El monopolio heterosexual del matrimonio

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Afiche: rEVOLución. Tomado en las calles de Buenos Aires, durante los días de la aprobación del matrimonio gay en Argentina. Algunos derechos reservados.

Ho Amat y León, historiador y activista guei de la Red Peruana TLGB, desde el blog Cartas de Urano, le da una respuesta demoledora a Uri Ben Schmuel, director del Diario La Razón, sobre la posibilidad del matrimonio gay en el Perú. Schmuel, qué duda cabe, defiende una idea “natural” del matrimonio. Amat y León le responde apelando a la historia y a la evidencia. Copio algunos párrafos y recomiendo su lectura completa:

Con relación al matrimonio entre homosexuales, usted arguye que en otras sociedades y culturas si bien había cierta permisividad hacia las prácticas homosexuales, y cita como ejemplo la antigua Grecia, ninguna civilización había practicado uniones entre personas del mismo sexo, lo cual no es verdad. En la Europa de la edad media la iglesia celebraba uniones entre varones (léase “Las Bodas de la Semejanza” de John Boswell) y en el África occidental, hasta el siglo XX, algunos pueblos bantúes admitían el casamiento entre mujeres (léase “De la Familia: una visión etnológica del parentesco y la familia” de Francois Zonabend).

Es decir que, contrariamente a lo que usted cree, en otras sociedades y culturas no solo se permitían las prácticas homoeróticas, sino que también se permitían las uniones entre personas del mismo sexo. El proceso de medicalización y patologización de la homosexualidad recién data de mediados del siglo XIX (léase “Teoría Torcida” de Ricardo Llamas”) y en siglos anteriores, las prácticas homoeróticas eran consideradas pecado, porque para los cristianos de la edad media, el sexo solo cumple una función reproductiva, no placentera (léase “Variación Sexual en la Sociedad y la Historia” de Vern Bullough). Actualmente ningún sexólogo reputado considera que el placer sexual sea negativo o ilegítimo.

En el pasado las iglesias cristianas consideraban pecado el préstamo con intereses, la independencia de la mujer y las prácticas homoeróticas (o inclusive el placer sexual heteroerótico), mientras respaldaban los matrimonios forzados, la esclavitud y la pena de muerte. Es decir, las cosas cambian. Su argumento de que si antaño, dado que no había matrimonios entre homosexuales, tampoco debe haberlos en el presente, es francamente reaccionario. Siguiendo ese obtuso razonamiento, como en el pasado las mujeres y el campesinado no tenían derechos, ahora tampoco deberían tenerlos. (En respuesta a Uri Ben Schmuel, Ho Amat y León)

El texto es muy bueno y es, como se dice, un mataburros.

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