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    aside 7 Oct

    El impacto de Inambari en la Amazonía

    Sí, se habla mucho de cómo una central hidroeléctrica produce energía de manera limpia. Lo que se habla poco, es cómo y de qué manera impacta el embalse necesario para la producción de electricidad.

    Hay allí dos factores clave para entenderlo: Volumen y caída de agua. Las turbinas de las centrales necesitan agua que las muevan y así generan electricidad. Cuando se tiene poca agua, se puede aprovechar la caída; eso pasa con casi todas las centrales hidroeléctricas de la costa. Y por eso se habla del potencial hidroenergético de los Andes Peruanos. Viceversa, cuando no tienes grandes pendientes o caídas, necesitas una gran cantidad de agua. Mucha.

    Por ejemplo, la represa que se piensa hacer en Inambari. Se cálcula un área de inundación de 46000 hectáreas.

    lima inambari

    El área marcada muestra el tamaño de la inundación. Ok, para algunos quizá no diga mucho. Así, la gente del CSA y de Amo Amazonía, han hecho el siguiente que creo es además de estar muy bien hecho, es bastante ilustrativo. Digo, como para armar el debate.

    Perútags: lima inambari centrales hidroelectricas selva amazonia medio ambiente

    aside 6 Oct

    Steve Jobs 1955-2011


    Steve Jobs (1955-2011) con John Lasseter. Foto por Macinate. Algunos derechos reservados.

    Va a ser difícil establecer el límite del legado de Jobs. Comenzando con la idea de tener computadores personales allí en tu casa, hasta el smartphone que estás usando en el bus. Sin haber sido él ingeniero (en la primera época de Apple, ese puesto recaía en Steve Wozniak), Jobs simplemente la vio. Pudo proyectar que en cada casa, gente que no tenía que ser un geek o un hacker, podían tener computadoras personales para resolver problemas cotidianos. Así nació la Apple II. Y luego llego la Macintosh. El iPod. El iPhone. El iPad.

    Jobs entendió que la tecnología no era un tema solo para expertos, sino que (por sobre todo) la tecnología debía ser una experiencia que produzca placer. Si en estos momentos estás leyendo este post en un entorno gráfico, deberás pensarlo dos veces: Antes de Macintosh, no habían punteros ni entornos gráficos para operar tu computadora personal. ¿Te vas dando cuenta ahora de la importancia de Jobs?

    Tenía la capacidad, por sobre todo, de revitalizar cualquier proyecto y darle un nuevo giro. Un giro espectacular. Como cuando Lucas le encargó hacer algo con Pixar, una empresa que hacía software para efectos especiales. Gracias a Jobs, Pixar se convirtió en la gran compañía de animación que es hoy. Aquella que te hizo sacar miles de lágrimas en Toy Story.

    Regresó a Apple en 1997, luego de un hiato donde impulsó distintos proyectos espectaculares. Explicaba que lo que la competencia nunca entendió, es que de lo que se trataba era de mezclar arte y ciencia. Que eso era lo que hizo en NeXT, la compañía de hardware y software que dirigió cuando estuvo fuera de Apple. A su regreso, apareció la iMac.

    Vamos, todos nos enamoramos de esa publicidad. Ella, la iMac venía en colores. Arte y ciencia. O la ciencia como arte. Los que pasamos del Windows XP al OSX lo entendemos perfectamente. Sí, yo también creo en el potencial del software (¡y el hardware!) libre. Que estamos hablando de software licenciado. No, sí, en serio yo lo sé. Pero estamos hablando del mejor empate de arte y ciencia.

    Y arte + ciencia = magia, como señalaría otro grande, Arthur C. Clarke.

    Gracias Steve Jobs por hacer que no nos olvidemos que la ciencia es por sobre todo arte.

    Here’s to the crazy ones…

    Más:
    - Steve Jobs (por Steven Levy)
    - Steven Jobs en palabras Steve Wozniak (Huffington Post)
    - Eternal Flame (XKCD)
    - The round peg in the square hole (Andrea Naranjo)
    - Dear Steve, Thanks (Geekdad)
    - Steve Jobs para siempre (Milton Vela)
    - Steve Jobs (Toni del Rio)
    - Steve Jobs (Gustavo Gorriti)
    - Boing Boing cambia de template y hace un homenaje clásico
    - Steve Jobs en imágenes y video (Alt1040)
    - Adios, Steve Jobs (El espíritu de los cínicos)
    - Steve Jobs: Making a dent in the universe (Macworld)
    - Larga vida a Steve Jobs (Leo Prieto)
    - In praise of Bad Steve (D. B. Grady, quizá el mejor texto que vas a leer sobre Jobs)
    - Murió el último norteamericano que sabía qué carajos estaba haciendo (The Onion)
    - Design Matters (Scott Mc Cloud)
    - Steve Jobs y las personas con discapacidad (Tim Carmody)
    - The Magician (The Economist)
    - Steve Jobs eventually made me think different (Jason Perlow)
    - Don’t be trapped by dogma (Peter Merholz)
    - EFF Mourns the Loss of Steve Jobs
    - Richard Stallman sobre la muerte de Steve Jobs
    - The other side of Steve Jobs (Read Write Web)

    Addenda (1:00pm):

    No se apuntó algo en el post que vale la pena escribir. Lo de Jobs fue una empresa capitalista. Y fue una apuesta que le ha dado un respiro a varias industrias (como la musical o la de contenidos en general). Sobre eso escribí y apunté hace varios meses en el artículo La web está muerta.

    Con Jobs ha muerto quizá lo último de coolness que había en el capitalismo post-industrial.

    Etiquetas: steve jobs cibercultura apple

    aside 5 Oct

    Datos Abiertos en la Municipalidad Metropolitana de Lima

    Los gobiernos (en sus distintos niveles nacional, regional y local) manejan una gran cantidad de datos para poder tomar decisiones. Demasiada información. El poder del estado no solamente está en lo que informa (o desinforma), sino también en lo que deja de informar. Parafraseando a Althusser, el estado también tiene sus aparatos ideológicos de no-información.

    Muchas veces esa información se encuentra en algún archivo escondido en alguna computadora de algún funcionario. Y no es necesariamente porque el funcionario sea malo, sino porque siempre se trabajó así. Esto redunda en altos costos para el propio estado; un funcionario para solicitar un documento de otro sector puede resultar siendo un parto. Y si resulta que el otro funcionario grabó toda la información en un formato propietario (es decir, que solo funciona bajo un software pagado), la canción.

    Una reforma del estado (y todo el rollo sobre gobierno electrónico) pasa necesariamente por abrir la información que se produce todo el tiempo. Por ejemplo, la información que recoge todas las semanas el Ministerio de Ambiente y que puede servir al de Agricultura o al de Energía y Minas. También que esta información pueda leerse más allá del tipo de computadora, servidor, sistema operativo, etc. Otra característica es que esta información sea usable, remezclable. Por mucho tiempo esto de la data abierta se ha entendido como subir archivos de PDF y punto (la transparencia inútil, como bien la llama el amigo @ocram). Por allí no va la cosa.

    A nivel de gobierno central, se tiene así la Agenda Digital2.0 (producida por la Oficina Nacional de Gobierno Electrónico e Informática), que establece algunas pautas sobre la importancia de la data abierta. Conviene leerla y discutirla.

    Algunas cosas se han ido avanzando (invito a revisar el Geo Servidor del Ministerio de Ambiente). Lo último lanzado ha sido la iniciativa de la Municipalidad Metropolitana de Lima por abrir sus bases de datos. Es un muy inicio.

    Lo bacán de iniciativas como esa es que luego se pueden hacer cosas como esta, trabajada por La Factura para el proyecto Todos Somos Dateros.


    (Ver imagen completa en Todos Somos Dateros)

    ¿Mostro, no? Información, no solamente al servicio del propio gobierno local, sino también de la sociedad civil que luego puede informar.

