Víctor Vich envía una carta abierta, sobre el último atentado de Manuel Masías, esta vez sobre el monumento a las víctimas de la calle Tarata. Como se recordará, Masías, siempre de manera oportunista, se ha querido montar sobre el dolor de las personas frente al terrorismo. Allí están sus protestas iniciales contra el Museo de la Memoria o contra el domicilio legal de la excarcelada Lori Berenson. Todo se borra cuando estampa su nombre prepotentemente sobre la escultura, que debería recordar a las víctimas y no a él.

Dejo el envío de Víctor:

¿Qué tienen estos alcaldes que se les da por clavar su nombre en cuanta obra realizan y en cuanto lugar restauran? ¿Son ellos quienes verdaderamente “realizan” esas obras o más bien deberíamos entender que todo lo que ejecutan lo hacen por encargo de sus votantes y entonces deberían concebirse a sí mismos no como protagonistas de los hechos sino como simples servidores de la población que los eligió? Pero, claro, eso es pedir “peras al olmo” pues ya sabemos que la política en el Perú se encuentra totalmente inmersa en la “sociedad del espectáculo” y que el poder y el ansia de figuración es lo único a lo que aspiran nuestros políticos criollos. Uno de ellos es el actual alcalde de Miraflores.

Aunque ya estamos acostumbrados (y hasta deprimidos) a que sigan sin aparecer líderes con nuevas formas de hacer política, llega un momento en que hay cosas que no pueden aceptarse desde ninguna posición política. Me refiero, en este caso, a la utilización de las muertes producidas por un atentando terrorista para sacar réditos políticos. De manera absolutamente obscena (no se qué otra palabra puede utilizarse), el alcalde Manuel Masías ha impreso su nombre en el monumento recordatorio al atentado de la calle Tarata. Se trata de una falta de respeto a las víctimas, de un narcisismo demencial y de un mal uso de nuestros recursos públicos.

Recordemos: luego del bombazo, la calle se volvió peatonal y ahí se erigió un monumento que destacaba por su sobriedad y elegancia; un lugar de memoria para nunca olvidar lo sucedido. Pero sucede que, de buenas a primeras, el alcalde Masías no solo ha tenido el mal gusto de “reinagurar” el monumento convirtiéndolo en una burda pileta turística (hoy los alcaldes optan por lo más fácil que es construir piletas por todos lados y son incapaces de convocar a concursos de escultura o de articularse con los artistas de sus distritos) sino que Masías ha colocado su nombre, en el centro mismo del monumento, a fin de asumir todo el protagonismo posible.

Monumento Tarata 2008
Antes

Monumento Tarata 2010
Hoy

Monumento Tarata 2010
Hoy

Parece increíble pero es cierto: ahí no figuran los nombres de las víctimas, ni la del escultor que realizó la obra, sino que solo observamos el gran nombre de Masías. Increíble pero cierto. ¿Por qué el alcalde decidió restaurar ese monumento y no otros del distrito que sí están en muy mal estado como el mural de Ricardo Wiesse o a la magnífica escultura de Sonia Prager que continúa hongueándose en el malecón? ¿Cuál fue su interés? ¿Por qué en el coliseo del Voley de Miraflores aparece su nombre por todos lados? ¿No está eso prohibido?

Esta ansiedad que Masías tiene por imponer su nombre es múltiple. Meses atrás no era raro descubrir viejas quintas miraflorinas que exhibían curiosos letreritos con la frase “Gracias Dr. Masías” casi en el estilo de la vieja cultura de las haciendas y de los peones frente a sus gamonales. De hecho, la religión católica nos ha enseñado que lo que uno hace con la mano derecha no debe saberlo la izquierda (Mt 6, 3), pero ya sabemos que las clases altas en el Perú han convertido el cristianismo no en un reto ético sino en la pura defensa de sus privilegios e intereses.

No es posible que el nombre de Masías continúe inscrito en ese monumento que recuerda un hecho dramático que nos involucra a todos y donde no cabe ningún protagonismo. Debemos protestar colectivamente. Debemos censurar esa obscenidad.

Víctor Vich – DNI 09389668

Así, como Masías, es bien bonito jugar con la memoria de los demás.

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