De manera que mi discurso que era la mala calidad del agua lo que causaba las diarreas tuve que tirarlo al trasto de basura.
    Es necesario además caer en cuenta que los procesos que generan la pobreza se dan en la relación con la sociedad nacional, y es ésta la que induce la pobreza real de estos pueblos, por ejemplo porque:
    • Los servicios públicos de salud y educación no son pertinentes desde el punto de vista cultural y la gestión de la educación con contratos de 9 meses para los maestros genera una inestabilidad laboral que impide cualquier mejora pedagógica. En todo se impone la lógica de estado: en el currículo unitario (que se dice que es diversificable pero no lo es), en la formación unitaria del docente y en los materiales didácticos. De esta manera el estado se apropia de la educación y escamotea el derecho de los padres a criar a su manera a sus hijos. Y ahora quieren imponer la educación inicial para que todo empiece más temprano todavía. Si se quisiera hacer las cosas mejor, eso demandaría una gran inversión.
    • La legislación no reconoce legalmente los servicios educativos y de salud comunales que surgen de la iniciativa propia y así se invisibilizan; pero existen y las comunidades logran todavía que sus hijos sean miembros plenos de su cultura. Es decir, tienen mucho más éxito que los servicios estatales. Pero sus logros no son reconocidos: no hay un sistema de certificación profesional en base a la educación comunal, por ejemplo como guía de río o de bosque. Recordemos asimismo que el 90% o más de pacientes en el Perú acude a la medicina tradicional y no al médico. Pero solo la medicina académica está reconocida legalmente, la otra solo se la tolera y a veces se la persigue.
    • La cultura predominante constantemente inferioriza a las culturas indígenas, a sus sistemas de conocimiento y a sus sistemas de validación de conocimiento, y en consecuencia los subutiliza o ilegaliza (no reconoce el ejercicio de la medicina tradicional; somete la comprobación de los efectos curativos de las plantas medicinales a procesos sumamente costosos y totalmente en manos de la industria farmacéutica, que resultan en un provecho económico mínimo o nulo para los indígenas que dieron la idea inicial); de esa manera se impide que los pueblos indígenas puedan vivir de lo que realmente saben hacer y que el mundo demanda, pero el Perú no reconoce y facilita su uso.
    • La estructura de mercado es etnocéntrica y eco-céntrica; los productos artísticos de los pueblos indígenas amazónicos no tienen demanda nacional y los productos comestibles amazónicos tampoco. Por lo tanto su precio es muy bajo en el mercado. Eso parece un hecho neutral, pero no lo es. Porque es el resultado de la política educacional del país: nadie sabe nada de los pueblos del país. Nos desconocemos, y por lo tanto no podemos apreciarnos y menos pagar un precio justo por lo que no conocemos ni entendemos.
    • La legislación no protege efectivamente sus territorios, recursos y propiedad y por lo tanto no pueden movilizarlos como su capital para la construcción de su propio futuro. En la Amazonía no es el suelo, ni el terreno lo valioso, no se entiende por qué la legislación habla de suelos, cuando es el bosque parado el que vale. Este es el punto principal, porque la identidad de un pueblo y de su gente está en sus bosques y sus ríos. En el mundo occidental las personas reciben su identidad solo de la sociedad en que viven, en los pueblos indígenas la identidad es doble: hay una social y otra natural, un alter ego (otro yo) que vive en el monte. Desde su conformación como personas, pues tienen los elementos para manejar adecuadamente el medio ambiente, y su salud y bienestar psicológico depende de esa interrelación. Esa es la relación especial con los bosques y ríos que ya hace más de cincuenta años la ciencia (no solo la antropología), las instituciones internacionales, las empresas y todo el mundo reconoce y respeta, quizá porque en el futuro vamos a tener que implantar algo así para todos.
    • Sus territorios ancestrales son convertidos en un mosaico de territorios mínimos de supervivencia, por medio de una traducción del derecho consuetudinario a un derecho comunal, y el resto del territorio es declarado “de libre disponibilidad por el estado” para colonizaciones o concesiones forestales, concesiones mineras, petroleras o agricultura industrial. Pero los indígenas no han sido debidamente consultados ni compensados, lo que equivale a un despojo legalizado. Esto, a pesar de que el Convenio 169-OIT les confiere un derecho sus tierras y sobre el subsuelo, y por lo tanto participación en la ganancias. Pero el estado prefiere no normar la aplicación del Convenio y así quedarse con todo y disponer a su antojo de los ingresos; eso lo llama “soberanía”. Pero es la forma como se genera pobreza donde antes no la había.
