
La invención de la imprenta suprimió el anonimato, estimulando ideas de fama literaria y el hábito de considerar el esfuerzo intelectual como propiedad privada. Las reproducciones mecánicas del mismo texto crearon un público… un público lector. La naciente cultura orientada hacia el consumidor se ocupó de rótulos de autenticidad y protección contra el robo y la piratería.
La idea de la propiedad literaria, del copyright -”el derecho exclusivo de reproducir, publicar y vender el contenido y la forma de una obra literaria o artística”- había nacido. La xerografía -selector de cerebros que puede usar todo el mundo- anuncia los tiempos de la edición instantánea. Cualquiera puede ser escritor y editor. Tome unos cuantos libros sobre cualquier tema y hágase un libro a su medida, copiando simplemente un capítulo de uno, un capítulo de otro… ¡un robo instantáneo!
Cuánto más entran en juego las nuevas tecnologías, menos y menos convencida está la gente del valor de la expresión individual. El trabajo en equipo sucede al esfuerzo privado.
Un recurso repetidor, repetidor.
Un recurso repetidor, repetidor.
Un recurso repetidor, repetidor.
Un recurso repetidor, repetidor.
Un recurso repetidor, repetidor.
Tomado de: Marshall McLuhan y Quentin Flore. El medio es el masaje. Un inventario de efectos. 1988. Paidós.
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