Nos encantan las conspiraciones. Nos pasamos horas y horas discutiendo si esto beneficia a tal o cual candidato, y ensayamos alucinadas maniobras tipo: La aparición de los audios de LF beneficia a SV porque con eso esta última ganaría y así investigaría a LC con lo que KF ganaría las presidenciales. Alguien retrucaría que no, que no es así, que ya vio la jugada maestra, que es cierto que SV gana, investiga a LC, pero también así OH se queda sin competencia en determinado espectro de la política, y él sería el beneficiado. O quizá no OH, sino AT. Otros, mucho más avezados, piensan que en realidad se trató de un autochuponeo porque así LF tendría una imagen más humana (sic), luego quedaría como víctima, arrastrando el histórico voto compasivo (sic) del elector limeño.

It's All A Conspiracy

Todo es una conspiración, por Craig Rodway. Algunos derechos reservados.

En fin, todos nos sentimos Batman o Sherlock Holmes, tratando de capturar a un elusivo Joker o Moriarty.

Por suerte, de todos los comentaristas sobre este tema del chuponeo, uno de los más inteligentes ha sido Umberto Eco, quien escribió sobre el tema hace ya más de tres años. Cito algunos párrafos y recomiendo su lectura completa:

“La psicología del complot surge del hecho de que las explicaciones más evidentes de muchos hechos preocupantes no nos satisfacen, y a menudo no nos satisfacen porque nos duele aceptarlas. Pensemos en la teoría del Gran Viejo tras el secuestro de Aldo Moro: ¿cómo es posible —nos preguntábamos— que un grupo de jóvenes que rondan los treinta años hayan podido concebir una acción tan perfecta? Deben tener detrás un cerebro más refinado.

La interpretación en plan sospecha nos absuelve de alguna manera de nuestras responsabilidades porque nos hace pensar que se esconde un secreto detrás de lo que nos preocupa, y que la ocultación de este secreto constituye un complot en contra de nosotros. Creer en el complot es un poco como creer que uno se cura por un milagro, salvo que en este caso no se intenta explicar una amenaza, sino un inexplicable golpe de suerte (véase Popper, su origen está siempre en el recurso a la mente de los dioses).” (El síndrome del complot, Umberto Eco)

Eso no quita que si hay que denunciar penalmente a alguien por un delito en tu contra, hazlo. La columna de Patricia del Río insta, por ejemplo, a Lourdes Flores a que se deje de cálculos políticos y que si cree que hay responsabilidades personales, que denuncie.

Pero claro, es mejor echarle la culpa a una conspiración de fantasmas que asumir las propias responsabilidades. Como creer que ser repetidamente derrotado en las elecciones se debe a que maquillan las encuestas porque te odian y no por tus repetidos errores políticos.

Este post es una segunda parte del anterior: Chuponeo a Lourdes Flores

Más:
Caos fujimontesinista (Heduardo Rodríguez)
El “senderista” de Altuve (Óscar Soto)
Elecciones con las reglas del 2000 (Jacqueline Fowks)

Perútags: