Lo que ha resaltado Luis Carlos Burneo es algo que va más allá del alcalde miraflorino (y su fujimontesinista jefe de seguridad, tal como ha sido también denunciado por Juan Luis Hurtado).

Cada distrito va cercándose sobre sí mismo. Vecinos de Los Olivos, La Molina, Surquillo, etc., van al malecón ubicado en el distrito de Miraflores a disfrutar del aire libre, para correr, caminar, ver el sunset, montar skate. Y claro, los vecinos se quejan, fuchi, vete de aquí, no quiero gente no-miraflorina en mi distrito. Se quejan con su alcalde distrital, y este reacciona (y, como se señaló, tiene a su gente de seguridad que viene de los años oscuros del fujimontesinismo).

Lo de Miraflores y Masías (y los vecinos que están con él, que existen) responde a una mala y equivocada forma de ver la ciudad: El malecón no es de Miraflores, no es su malecón, es el malecón que forma parte de la integralidad de la Costa Verde, y como tal, es parte de un espacio público de la ciudad.

Como se ha dicho en muchos otros lugares, Lima es de las pocas capitales en el mundo que cuenta con un litoral, con una playa y con un malecón, pero tal como están planteadas las reglas de juego, son los distritos los que hacen lo que les da la gana. No hay una mirada integral del espacio público.

No sé, como si, por ejemplo, los vecinos de Palermo, en Buenos Aires, restringieran la entrada a los Bosques que allí se encuentran. Un absurdo. Visto así, lo que ha pasado en Miraflores no es un problema solamente de un alcalde, sino que es algo que compete a todos los vecinos de la provincia.

Mientras tanto, la televisión todos los días nos bombardea con imágenes de una ciudad insegura. Y, por ello, no pocos vecinos de Miraflores están felices de botar a tanto skater que no es del distrito.

Pero, bueno, en este país cada alcalde hace realmente lo que le da la gana y no pasa nada.

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