Vengo realizando unos talleres sobre uso de internet con adolescentes de tres colegios de Independencia. Es, para mi, una oportunidad para observar y dialogar con chicos de catorce años, aproximadamente, sobre los usos de internet, sobre sus expectativas en la tecnología, sobre la forma de socializar frente a un monitor.

Adolescentes creando su perfil en Facebook

Para empezar, son colegios nacionales y bastante pobres. Uno de ellos tiene un muro que está a punto de colapsar, junto al patio de recreo. Los chicos entrenan básquet en aros que están a punto de caerse. Pero, dentro de todo, los profesores hacen lo que pueden sino más.

La primera clase consistió en una introducción al tema de crear un perfil en internet, qué significa, conversar con los chicos y chicas por qué alguien quisiera tener otro nombre y otra foto en su perfil de Facebook (“el feis”), de Hi5 (“el jai”) o del Messenger. Las respuestas pueden parecer obvias (“porque quiere que no lo reconozcan”, “porque su nombre no le gusta y quiere ponerse uno bonito”, etc.), pero luego se armó un pequeño debate, donde varios contaban sus experiencias y temores por quien pudiera aparecer al otro lado del monitor.

Luego de la exposición, los adolescentes armaron su perfil, respondiendo algunas preguntas básicas. Cuando se enteraron que el perfil iba a ser escuchado por todos los del salón, varios se animaron a modificarlo. En efecto, algunas cosas es mejor que solo quede en el ámbito privado. Terminamos y el material sobre el que se armó la exposición es entregado y repartido. Eso porque mucho más que tomar nota, quiero que conversemos y discutamos. Creo que lo logré y varios han participado opinando o contando experiencias. El uso del Prezi además los mantiene atentos a la voz y a las imágenes que contextualizan la exposición.

Al final, ya cuando voy guardando los plumones de la pizarra, un chico se me acerca y muy preocupado me pregunta “Profesor Morsa, ¿va a haber teoría en el curso? Es para saber si la próxima clase usted va a dictar y nosotros apuntar”. Yo, muy confiado, le dije que la primera parte de la exposición había sido teoría. “Es que generalmente la teoría es con dictado, profesor”, me respondió.

Allí caí en cuenta en las dinámicas que hasta ahora se mantienen en los colegios. Teoría, para los alumnos, es que el profesor dicte y ellos transcriban literalmente todo lo que escuchan. Teoría no es un proceso de discusión de conceptos, que puede darse de manera colaborativa, recogiendo las opiniones de cada uno y contrastándolas con lo empírico. La práctica teórica en un colegio nacional es repetir lo que el otro autorizado (el profesor pero también una página web) dice.

No es casualidad luego que cuando salten a otro nivel educativo (un instituto, por ejemplo), no sepan argumentar. O que en las monografías toda la parte teórica sea un copy and paste de alguna página web. Es básicamente lo mismo que hicieron en los pupitres frente al profesor. E internet ofrece una serie de recursos aparentemente autorizados allí para que los alumnos saquen simplemente. No hay dilema moral alguno.

En fin, puede ser que me equivoque. Pero lo cierto es que hay todo un nudo sin resolver en torno a estos procesos que se dan en el aula con respecto a la abstracción, la construcción de conceptos y la teorización. Todo un reto.

Ya viene el post sobre impresiones del proyecto OLPC desde Independencia.

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