Parte del debate sobre la acción Besos contra la Homofobia (digo debate, aunque el nivel de los argumentos haya sido realmente bajo) pasó a través de lo siguiente: Hay un sector de la población, todavía muy conservador y nada minoritario, que rechaza ver a un par de personas del mismo sexo besarse en la calle. En la versión extrema, tenemos a Phillip Butters, columnista del diario La República y presentador de noticias en Radio Capital, que no solamente rechaza la idea, sino que ejercería violencia contra dicha pareja de encontrarse frente al colegio de sus hijos.


Fuente: La República

Es más, en la diversidad de opiniones vertidas, la alcaldesa Villarán señaló que una pareja gay puede besarse pero “respetando a la opinión pública” (sic). El Ingeniero Cipriani, cardenal católico, dijo que las escalinatas de la catedral de Lima pertenecen también a dicho edificio, por lo tanto ellos pueden disponer qué se puede y qué no allí.

En otra oportunidad nos hemos referido al problema de los espacios públicos. Los espacios públicos se definen como tales, mucho más que por un decreto, sino más bien por la interacción, negociación, tensión y consenso (temporal o permanente, mucho más lo primero) entre los distintos actores sociales. En ese sentido, por mucho que aparezca en el papel que la Plaza de Armas o Plaza Mayor es un espacio público, en la práctica no lo es, en tanto existe una arbitrariedad o sino una decisión vertical sobre el uso que se le puede dar. Así, por ejemplo, los católicos que exigen “respeto” al frontis de su templo y prohíben ciertos usos y apropiaciones de la escalinata y la vereda.

Ahora, aquí el tema es que un grupo de ciudadanos está excluido de lo público: no pueden besarse, no pueden manifestar su amor o cariño, etc. Y eso porque (obviando los comentarios homofóbicos) “el país no está preparado”, “porque no pueden obligar a los padres a explicar a sus hijos lo que están viendo”, etc. De allí que se intente ganar ese espacio, tomarlo por asalto. En realidad, no hay otra forma. Lo público adquiere sentido no en tanto el derecho a su uso sea concedido, sino ganado. Lo público se conquista ya que lo que en realidad se da cotidianamente son batallas intensas por los espacios (físicos o simbólicos que la conforman).

Si bien es cierto, la primera vez la acción Besos contra la Homofobia terminó en una violencia injustificable o atenuada, la segunda debe ser considerada un triunfo. La calle, el espacio público, se hace aún más público y menos privado. Es decir, mucho más de todas y todos.

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