    • La carencia de una institucionalidad democrática suficiente invisibiliza a los pueblos indígenas dentro de la administración pública, y no permite que existan las instancias de autogobierno de pueblo que tomen las decisiones correspondientes sobre sus recursos, sistema de salud, educativo y de derecho. Las comunidades nativas, por así decirlo flotan en la nada, no son parte de la administración pública, ni distrito, ni provincia ni región, ni nada, tienen que valerse por sí mismas. Si a algo se parecen es a una organización sin fines de lucro (ONG). Claro que se diferencian de las ONG, porque tienen sus tierras, pero solo las de aptitud agrícola, que será el 2 o 3% de lo que ocupan, el resto lo reciben como cesión en uso forestal, es decir prestado. Y casi ninguna está inscrita en Registros Públicos, de manera que no tienen asegurada su propiedad.
    • Esto es, donde tenemos regiones, departamentos y municipios, también se requiere un ámbito administrativo de pueblo indígena. Mientras el mundo admira que los pueblos amazónicos hayan manejado de forma sostenible el bosque, – si no estaría como está, porque todo está manejado, en el Perú no les damos la oportunidad de manejar el bosque de forma ambientalmente adecuada y por lo tanto no aprovechamos de sus conocimientos y habilidades, justo en un punto donde el mundo necesita a los indígenas para frenar el cambio climático o al menos mitigar sus efectos. Es decir el Perú no está cumpliendo con su misión estratégica de conservar el medio ambiente, por falta de visión de sus gobiernos. Y eso es motivo de preocupación también en los organismos internacionales y puede provocar reacciones fuertes.
    • La traducción del derecho consuetudinario al derecho comunitario distorsiona por lo tanto los derechos reales y los minimiza. Resultado: impedimos que la creatividad de los pueblos produzca su propia forma de desarrollo, en interacción con la cultura universal. Cuando alguien se defiende, se inmoviliza y no puede desarrollarse libremente.
    • Los procesos de planificación pública no son conducidos desde la perspectiva de un pueblo indígena, y por lo tanto los proyectos y obras que generan son tangenciales a la perspectiva de pueblo. El Convenio 169-OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas son boicoteados a pesar de los Presupuestos Participativos, porque allí se trata de la ejecución de obras de estado, no de planificar el destino de los pueblos indígenas y de proveerlos para su futuro. En consecuencia no se cumple con la legislación internacional.
    • El Gobierno Peruano no ha creado un solo proyecto de desarrollo que apoye a los indígenas amazónicos: todos los proyectos que apoyan a los indígenas amazónicos son de la cooperación internacional o bilateral. Eso es también una forma de discriminación.
    • El interés público está definido por proyectos nacionales etnocéntricos, que se orientan y ponen al servicio de la globalización como cultura del poder. Todo el sistema educativo peruano, por ejemplo, es etnocéntrico, porque lo que el Ministerio de Educación practica y considera de interés nacional es que todo peruano adopte la visión científica del mundo y la fe católica. Ese es el bagaje cultural mínimo de cada ciudadano peruano debería tener.
    Esto es surrealista, porque está totalmente alejado de la realidad peruana y mundial. En los centros de producción científica y tecnológica se vive desde los años ochenta una situación particular. Las reflexiones sobre epistemología (la teoría del conocimiento) han cuestionado el fundamento racional tradicional de la ciencia y por lo tanto estamos en una etapa de transición y de cambios. Los modelos de ciencia se orientaban tradicionalmente por la mecánica de la física, pero hoy día la biología y la ecología, que se ocupan del sistema de vida del Planeta Tierra generan otros modelos y concepciones, al igual que algunas ciencias humanas. La ecología, por ejemplo ha generado la política de conservación como la antropología ha generado a la política intercultural. Solo que la casta política en el Perú parece no haberse enterado de estos cambios.
    Sería una locura deshacerse de la ciencia y de la tecnología, pero tampoco podemos confiarnos de ellas: el diálogo con otras culturas y otras posibilidades de ordenar y generar conocimiento están abiertos. Esta sería una gran oportunidad para el Perú, para fomentar una investigación intercultural, pero el Ministerio de Educación no ha seguido estas sugerencias e insiste en su currículo monolingüe y monocultural con foto del Presidente de la República, y ya se olvidó de la propuesta de un currículo nacional intercultural del 2003.

