Me robo un llamado que hizo Verónica Klingenberger hace buen tiempo en Somos. En los últimos años ha habido un boom alrededor de la gastronomía, todos estamos orgullosos de nuestra papa rellena, nuestro ceviche, nuestro cau cau e incluso nuestra chanfainita. Pero, y a pesar de tener un Premio Nobel y repetir hasta el cansancio que Perú es tierra de poetas, nuestro mercado editorial parece no levantar vuelo. Nuestra Feria del Libro es pequeña. Las editoriales independientes se abren, crecen, desarrollan y mueren. ¿Dónde está el Gastón Acurio de la literatura, que convierta a la Feria Internacional del Libro en una análoga de Mistura, que compita de igual a igual con sus pares?

libros en peru
Foto por @claudio. Algunos derechos reservados.

Para empezar, rompamos el mito que en el Perú no se lee. De hecho el peruano lee y mucho (las estadísticas de la Cámara Peruana del Libro muestran que cada año se importan más libros a pesar del negocio de libros “pirata”). Ok, no es tu autor favorito, pero de acuerdo a Beto Ortiz, Luis Corbacho vendió 300 ejemplares de su Morir maquillado (Estruendomudo, 2011).

Luis Corbacho, sí. ¿No te gusta? ¿Qué nombre hubieras preferido?

Y allí comienzan los problemas. Reto a los lectores de este blog a nombrar diez autores peruanos menores de treinta años que haya que leer de todas maneras. O cinco.

Digamos que los cultivados lectores del blog ya tienen su top5 de autores peruanos menores de treinta años que hay que leer de todas maneras. Se agradece. Luego viene la pregunta, ¿dónde un lector promedio del Perú se va a enterar de su existencia? ¿Cuántas columnas promotoras de la lectura existen en los medios escritos? No me refiero solamente a crítica literaria, sino aquellas columnas que todas las semanas van a comentar todos los libros posibles para fomentar la lectura. De las pocas existentes, una que sobresale es la de Jorge Eslava en El Dominical: No se detiene tanto en la crítica, como en promover y levantar publicaciones dirigidas a niños.

Y eso es lo que ha venido haciendo Gastón Acurio en su programa Aventura Culinaria desde hace tiempo. Casi nunca hizo crítica culinaria, sino más bien ir tanto a restaurantes caros como a puestos de comida en mercados. Su objetivo no era, lo entiendo así, solamente formar un gusto “culto” sobre la comida, sino crear mercado, promover tanto oferta como demanda. Claro, con el tiempo entendimos la diferencia entre el “mmm” y el “MMM”. Pero pocas veces dijo “este plato no sirve para nada”. Lo suyo fue un plan al que convocó tanto a chefs, cocineros y cocineras, medios de comunicación, sector privado y académico, público, etc. Y bueno, Mistura es lo que es ahora.

¿Cuánto gasta una persona promedio en Mistura? ¿50 soles? ¿60 soles? El año pasado a Mistura fueron cerca de 200 mil personas, a 15 soles promedio por entrada. Se vendió más de un millón de panes y 220 mil platos de comida (fuente RPP). Entonces, el argumento de la falta de dinero no existe. Si tanta gente puede gastar en comida, ¿puede gastar en libros? ¿por qué no?

Como hemos señalado en líneas anteriores, el “modelo Gastón” (creo que a Acurio le gustaría que se hable del “modelo APEGA”) es un proceso que ha involucrado a un conjunto de actores. Los productores de platos (chefs, cocineros y cocineras) no lo hubieran podido hacer solos. Es difícil tener un Gastón Acurio que se mueva tanto en una cocina como delante de una cámara, y lamentablemente eso no hay (o no sabemos que existe) para la industria editorial.

Luego, debemos dejarnos de cosas de solo quedarnos con la literatura (para la) crítica. Eso lo tiene clarísimo Alvaro Lasso (vean su entrevista con Luis Carlos Burneo para La Habitación de Henry Spencer). La industria editorial es un negocio y hay que ser diestro para mantener la calidad y la cantidad de la oferta. Otro ejemplo es el de la literatura fantástica peruana. Elton Honores en su blog y Hans Rothgiesser en el suyo vienen promoviendo decenas de libros de dicho género escritos por autores peruanos. Literatura que se viene ganando su espacio a pulso.

Sin embargo, la gran diferencia es que no hay un análogo a la piratería editorial para la gastronomía. Algo se debe hacer allí, mucho más que requisas e intervenciones policiales que hasta ahora no han generado ni un impacto real. La lucha contra la piratería editorial debería ser parte de una estrategia mayor que implique tanto ampliar el mercado editorial como también permitir el acceso a los libros (bibliotecas urbanas y rurales, como la de Cajamarca). También la promoción de licencias abiertas como las Creative Commons o el iniciativas como la del Open Access. La industria editorial tiene mucho que aprender de la llamada Era de la Información, de las redes sociales y de la descarga directa. Si dejaran de estigmatizar primero la descarga directa, claro está.

La Cámara Peruana del Libro está lejos de ser la APEGA de los libros. Tal vez, planteándose una estrategia de mediano y largo plazo, pueda en algunos años incorporar a la imagen de la Marca Perú, no sé, a Vallejo, Arguedas.

“Ustedes tienen derecho a leer buena literatura”. ¿Suena bien, no?

Perútags: