En el país del no-pasa-nada, noticias como esta deberían llamar a la movilización de medios, periodistas, partidos políticos y líderes de opinión. Hace unas semanas ya fue propalado en distintos medios la “requisa” al penal Santa Mónica, donde se encuentran varias mujeres condenadas por terrorismo. Una requisa, que no solamente no contó con la aprobación de la directora de dicho penal, sino donde además, se practicó impunemente una serie de actos vejatorios dentro de la modalidad de violencia sexual contra las mujeres. IDL-reporteros tiene los detalles, pero quiero copiar/pegar algunos párrafos que muestran la brutalidad de la acción:

La primera zona registrada fue el tercer piso, donde viven las senderistas. Ni bien iniciada la requisa, ésta se perturbó de inmediato con el anuncio de la revisión vaginal. “Fui la primera interna a la que se le hizo este tipo de revisión”, dice Maritza Garrido Lecca, “y lo increíble es que al quejarme ante la fiscal me ignoró y le dijo al personal del Inpe-Goes: Actúe, actúe, actúe”.

Garrido Lecca sostiene que fue hurgada internamente tres veces sin los cuidados correspondientes y frente a policías de sexo masculino ubicados en las rejas de su celda. […]

Otra reclusa, Edith Espinoza Montano -una interna senderista del ala B, sostuvo que funcionarios de penales de ambos sexos la desnudaron a viva fuerza y le “revisaron” la vagina ante una fiscal, que instaba a actuar al personal de penales.

En el tercer piso, hurgaron la vagina de varias otras detenidas –coincidentemente entre las más jóvenes–. Tanto Maruja Arango Chávez, Miriam Espino Salinas, Yohany Espinoza Vinces, Carolina Córdoba Alzamora, Marisol Venturo Ríos como Sara Vallejo Vásquez, sostienen haber pasado por ese trance. […]

A todas les pidieron que se bajen los pantalones. Una interna que pidió reserva de nombre, dijo a IDL-Reporteros que “al filo de la medianoche nos hicieron bajar al patio y luego nos obligaron a bajar la trusa. Fue todo muy humillante porque en esas condiciones nos hicieron ‘ranear’ en el patio”. […]”

¿Y el médico legista? ¿Pintado? El informe de IDL-reporteros continúa:

La médico legista Silvia Ganoza Ching recibió, alrededor de las ocho de la noche, una llamada pidiendo “apoyo vaginal”. Otras personas hubieran podido confundirse sobre la naturaleza de dicho apoyo, pero la médico legista sabía de qué se trataba, puesto que se constituyó de inmediato al penal.

El cuaderno de ingresos registra que llegó a las 8.37 pm y salió a las 9.55 pm. Pero, la médico legista no entró al Pabellón B.

“No hemos hecho ningún examen”, dice Silvia Ganoza, “yo no he hecho ningún examen vaginal. Pidieron el apoyo del médico legista para apoyo vaginal [sic] pero no se llevó a cabo, porque cuando ya se llegó las reclusas ya no se querían hacer el examen…Yo médico legista, la doctora Silvia Ching, no he hecho ninguna revisión”.(Requisa psicosocial, IDL-reporteros)

Y luego se preguntan por qué el estado peruano termina pagando indemnizaciones a condenados por terrorismo.

¿Qué? ¿Cómo? Sí, según los antecedentes en el mundo, una violación es todo acto de “invasión física de naturaleza sexual cometida contra una persona bajo circunstancias de coerción”, a partir del Tribunal Penal Internacional para los crímenes cometidos en Rwanda (Comisión de la Verdad, Violación sexual contra la mujer, 2003)

Además de lo legal, existen otras dimensiones de este crimen, que tienen que ver con la vejación de las reclusas, la humillación, “derrotarlas” en el plano psicológico, destruirlas moralmente (ver documento Violaciones sexuales en el mundo, DEMUS). La violación sexual, a lo largo de la historia, ha servido para eso, el puntillazo final de las guerras, una especie de eugenesia perversa. Durante el conflicto armado interno, la Comisión de la Verdad registró 538 casos de violaciones sexuales, la mayor parte, sino casi la totalidad, cometidos por miembros de las fuerzas armadas. El caso más dramático fue el de los centros poblados de Manta y Vilca, donde los miembros de las fuerzas armadas cometieron sistemáticamente violaciones sexuales desde la propia instalación de la base militar en dicha zona, desde el año 1984 hasta su desactivación en el año 1995. El juicio avanza lentamente, sobre todo por la negativa de las autoridades del ministerio de defensa por entregar información.

Actualización:
No es la única denuncia en estos últimos tiempos. César Hildrebrandt Chávez presenta denuncia de abuso sexual también en Penal Santa Mónica.

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