    El artículo completo pueden encontrarlo en:
    http://unosodeanteojos.blogspot.com/2009/06/es-facil-acabar-con-la-pobreza-si-se.html

    David

  11. “El conocimiento es una aventura intelectual de la especie humana, no tiene barreras étnicas ni religiosas.”
    Eso es una hermosa idea mucho más utópica que la utopía andina o la utopía de la comunidad humana reconciliada.
    ¿Y los conocimientos subordinados?

  12. Por si acaso el artículo de Alberto Adrianzén al que se refiere José Cornejo no es el de “La izquierda en su laberinto” sino “Los indígenas como límite” de este último sábado 5 de setiembre por lo que le sugiero redireccionar el link hacia ese artículo.

  13. 1. Suscribo el último comentario del señor Roca. Agregaría a esto que hay momentos en la historia donde sí se hace necesario el rechazo a ciertas formas civilizatorias pues representan un serio impedimento para el surgimiento de otras nuevas. Esto ocurre en las etapas de revolución o cambio radical de parámetros o promesas fundacionales (algunos lo llaman paradigmas). En esas circunstancias se “sataniza” a la civilización anterior y se la toma como el modelo a cambiar y a contradecir. Ejemplos hay muchos, como el caso de la Edad Media europea, donde todo lo “anterior” se veía como malo y negativo versus lo “nuevo” o “moderno” que era lo llamado a sustituirlo. Igualmente, en nuestro medio, ocurrió este “cambio” (pachacuti) con la llegada del discurso europeo produciéndose la eliminación sistemática de lo andino.

    2. Ello no quiere decir que esto sea algo “bueno” o “malo” sino que son hechos propios de la historia que no están sujetos a nuestra propia voluntad. Si lo que queremos es un mundo nuevo debemos construirlo sobre la misma base que han usado quienes nos han precedido: sobre la negación del anterior y la afirmación del nuevo. Negar a Occidente y todo lo que ello conlleva puede parecer exagerado pero es algo que no podemos impedir. La Modernidad, cuando se impuso, no reparó en que ponía en la hoguera muchas cosas buenas que la era medieval tuvo, pero la necesidad de autoafirmación siempre resulta demasiado avasallante. La experiencia nos demuestra que no se puede construir un mundo nuevo si no muere el anterior por completo.

    3. La tarea de crear un mundo nuevo pasa, entonces, por crear primero las bases mentales que lo sustentan además de la nueva fe que lo iluminará (porque sin fe no se puede creer firmemente en lo que se vive). Este es, a mi entender, el trabajo de filósofos y pensadores quienes son los llamados a ser esos creadores de mundos mejores y que hoy más que nunca deben esforzarse por hacerlo. Tratar de preservar al moribundo no solo es tarea inútil sino retardadora y colaboracionista con el pasado que no quiere resignarse a dejar el poder. La mayoría de los filósofos europeos y norteamericanos andan en ese penoso esfuerzo de tratar de salvar lo insalvable: la civilización occidental. Mientras tanto los filósofos del nuevo mundo deben tratar de negarlo para consolidar así la llegada de esta nueva promesa para toda la humanidad.

    Muchas gracias.

  14. Estimados lectores de elmorsa

    Mi comentario al artículo de Beto Adrianzen tenía un propósito pedagógico, socrático, el de invitarnos a problematizar la manera como estamos pensando los procesos emancipatorios en América Latina y evitar caer en categorías y/o en oposiciones maniqueas que nos pueden conducir a cometer graves errores políticos.

