El escudo de la ciudad de Lima, ad portas del bicentenario de su independencia y fundación republicana, conserva su forma y esencia colonial. Mantiene la marca de la realeza española con las iniciales I K (Isabel de Portugal y Carlos I de España, reyes españoles en esos tiempos), además la frase en latín que traducida al castellano quiere decir “este es el verdadero signo de los reyes”. Tres coronas representan a los reyes magos y la estrella que les marcó el camino.

¿Cómo es posible que la independencia no haya marcado un cambio de rumbo a nivel simbólico? ¿Por qué la sola mención a un necesario cambio genera en muchos una resistencia? ¿Es acaso un rezago atávico colonial? Paulo Drinot llamaba a esto (a raíz del traslado de la estatua escuestre de Francisco Pizarro) una conciencia histórica esquizofrénica.