Me tocó hoy ir primero a la exposición Yuyanapaq (en el Museo de la Nación) y luego a la Chalina de la Esperanza (en la Municipalidad de Lima Metropolina) a hacer un guiado a futuros guías de turismo. Un paso previo a mi lectura de dos comics que tenía pendientes desde hace mucho: Rupay. Historias gráficas de la violencia política en el Perú (1980-1984) por Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossio (Ed. Contracultura, 2008) y Barbarie. Comics sobre Violencia Política en el Perú, 1985-1990 por Jesús Cossio (Ed. Contracultura, 2010).

barbarie de jesus cossio (extracto)
Extracto de Barbarie (Cossio, 2010)

No son, y se recalca en ambos casos, una “versión comic” de lo que cuenta la Comisión de la Verdad. Eso está muy lejos en ambos casos. En el primero, el esfuerzo es por hacer un alter-Willakuy. Así, se suceden textos escritos explicando y contextualizando las historias seleccionadas. También el uso de fotos y otros elementos gráficos (por ejemplo, las imágenes de Edilberto Jiménez de su Chungui: Violencia y trazos de la memoria).

No lo sé. En esto que se ha venido llamando “batallas por la memoria” (leer a Elizabeth Jelin), considero importante romper tanto con las hegemonías de la memoria como los monopolios de la misma. El informe final de la CVR buscó romper lo primero, pero para muchos fue convirtiéndose en la voz última sobre lo acontecido, aún cuando su intención fuera otra.

En ese sentido, la gran Maus de Art Spiegelman es una de las mejores obras sobre memoria y testimonio que existen (si no lo has leído, hazlo ya). Aquí la referencia no es gratuita. Es citada en la bibliografía de Rupay, por lo que vale la pena reflexionar un tanto sobre la propuesta de Spiegelman. Maus no busca ser una versión definitiva del Holocausto Nazi, ni abarcar todos los hechos. Maus, para Spiegelman, es una historia (gráfica) sobre su padre, sobre lo que vivió su padre durante el Holocausto Nazi y cómo eso lo interpela a él como hijo, como persona. En Maus el narrador no se encuentra fuera como una gran voz que dice cómo fueron las cosas, sino más bien, son dos narradores (Spiegelman padre a través de su hijo, y luego el propio Art Spiegelman) que chocan, se preguntan, se cuestionan, se tensan y dialogan.

En ese sentido, Rupay (además de la edición que no está totalmente cuidada) pierde fuerza y poder. No quiero aquí soslayar su valor. Pero los autores, pareciera (y puedo equivocarme) que buscan finalmente construir otra verdad.

Y eso hizo que luego de leerlo, haya quedado encantado con Barbarie. Desde el arranque. Porque Cossio comienza con una presentación sincera y honesta sobre sus dudas como autor, como dibujante, como guionista. Abiertamente defiende su opción de ficcionar para llenar los relatos y testimonios. Plantea allí también su opción por obviar los textos “explicativos” y más bien entrar de llano al lenguaje secuencial del comic.

Barbarie no solamente es gráficamente más cuidada y trabajada que Rupay, sino que al eliminar esos “textos de contexto” que aparecen en el primer libro, la denuncia queda mucho más explícita. La crítica al discurso violento y homogeneizador de quienes quieren imponer el orden ya sea “por la patria o por el partido” (en sus palabras) se visibiliza claramente. Y es perfecto que así sea.

Porque no se trata de estar de acuerdo con Cossio. Se trata que su mirada nos interrogue, nos cuestione, nos sacuda. El vínculo con el presente, establecido en el epílogo, nos habla de la vigencia de su testimonio. Desde la crítica, Barbarie busca el debate. Y, como decían, debatir es también una forma de acercarnos.

El libro de Cossio, entonces, tiene su sitio allí entre los mejores libros de historia escritos sobre el periodo de violencia política. Justo y merecido.

También:
Carlos Tovar (Carlín) sobre Barbarie de Cossio (La Nuez)
Tormenta en un vaso de agua (Blog de Cossio, donde viene subiendo varias páginas de Barbarie)

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