    Me parece que en la discusión se confunden varios conceptos y se quiere pensar en delimitar de manera antagónica, irreconciliable cosas que no lo son. Se parte del supuesto de una oposición entre civilizaciones, la andina y la occidental. Se confunde la emancipación o la independencia de mecanismos de dominación económicos y políticos con una lucha entre civilizaciones. Nos olvidamos a menudo de que estamos discutiendo en español, no en quechua. Discutir en español nos hace de una cierta manera, occidentales, nos vincula con una tradición conceptual y cultural que fue hace 500 años extraña al mundo andino. Aunque esa tradición fue impuesta por la fuerza y la colaboración de nuestros antepasados, forma ahora parte de nuestra realidad. Nuestra lucha no es contra la civilización occidental, es contra mecanismos de dominación económicos y políticos. Hay efectivamente también un componente cultural, pero no lo podemos abordar de manera maniquea, no toda la creación cultural es imperialista, eurocéntrica, racista. En la cultura que nosotros consideramos occidental hay elementos que provienen de los pueblos originarios y que sirvieron de inspiración a formas culturales progresistas y de vanguardia. Los pintores como Gauguin y Picasso, acaso no se inspiraron de las formas artísticas de los pueblos de Polinesia y África. La música moderna no tiene una inmensa deuda con las formas musicales de los ritmos africanos. ¿Cómo entender el tango, el jazz, el rock, la salsa, la cumbia andina, sin el aporte de los ritmos afro? ¿Podemos delimitar que formas culturales son occidentales y eurocentricas? Debemos más bien aceptar, que desde diferentes formas artísticas, independientemente de su origen, se pueden expresar propuestas emancipadoras como se puede apreciar en el excelente documental sobre la música palestina realizado por el peruano Javier Corcuera, “Checkpoint Rock: canciones desde Palestina” que les recomiendo vivamente que vayan a ver.

    ¿Podemos afirmar por ejemplo que Internet es occidental, eurocentrico, racista, y que la lucha contra la dominación imperialista es también una lucha contra las computadoras e Internet? O debemos más bien distinguir entre conocimientos científicos y aplicaciones tecnológicas que pueden ser un instrumento de nuestra lucha emancipadora. Se trata por supuesto de aprender de los valiosos conocimientos empíricos alcanzados por los pueblos originarios, pero para enriquecer nuestro conocimiento y comprensión de la realidad peruana, no para oponerlos a una supuesta ciencia imperialista, racista y occidental.

    En el tema de la modernidad hay me parece muchos malentendidos. Este es un debate de ideas bastante complejo. Rápidamente pienso que al discutir sobre libertad, derechos, emancipación, estamos siendo de una manera o de otra, modernos, porque este tipo de ideas y de conceptos no existían en las formas de pensar pre-modernas. No estoy estableciendo un juicio de valor, de que estas formas sean inferiores, iguales o superiores a la moderna, estoy señalando una innovación, una diferencia en la manera de pensar que introduce el pensamiento que llamamos moderno. Se confunde a su vez la necesaria crítica a la forma como algunos intelectuales europeos han pretendido justificar “la excepcionalidad occidental de la modernidad”, lo que se califica de eurocentrismo, con el hecho de que todas las ideas modernas sean eurocentricas. Como he señalado anteriormente, esto no es correcto ni tan maniqueo como algunos intelectuales de la colonialidad lo quieren presentar.

    Buscamos un camino para salir de los mecanismos de dominación imperialista en que estamos inmersos. Pensar la complejidad de los problemas que esta dominación nos plantea y evitar falsas oposiciones ha sido el objetivo de mi intervención. Agradezco a todos sus comentarios y espero que este intercambio de ideas les haya sido provechoso.
    Lima, 11 de setiembre, 2009
    José F. Cornejo

  15. Como dijo Benjamin, “no hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie”. Por cierto, el texto de Cornejo parece desprenderse de esta tesis de WB.
    Al final, el culturalismo, aunque entretenido, es sumamente estéril para el análisis. ¿No sería más conveniente y retador preguntarse, con sencillez -aparente- dónde están los opresiones y dónde l? ¿dónde el martillo y dónde el yunque?

  16. Gracias por publicar la carta anterior de José Cornejo… ayuda bastante a aclarar la discusión. Buen tema…

  17. Bahh un libro para sociólogos de escritorio, y que se creen el cuento de ejercer de bufones pseudo intelectuales; es increible la forma de perder el tiempo de algunos

  18. Es muy cierto lo que dice Cornejo en su última comunicación, pero a la vez me parece que sería mucho más refrescante no apoyarse tanto en ejemplos provenientes del arte y de la “sociedad de la información”. Creo que ya está más o menos claro que las músicas se mestizan y remezclan, que Internet tiene espacio para expresiones diversas, etc. Pero ¿qué hay de intervenciones más directas del poder establecido sobre nuestros cuerpos y mentes? Pienso en los sistemas de salud y educación, y no sólo los estatales. ¿Acaso no hay una medicina oficial y medicinas subordinadas? ¿Y una racionalidad oficial enseñada en las escuelas? ¿Y religiones oficiales? Es en esos campos que veo mucho menos clara la idea (que antes califiqué de utópica) del conocimiento humano como una aventura colectiva sin fronteras (¿ni jerarquías?)

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