No sé. Yo también tengo una cuestión sobre esto La Hora del Planeta. Sí, es cierto, hay que cambiar ciertos hábitos y patrones de consumo y de vida. Pero tampoco debemos olvidarnos de lo sustantivo. Comparto un texto de Nino Bariola sobre el tema (publicado también en Enfoque Derecho):

El sábado de 8:30 a 9:30pm, sin que medie la flojera, prende la lavadora y lava toda la ropa que tienes acumulada de la semana; prende luego tu secadora y seca todo lo lavado; prende la plancha y plancha los polos, pantalones, faldas, medias, calzones y calzoncillos de toda tu familia; prende tu terma eléctrica para, luego de la ardua labor doméstica, darte un buen baño caliente -déjala prendida por si alguno de los familiares se quiere bañar más tarde; si tienes la fortuna de tener aire acondicionado, no dudes en prenderlo -luego del baño, no querrás sudar el calor veraniego; si no lo tienes, sírvete prender los
ventiladores que tengas disponibles pues anuncian que el sábado será un día calurosísimo.

osopolar

Los osos no son lo central, y me molesta la gente que se apropia de su tierna imagen para conmover a las masas y generar conciencia en sentidos apolíticos y banales para el contexto latinoamericano. El potencial de medidas como esta para influir en cambiar el statu quo es pobre y limitada. Y así dispuesta esta iniciativa es funcional a la representación de nuestra región como el “patio trasero” del Norte: allá se piensan las medidas y políticas, y aquí se emulan irreflexivamente.

Las problemáticas que debemos enfrentar, aquellas sobre las que deberíamos generar conciencia con fortaleza y cambios políticos son, más bien, el cambio de uso de suelos, la deforestación y la agricultura migratoria. Estas problemáticas son las que azotan con mayor dureza y ponen en riesgo la pervivencia de nuestra Amazonía. Desatenderlas y negarse a apreciarlas con la profundidad debida (es decir, sin preocuparse por la FORMA en la que las dinámicas del capitalismo contemporáneo se articulan localmente, por el hecho de que la economía nacional está basada solamente en la exportación de materias primas sin que medie desarrollo del mercado de consumo local ni de la industria nacional, etc.) constituye un ejemplo más del interpasivo y frenético voluntarismo apolítico que tiende a caracterizar la actividad oenegera.

Hacer algo sin hacer nada es la peor forma de actuar pues permite a quienes se benefician del statu quo sostener falsamente que se están llevando a cabo acciones para cambiar el rumbo de las cosas. A eso es mejor resistirse, cruzarse de brazos y ver cómo el mundo termina. La opción, justa, necesaria y quizás ilusa, es politizarse, preocuparse por los asuntos de fondo y orientar nuestro accionar a las temas que verdaderamente importan, aquellos que no solo servirán para salvar una o dos especies de osos, sino que nos permitirán hacer una verdadera revolución.

Más:
Inambari (Actualidad Ambiental, SPDA)

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