En los últimos años se ha levantado bastante todo este asunto de las industrias culturales y la diversidad cultural como elementos claves para el desarrollo sostenible (ver el buen libro editado por Víctor Vich, Luis G. Lumbreras y Guillermo Cortés, Políticas Culturales – Ensayos Críticos, 2006, IEP).

“Al Perú no se llega de casualidad.” – Marca Perú
“No hay país más diverso, más múl­ti­ple en varie­dad terrena y humana; todos los gra­dos de calor y calor, de amor y odio, de urdim­bres y suti­le­zas, de sím­bo­los uti­li­za­dos e ins­pi­ra­do­res” – No soy un aculturado, José María Arguedas

En todo este discurso sobre lo diverso y sobre lo que nos identifica como peruanos, generalmente se recurre a la diversidad, bastante a tono con los discursos que vienen desde la UNESCO. Y aunque el Informe Mundial de la Cultura y el Desarrollo (2006) es profuso en señalar conexiones entre la cultura viva y el patrimonio y el legado histórico, aquí cuando hablamos de políticas culturales, la historia desaparece. No existe. La única cultura viva aparentemente es la del aquí-ahora.

En ese discurso a-histórico, la diversidad cultural que se promueve es la de la gastronomía: tantos y tantos platos, tantas y tantas variedades de papa, nos regocijamos en la comida proveniente de China a través de sus migrantes y descendientes, etc.

El problema del discurso a-histórico es la pérdida de sentido crítico. No reflexionamos que la papa amarilla que te gusta y que saboreas con tu salsa a la huancaína es parte de un proceso larguísimo de siglos y siglos de experimientación, de ensayo-error. Que los chinos que nos han enseñado que es un arroz chaufa vinieron porque se necesitaba mano de obra barata para los campos de la costa norte. Que esa “buena mano” de tantas mujeres afrodescendientes se dio bajo un régimen de esclavitud durante siglos.

La diversidad sin historia es superficial, vacía. No tiene perspectiva, ni sentido.

Y eso es lo que propone la gente de Marca Perú a través de su spot de quince minutos. El goce de una diversidad sin preguntarnos de dónde viene (y a dónde va). Ya hace buen tiempo, en el primer TEDxTukuy que hubo en el Perú, una por entonces ministra Araoz intentó explicar de qué iba todo esto, pero sin pena ni gloria.

Por suerte (o para mala suerte de los publicistas que trabajaron en este video), tenemos hace tiempo una Marca Perú más o menos establecida.

Nuestra Marca Perú. Algunos dicen que ya demasiado Machu Picchu. No estoy tan seguro. Al Perú los turistas siguen llegando para conocer nuestra historia. Durante todo el año, cientos de miles de estudiantes visitan museos y monumentos históricos, buscando alguna clave.

No sé. Tal vez es el sesgo o deformación profesional. Pero si hay algo que debe caracterizar al Perú es su historia. Parafraseando a Arguedas, en este lugar hubo gentes que construyeron palacios sobre los cerros, que domesticaron la papa y los camélidos para alimentarse (y rico). Se construyeron ciudades sobre los cuatro mil metros. Se enverdecieron los desiertos. No hay país más diverso.

Quizá es este rollo de la cultura viva más la intención de inventar la pólvora la que llevó a tener una idea de Marca Perú sin Perú.

En el siglo XXI, hemos pasado de la idea crítica de la historia del Perú a una donde la perspectiva histórica no es ya funcional a la ciudadanía como comunidad imaginada. Solo el derecho a comer rico sin importar cómo es que llegamos a eso.

Claro, en la página de Marca Perú dice que en esto han participado mucho tipo de investigadores. La verdad, sería interesante que el equipo que elaboró el video vaya a las universidades y centros de investigación y sustenten y fundamenten el producto final. Lo que Luis Lumbreras llamaba Razón Colonial: El relato histórico de una nación que invisibiliza miles de años de procesos sociales, de éxitos y fracasos, de conflictos y tensiones.

También podemos llamarla el Perú según El Último Pasajero.

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