Derribando muros


The Wall de Pink Floyd, versión Second Life (foto de Gary Hayes, algunos derechos reservados)

Ayer se presentó Derribando Muros (2010) en la UPC, libro de Biondi, Zapata y Miró-Quesada. El punto de partida es que hay que aceptar que la sociedad cambió con la llegada de lo que Biondi y Zapata llaman la electronalidad. Otros autores, como Mark Warschauer o James Paul Gee (más cercanos a los Nuevos Estudios de Literacidad), hablan más bien de literacidad digital.

En el argumento de Biondi y Zapata (responsable de la primera parte del libro, de alcance más teórico), se ha pasado de la oralidad a la escribalidad (siguiendo más a Havelock que a Goody, dos autores recurrentes en el argumento de Derribando Muros) y de allí a la electronalidad. Una cadena evolutiva, donde las técnicas de comunicación y memoria van marcando diferencias en las formas de vínculo social. Sociedades orales más religiosas, sociedades escribales más laicas, sociedades electronales vuelta a lo oral. Más o menos, burdamente, es el argumento de Biondi y Zapata.

Los Nuevos Estudios de Literacidad (hay varios textos recopilados en el muy buen libro Escritura y Sociedad, editado por Virginia Zavala, Mercedes Niño-Murcia y Patricia Ames) plantean, más o menos, que no hay una sino muchas formas de literacidad, que hay intersecciones de lo escribal y lo oral, que no son etapas que se cancelen una a otra, sino que podemos encontrar, incluso en sociedades aparentemente escribales, formas de literacidad vernacular, literacidad oral (valga la contradicción), etc. Esto porque la literacidad, según la perspectiva de los NEL, es una práctica social, una práctica que se enmarca en procesos y contextos sociales.

He allí el problema del libro. De hecho, ya hay bastante escrito y discutido sobre esto que se llama “literacidad digital” o “electronalidad”. El texto ya clásico de Mark Warschauer, Technology and Social Inclusion, hace énfasis en los múltiples procesos de apropiación de lo digital. ¿Un niño que usa internet para jugar en línea está aprovechando menos las nuevas tecnologías que otro que hace la tarea usando Wikipedia? Warschauer relativiza la posible respuesta, señalando que primero debemos analizar las competencias que ambos niños están desarrollando. En la misma línea, James Paul Gee analiza el desarrollo de capacidades a través de juegos de rol o first-person shooter.

No solamente encontramos lo conversacional u oral en las formas de literacidad digital, sino también lo gráfico, lo multimedia, lo hipertextual. Son las hipermediaciones de las que escribe Carlos Scolari. O la cultura de la convergencia de Henry Jenkins. Los nuevos medios y los viejos medios han colisionado. Para el caso local, los videos que sube “Joel” (Erick Elera, en Al fondo hay sitio), que cobran vida más allá de la pantalla. Es todo un universo de prácticas y usos, diferenciados interseccionalmente (clase, género, generación, etnicidad, etc.). El tema es cómo exploramos ese nuevo mundo, reconociendo, en primer lugar, nuestro lugar foráneo. Somos extraños en el mundo de los nativos digitales. Y desde afuera, todos se ven iguales.

¿Morirá el libro en el mundo de los nativos digitales? Quién sabe. Varias de las intervenciones del público fueron hacia una versión romántica sobre el libro (no la lectura solitaria, silenciosa y activa, sino sobre el soporte físico del libro, papel, forro, portada, contraportada). Sigo sosteniendo que hay allí dos cosas distintas. Hay soportes que han dejado de ser útiles con el tiempo, por muchas razones. Por ejemplo, para sacar al arqueólogo que llevo dentro, los huaco-escultóricos mochica como forma de memoria gráfica en el siglo V de nuestra era. O las tabletas de cera de la Edad Media, que describe Roger Chartier. ¿El soporte incide en la práctica? Claro. Sin la masificación del libro (y sobre todo de la imprenta) no hubiera habido tampoco desarrollo de la conciencia de clase obrera en Inglaterra durante el XIX. Pero, hay formatos y soportes que van convirtiéndose en piezas de museo. En el corto plazo, evidentemente el libro seguirá teniendo vida. En el largo plazo, podemos imaginar qué formatos y soportes usará la gente del futuro (sobre todo con la creciente deforestación mundial).

Lo que no morirá es algo que ha perdurado tanta sociedad oral y escribal: El acto de escuchar y contar historias.

Hay cuestiones que son inmortales.

Regresando al libro. Su aporte no es tanto la novedad de los temas. Sino la voluntad por seguir abriendo la discusión.

Más:
Sitio Web del libro Derribando Muros
Lo que se dijo/dice del libro Derribando Muros en Twitter

Perútags:

4 thoughts on “Derribando muros

  1. “¿El soporte incide en la práctica? Claro. Sin la masificación del libro (y sobre todo de la imprenta) no hubiera habido tampoco desarrollo de la conciencia de clase obrera en Inglaterra durante el XIX.”

    Ese encadenamiento es bastante revelador (aunque la imprenta y la masificacion, por el abaratamiento del papel y la produccion industrial, son dos cosas y periodos diferentes), sobre todo cuando se cae en la tentación de ver esencialismos en todos lados (por ejemplo “el libro”, “la novela”, etc). “Cómo” y “qué” se transmite depende del soporte, y el “qué” permite los cambios sociales.

    ¿Morirá el libro como artefacto? Yo casi lo daría por hecho (pero no creo que sea por la deforestación), aunque seguramente viviremos un largo tiempo de co-existencia entre lo digital y el papel. El libro, gracias a internet, está revelando sus serias limitaciones: no tiene search y mudarlos es francamente penoso.

    Sin embargo, también sería interesante tomar en cuenta qué es aquello que permanece incluso en contra del soporte, es decir, como resistencia a esa neofilia que dice que ahora hay éticas distintas, formas de privacidad distintas, valores distintos, etc.

    saludos

  2. Hola Luis, qué tal.

    Es cierto, he juntado varias décadas en un párrafo, y se da mal a entender que la imprenta y la masificación son cosas casi instantáneas. Quería resaltar la continuidad del proceso.

    Yo sí soy de los que cree que hay un proceso de cambio, y eso incluye una ética distinta (en el sentido weberiano, cuando escribía sobre la ética protestante y su influencia sobre el capitalismo temprano), que es algo muy distinto a decir “uy, otra ética, ampay me salvo” (siempre la tentación estará allí). También pienso que cierto discurso moderno se ha agotado, y que todo esto de la postmodernidad (que ya suena tan vetusto) ha sido o es el espíritu de estos tiempos de cambio. El romanticismo “pro-libro” creo se enmarca mucho más en esa idea utópica postmoderna, que en una defensa racional/desencantada que más bien es propia de la modernidad.

    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *