Una de las cosas a las que nos han tenido acostumbrados los últimos gobiernos, ha sido la de la “pilotización” de la educación. Así, como bien ha señalado Manuel Bello (leer Política educativa emblemática), el resultado ha sido el fortalecimiento de un sistema escolar altamente desigual y segregado, o para decirlo en términos más burdos, un Apartheid educativo. No hay un plan universal, sino proyectos, inversión en infraestructura de colegios emblemáticos, colegio mayor, etc.

Amos, OLPC-Peru intern
Foto por One Laptop per Child. Algunos derechos reservados.

En el área de las tecnologías de la información, uno de estos pilotos más prometedores fue el llamado Plan Huascarán, ejecutado durante el gobierno de Alejandro Toledo (leer Excesivas ilusiones en el Plan Huascarán por León Trahtembeg y La tecnología, ¿una solución para mejorar la calidad educativa rural? de Rocío Trinidad). Con todos los errores señalados por expertos e investigadores, sin embargo, era “un algo” que apuntaba a ser política.

El cambio de gobierno se trajo abajo el Plan Huascarán, y en vez de plantear el debate en torno al aula y al uso de la tecnología como parte de un ecosistema o un todo integral (como viene haciendo el Plan Ceibal de Uruguay, por ejemplo, o la gente de Educ.Ar de Argentina), en el Perú se cambió de equipo pero no de enfoque. Ya no más computadoras sino laptops de bajo costo para escolares (pueden leer la historia y debate sobre el proyecto en un blog que preparó Eduardo Villanueva, así el análisis realizado por el educador David Roca y el estudio que preparó el Banco Interamericano de Desarrollo). Podemos decir que el Proyecto OLPC Perú ya escapó la categoría de piloto, siendo el país con más laptops XO1 (así se llama el modelo) en el mundo: 500 mil hasta el momento y un estimado de 1 millón de laptops repartidas hacia fines del 2011. Es una “política sin política” (ver también post de Eduardo Villanueva).

Es lo que hay y es sobre lo que hay que ahora ser creativos.

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Foto por Kentquirk. Algunos derechos reservados.

Hay varias cosas que se pueden hacer, para no inventar la fórmula.

En primer lugar, aprender de las experiencias de la región sobre uso de nuevas tecnologías para la educación. Y todas estas han convocado a una amplia gama de profesionales, entre ellos, educadores, científicos sociales, investigadores de otras ramas, ingenieros, etc. La entrada no puede ser desde la tecnología per se, sino enmarcada en una visión mayor. De allí que Villanueva tenga mucha razón cuando afirma que esta directriz puede ser fácilmente desmontada. Si la apuesta es la educación de aquí a veinte años, se tienen que buscar consensos.

En segundo lugar, evitar la invención de la rueda. No se trata de cambiar las XO1 por tabletas multitouch porque estas representan el último avance de la tecnología, y así empezar todo de cero. Tiene que haber un plan. Indicadores. Metas. Y se tiene que ver cómo se hace sostenible lo que ya tenemos. Lo que significa no solamente presupuesto permanente para reparación de los equipos, sino también preocuparse por hacer sostenible el fortalecimiento de capacidades. Como varios estudios han demostrado, tanto en el Plan Huascarán como en el Proyecto OLPC, los profesores han sido los últimos en ser incorporados y han tenido más que obedecer un mandato que participar activamente en algo que, finalmente, ellos van a ser responsables de llevar a cabo.

Tercero, el tema de los contenidos y los usos. Vamos, se trata de computadoras, no de términales de TV más teclado. No puede ser que la salida más audaz sea el llenar esos equipos de Wikipedia o cualquier otra enciclopedia. Lo que viene haciendo la gente de Escuelab con las X0 1 debería ser replicado en muchos colegios. Experimentar con la tecnología, apropiarse de la tecnología, jugar con la tecnología, crear/manipular/difundir información con la tecnología. Ya no es tanto qué tanto contenido vamos a meter en esos discos duros, sino qué tanto conocimiento ellos pueden producir. Eso significa todo un reto educativo, y vuelve sobre las dos líneas anteriores.

Es mucho más lo que el profesor va a aprender del alumno que este del profesor. Dejen a los niños que jueguen con las computadoras. Perdamos el miedo. Ya es su mundo, no el nuestro.

Cuarto, enfrentar al reto de la interculturalidad y la tecnología. Las computadoras, así en grueso, no son nunca neutrales. Responden a patrones de consumo y uso, generalmente urbanos, occidentales y masculinos. Esperamos muchas veces que los usuarios finales (sobre todo los de zonas rurales) realicen lo mismo que en las megaciudades. Olvidar esta variable puede traer consigo una serie de dificultades. ¿Seguimos insistiendo en una educación limeñocéntrica y además tecnocéntrica? ¿Cómo resolvemos el problema? Algunas claves se encuentran en los párrafos anteriores.

Quinto, al final al final, preocupémonos ya del tipo de equipo, es decir, si renovamos el uso de las XO1 (en realidad, en el corto plazo no hay mucho de dónde escoger) o apostamos por tablets, iPads, etc. La pregunta inicial no puede ser si vamos por software libre, open source o de código cerrado. Invertir el orden va a llevar nuevamente a repetir los errores señalados al comienzo de este artículo. Como bien ha señalado Kentaro Toyama (hace poco en el Perú), las tecnologías están allí para amplificar las capacidades humanas, no para sustituirlas.

Y creo que en el campo educativo ya no estamos para experimentos.

Más:
OLPC en el Perú (Sandro Marcone)

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