El Pensamiento García

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Foto por Iamjunko. Algunos derechos reservados.

Se debería hacer una suerte de síntesis del pensamiento García. Una forma ideológica donde el mundo se divide entre exitosos y derrotados. En efecto, lo que se trata para García, a lo largo de sus numerosos discursos, el tema es pensar en grande. El que no lo hace es lo que el mismo García ha llamado un perro del hortelano: Alguien que no solamente es un derrotado como persona, sino que, según esa lógica quiere que todo el resto sea igualmente derrotado.

Es un embate ideológico donde resuena con fuerza la idea del emprendedor y no del ciudadano. No se trata de una sociedad de personas con deberes y derechos, sino más bien donde el éxito (y la movilidad social) es individual. Parte de ese discurso apareció en ciertos sectores en la segunda vuelta cuando se trató (inútilmente) de discutir la necesidad de derechos universales. ¿Por qué debo yo costear la educación del que no tiene?, decían algunos y algunas. Como si el otro se mereciera su pobreza.

obispo garcia

No ha faltado en estos cinco años de García una alusión permanente a los valores católicos. Casi como decir que el exitoso tiene que tener a Jesús de Nazareth en su corazón. En esa dicotomía de García, sumando a lo anterior, por un lado están los exitosos y bondadosos que ejercen la caridad (no se trata de pagar impuestos, sino de óbolos) y que además tienen a Jesús de Nazareth en su corazón, y por el otro los derrotados y derrotistas, los que se quejan de todo y que encima creen esas cosas como el cerro, el agua, etc.

“En tercer lugar derrotar las ideologías absurdas panteístas que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu y esta lleno del espíritu milenario no se que cosa.”

Claro, porque para García la imagen siguiente sí es intocable, pero no un cerro o una laguna.


(Ver la Carta abierta de Victor Vich al Ministro Juan Ossio)

Es claro también que esa división tiene una huella colonial muy fuerte. Se expresa también en las actitudes abiertamente racistas contra aquellos que piensan distinto porque “viven en zonas donde no hay mucho oxígeno” (Kuczysnski dixit) y que eso explicaría su salvajismo y actitudes irracionales. Una costa moderna y católica y por el otro lado una sierra arcaica y profana.

Esa es la masacota liberal peruana: Liberalismo económico pero conservadurismo político, social y cultural. Masacota ideológica que se ubicó en las últimas elecciones alrededor de la candidata Fujimori.

Por suerte quedan pocas semanas para que García se vaya.

Para mala suerte, este pensamiento va a tener mucha fuerza todavía en el estado peruano.

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Victor Vich: El reinado sobre la cultura

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Foto: Prensa Palacio

Comparto esta carta abierta de Víctor Vich sobre lo que ha pasado con el Cristo Affaire en Chorrillos y la responsabilidad política del ministro de cultura, Juan Ossio.

Quiero añadir aquí un punto más, obviado muchas veces. Desde mi punto de vista esto ocurrido también es consecuencia de una lógica colonial y discriminadora sobre el patrimonio inmueble. Se le toma como “un montón de tierra”. Aunque existan leyes que hablan de protección y de responsabilidades claras tanto del gobierno central como de las municipalidades, en la práctica no se hace nada. Así, los restos históricos solamente “sirven” si es que pueden atraer turistas. ¿Alguien sabe cuál es la política de patrimonio arqueológico de la Municipalidad Metropolitana de Lima? (para no hablar del gobierno central). ¿Por qué no tenemos un museo arqueológico a la altura de México o Egipto? Mucha Marca Perú, pero poca historia. La historia solamente es funcional cuando hablamos de turismo.

Ahora sí, la carta de Víctor Vich.

Carta abierta al Ministro de Cultura.

Quizá en un país como el Perú nada hubiera podido impedir que Alan García instalara ese Cristo en el morro solar. La falta de instituciones (y de unos medios de comunicación que nunca ayudan a redefinir la política) da pie a que ella siga entendiéndose como la necesidad de hacer “grandes obras” y nunca como la urgencia por construir aparatos institucionales sólidos y descentralizados que impidan el paso de la autoridad al autoritarismo. La falta de instituciones en el país promueve que un Presidente, cual Rey, pueda hacer lo que quiera, como quiera y donde quiera.

Pero en esta historia del Cristo en el Morro Solar, sí hay un responsable adicional y es necesario decirlo aunque ello me cueste el saludo y la amistad universitaria. Me refiero al Ministro de Cultura Juan Ossio. Me explico mejor: si ha existido alguna autoridad que pudo haber contribuido a frenar tal barbaridad, esa debió haber sido el Ministro de Cultura, quien debió mostrar su disenso y no defender lo indefendible. ¿Por qué no lo hizo? La respuesta no es difícil: porque en el Perú hasta los sectores más ilustrados siguen entendiendo la política como una “prebenda” y como un conjunto de favores que hay que agradecer; porque en el Perú la política sigue siendo una suma de complicidades con el “amo tutelar” a quien nunca hay que cuestionar y al que hay que apañar en todos su engreimientos.

El Ministro Ossio debió discrepar de tal atentado contra la ciudad y liderar la oposición contra ese monumento vergonzoso que es una ofensa múltiple a nuestra propia tradición religiosa, al espacio público, a todos los artistas del país y a las propias políticas culturales que en este momento muchos colectivos, intelectuales y activistas están intentado ejecutar en el Perú. El Ministro Ossio debió renunciar a su cargo y hacer entrar en razón al presidente, o enfrentarse a él. Quizá, si él renunciaba, hubiera existido una pequeña crisis de gabinete y algo se hubiera podido negociar. El propio Ministro hubiera podido liderar la oposición con todo el sector cultural y ello hubiera contribuido a su mayor cohesión. No conozco a nadie del sector cultural que se encuentre a favor de ese monumento atroz e indefendible. No hay que ser ningún radical para afirmar que se trata de una obra absolutamente demencial.

Pero lo que más llama la atención de toda esta historia es que el Ministro Juan Ossio sea un antropólogo de profesión, es decir, una persona que apuesta por las particularidades locales y que las defiende y las fomenta. La antropología, hasta donde yo sé, hace todo lo contrario a promover la imitación burda de otras culturas y ha sido justamente esa disciplina la que ha descubierto que ese tipo de prácticas son siempre un gesto autoritario de poder.

Da mucha pena que el Ministerio de Cultura termine así su primer periodo de funcionamiento. Hoy sabemos que la aprobación de tal monumento sólo duró un día en Ministerio de Cultura. Es muy triste haber descubierto eso. O quizá haya que decirlo mucho más académicamente: en lugar de convertir a la cultura en un agente que contribuya a la construcción de una mayor ciudadanía garantizando, sobre todo, el derecho de las minorías, lo que hoy tenemos son las muertes de Bagua, Islay, la crisis actual con la comunidad Aymara y los decretos que fomentan la impunidad en la gestión pública; en lugar de utilizar la cultura para introducir nuevas representaciones que cuestionen a los poderes existentes, lo que tenemos es un ministerio que se somete al poder y que avala la imposición de una copia. Mucho más aún: en lugar de fomentar a la cultura como la instancia más crítica de una sociedad (al estilo de la crónica de Guamán Poma), lo que hoy se nos entrega es su conversión en una institución servil a un presidente loco. Tristísimo. O patético, por decir lo menos.

Víctor Vich

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