Hoy Carlos Meléndez escribió su columna dedicada al tema de los arrepentidos. Cito algunas líneas, y aunque no concuerde con el final, recomiendo su lectura:

“El declive del accionar de Sendero Luminoso se debió a una derrota militar y no fue un producto de un acuerdo político. A diferencia de otros casos –como el M19 en Colombia–, el abandono de las armas por parte de un gran sector de subversivos fue promovido por una estrategia de “arrepentimiento” desde un gobierno crecientemente autoritario (Fujimori), y desde la perspectiva de un vencedor militar que concentraba el poder y hegemonizaba el sistema político. El proceso de “desmovilización” no fue transparente y estuvo guiado por los intereses políticos del fujimorismo. No fue colectivo, sino en muchos casos se realizó a través de negociaciones individualizadas. No es casual que, en varias oportunidades en el interior del país, encontré a ex cuadros “arrepentidos” trabajando a favor de la maquinaria clientelar del fujimorismo. Ante la falta de mediadores políticos, el fujimorismo absorbió de todo (ex cuadros de izquierda, ex apristas), incluyendo a ex miembros de Sendero Luminoso y del MRTA (ver región San Martín).” (Sobre arrepentidos y confesiones, Jorobado de Notredame)

A mi, la verdad, que la investigación periodística de El Comercio me pareció irresponsable. Es decir, podría ser efectivamente lo que dijeron, que la ahora parlamentaria andina Elsa Malpartida, fue un “cuadro” (aunque como señala bien Alberto Adrianzén, cuadro es otra cosa) o “mando político” de Sendero Luminoso en la zona (ver artículo de Óscar Castilla). Sin embargo, una vez más (la vez anterior fue con el caso del programa Juntos) el referido diario se manda, sin contrastar, sin preguntar a expertos sobre el tema ni nada. La parte más oscura del referido artículo se encuentra en las siguientes líneas (los destacados son míos):

“Fuentes del lugar, que por ahora guardan el anonimato, revelaron a este Diario que la integrante del Partido Nacionalista Peruano no solo fue un mando logístico más del grupo terrorista del Alto Huallaga, sino que también conocería personalmente al prófugo “Artemio”. Según las mismas fuentes, Malpartida habría tenido contacto, hasta hace algunos años, con este sanguinario terrorista y con sus principales secuaces, aun cuando ella misma lo rechaza con una respuesta negativa que, a la luz de los hechos, resultaría inverosímil.” (Elsa Malpartida integró Sendero Luminoso bajo el mando de “Artemio”, El Comercio)

El Comercio, al final, termina mandándose con una serie de condicionales bastante irresponsables, ya que algún policía inepto o juez influenciable podría tomar esta información como cierta y proceder a un acto injusto. John Caro, ex jefe de la Dirección Nacional contra el Terrorismo, DINCOTE, en la época de Fujimori, comentó reciéntemente que cuando él ve a la parlamentaria Malpartida “estoy viendo a una terrorista”. Confirmamos nuevamente los abusos cometidos durante esos años y los anteriores.

Como dije, el tema de los arrepentidos es complejo y merece algo más de profundidad. Quizá mirar trabajos de investigación realizados sobre el arrepentimiento, las rondas campesinas, el apoyo campesino a Sendero Luminoso y luego el combate de este mismo sector contra el terrorismo. Vale la pena leer la investigación de Juan Carlos Guerrero en Tulumayo, Junín:

La cuenca del Tulumayo comprende a los distritos de Comas, Cochas y Mariscal Castilla, ubicados todos en la provincia de Concepción. Sendero Luminoso sentó sus reales en la zona desde fines de 1987 hasta los primeros meses de 1990, cuando fue desalojado por las rondas campesinas del lugar. El primer ataque de sus columnas se produjo a mediados de 1987, y en los meses siguientes estos se incrementaron dramáticamente. En Comas, una columna maoísta atacó el puesto de la Policía Nacional. Los policías abandonaron el lugar, con lo cual dejaron literalmente el campo libre a Sendero. En poco más de dos años de presencia y asentamiento en la cuenca, las columnas maoístas organizaron a las comunidades en Comités Populares y nombraron delegados o “comisarios” a los comuneros más jóvenes y con ascendencia y a algunas ex autoridades comunales; realizaron acciones de propaganda, hostigamiento, destrucción de infraestructura pública y privada, bloqueo de carreteras y aniquilamiento de elementos contrarios a su causa, es decir, de autoridades comunales, municipales, judiciales y políticas o pobladores, muertos generalmente en ataques sorpresa o en ejecuciones públicas a las que llamaban “juicios populares”. […]

…se organizó militarmente a la población. Los pobladores que se quedaron en el lugar fueron distribuidos en pelotones por los mandos locales. La organización militar imperaba sobre todo lo demás, con la población sujeta al permanente control de los mandos político y militar de la Fuerza Principal, sin descuidar detalle alguno. Los mandos locales daban cuenta a la Fuerza Principal, regularmente, de todo lo acontecido en su ausencia. […] Cada “organismo generado” contaba con un mando militar, un mando político y un mando logístico. Cada uno de ellos se relacionaba con sus similares de la Fuerza Principal. […]

El hambre y la desesperación aumentaban entre los pobladores, ya que lo poco que tenían debían entregarlo a los integrantes de la Fuerza Principal. “El hambre crecía día a día.” “Ya se vivió una desesperación caótica, ya no había nada que comer.” En cambio, los integrantes de la Fuerza Principal no pasaban hambre o, en todo caso, no en el mismo nivel que la población. “Ellos qué iban a pasar hambre, si de nosotros vivían… Ellos pedían cualquier cosa y se les tenía que dar.” […]

Un mes después cundían el hastío y la desesperación entre la población, incluyendo los mandos de la Fuerza Local. La pregunta general era: “¿qué hacemos?”. A mediados de diciembre, entre el 15 y el 20, se reúnen algunos pobladores y antiguas autoridades locales con la intención de organizarse de alguna manera para enfrentar a los subversivos, en la comunidad de Talhuis primero y en la de Mamac después. (Las guerras del Tulumayo y las transformaciones del poder local en el marco de la guerra contrasubversiva en Junín, Juan Carlos Guerrero)

La historia termina con el pase de estos “mandos locales” de Sendero Luminoso a las rondas campesinas, la alianza de estas con el ejército y la derrota política y militar de Sendero en las alturas de Concepción (con sus momentos gore, además). Varios de los jóvenes captados en aquella época tienen ahora cargos dirigenciales y políticos en partidos de distintas carpas y tendencias.  No es para nada una situación exclusiva de Junín, sino que se repite en mayor o menor medida en la sierra y selva central. Estos temas fueron investigados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y están allí los informes, testimonios y entrevistas realizados.

Ojalá pueda releerse lo de Malpartida, Sendero Luminoso y la participación campesina de una manera más responsable.

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