La diversidad de Babel

María Eugenia Ulfe, en un post publicado en Noticias SER, realiza una crítica justificada a este neo-nacionalismo que se ha venido dando alrededor de nuestra gastronomía, el patrimonio y algunos logros y éxitos deportivos. Digamos que se adelanta a la última entrega del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. Ulfe realiza una crítica similar a la de Victor Vich en su texto Magical and Mistery: El Royal Tour de Alejandro Toledo, reseñado hace algún tiempo).

Así, ella reflexiona:

“…la comida es eso, alimento: la engulles, la digieres, la defecas y algunas veces aumenta tu colesterol, otras te engorda, otras simplemente satisface tu gusto por lo exótico. Los nuevos platos son estéticamente atractivos. Pero son eso platos de comida. Son efímeros. ¿Por qué la comida o la gastronomía ha logrado posicionarse en el terreno cultural y no así una cultura de equidad, reconocimientos y derechos para todos?” (María Eugenia Ulfe, La diversidad de papel)

La respuesta de Ulfe la encuentra en los trabajos de Cecilia Méndez y su ensayo Incas sí, Indios no: Lo que se quiere es una cultura adocenada y que no haga bulla. Es, en sus palabras, “una diversidad de papel”.

Estoy de acuerdo con varios de los puntos que expone Ulfe. Sin embargo, eso no explica el por qué de este neo-nacionalismo, cómo así esto aparentemente tan simple como la comida que “la engulles, la digieres, la defecas y algunas veces aumenta tu colesterol, otras te engorda” moviliza tanto.

Tal vez la respuesta se encuentre en la propia cocina, en las cocinas, en la tradición culinaria peruana, en las mujeres que han transmitido una serie de saberes de generación en generación (algo de eso escribí hace mucho, antes de Mistura y antes del Ministerio de Cultura en un post en dos partes: uno y dos). ¿No será justamente porque la comida ofrece un espacio diverso, plural, de encuentro? ¿No hay algo de equidad y reconocimiento en una cocina?

Claro, hacer estas últimas preguntas equivale a salir por un rato de la trampa del poder omnímodo, algo sobre lo que Foucault ha trabajado y escrito bastante. En ese sentido, hay que ver tanto el discurso oficial como los distintos discursos que se construyen desde abajo.

(Algo parecido hay en el rechazo de algunos académicos al famoso Circuito Mágico de las Aguas. Es cierto que hay una mirada oficial, desde la Municipalidad Metropolitana de Lima, pero también hay una apropiación de quienes disfrutan y se divierten en las fuentes de agua).

El cocinar implica memoria, cuerpo, sentido, cultura. Y el comer implica consumo, y como decía De Certeau, una forma cotidiana de micro-resistencia. Y el cocinar, lo que es más que preparar alimentos. Igual, comer es algo distinto a alimentarse. El consumo nunca es pasivo. Es acción, agencia. El consumo es apropiación.

Más:
Introducción General. Las artes de hacer. Michel de Certeau (PDF)
El cocinar en los sectores populares de Cartagena. Ricardo Chica Gelis

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