    Etiquetas: open data cibercultura gobierno electrónico municipalidad de lima

    aside 4 Oct

    Los medios que queremos

    (Artículo originalmente publicado en la Revista IDEELE, número 212, año 2011)

    Yo quiero partir primero de la idea general que los medios de comunicación brindan un servicio público. Sin entrar en los detalles de normativas, donde hay gente mucho más experta que uno, cuando hacemos énfasis en esta idea, de que se tratan de empresas privadas que hacen algo al público (esto es, a la ciudadanía), es que podemos pensarlos desde su tangibilidad. Son públicos, por ende, no son autónomos, se rigen bajo leyes que son discutidas (o deberían ser discutidas) por la ciudadanía, la sociedad civil, los partidos, las organizaciones, etc.

    television
    Foto por Jeevs. Algunos derechos reservados.

    Sin embargo, hemos olvidado lo que “lo público” significa. Los medios de comunicación masiva son, en efecto, empresas privadas, que lucran, pero que no pueden hacer lo que les da la gana. “Lo público” tiene que ver con lo común a los ciudadanos, con aquel lugar (físico, simbólico) donde los ciudadanos y ciudadanas se encuentran, discuten, debaten, se tensan y llegan a un acuerdo sobre su uso (y disfrute) compartido: un parque, un colegio, una universidad. ¿Qué queremos de todos estos lugares? ¿Para qué nos sirven? Recuperar el sentido de lo público no solamente implica que estén a disposición de todos, sino también que reconozcamos que sin ese lugar común no hay ciudadanía posible. Es la vuelta de tuerca de ese proceso que nos llevó de ser ciudadanos a consumidores, a ser ciudadanos de nuevo. Peor aún, en una América Latina donde no todos han sido considerados ciudadanos antes ni nunca.

    “Lo público” tampoco es un privilegio otorgado. “Lo público” se conquista, se toma, se reclama, se exige. Aquí hay mucha confusión incluso entre lo estatal y lo público. No se trata de “nacionalizar” o “estatizar”, sino, por el contrario, de hacerlo de todos.

    Con este preámbulo, vamos ahora a discutir el sentido del servicio público de los medios de comunicación masiva. El nuestro es un modelo que le dio el poder al sector empresarial, al mercado, para “llenar un vacío”. En la medida que el estado no podía (o no quería) dar ese servicio y a la ciudadanía (en ese entonces, en los cincuenta, “ciudadanos” no éramos todos) no le interesaba quien se lo brinde, fueron empresarios los que asumieron la responsabilidad de producir contenidos masivos que lleguen a la mayor cantidad de personas.

    Ojo, no es el único modelo. En la nada comunista Inglaterra, por ejemplo, fue el estado el que asumió la producción de contenidos, brindando un servicio público masivo (ver también el libro de Peter Burke y Asa Briggs, De Gutemberg a Internet). Se consideró allí que la televisión no era tampoco un derecho humano, por lo que si alguien quería tener dicho servicio debería y debe hasta ahora pagar una tasa por cada televisor que posea en su casa. De ese modo, la histórica BBC se sostiene. Su consejo directivo, además, es independiente a los gobiernos. No solamente hay reglas claras que lo sostienen y aseguran su funcionamiento, sino también hay un acuerdo entre los ciudadanos que así debe ser. Ese conjunto de reglas claras y consensos se llama institucionalidad.

    Nuestro modelo, por el contrario, es una suma de errores. Tenemos canales de televisión que se saltan olímpicamente todas las regulaciones, que establecen entre otras cosas que uno, un ciudadano peruano, una persona natural, no tenga la concesión (porque el país sigue siendo propietario) de más de una señal para transmitir televisión en señal abierta. No ocurre. A través de testaferros, alguien puede hacerse de la concesión y alquilarla a otro. No existe una superintendencia de comunicaciones que regule estos problemas. Otros canales están en manos de juntas administradoras bastante frágiles. La concesión de un canal de televisión, así, puede cambiar de manos si a algún Juez Dredd así se le ocurre.

    Por otro lado, reconociendo inclusive todo el trabajo heroico de muchos de sus trabajadores, no tenemos un canal del estado fuerte que haga el equilibrio. Su concejo directivo depende del gobierno de turno. Su presupuesto es una incertidumbre. Es sabido que, por ejemplo, muchos de sus archivos históricos se han perdido porque faltaron cassettes para grabar los nuevos programas.

    Y claro, a los ciudadanos y ciudadanos no nos preocupa, porque cada vez optamos más y más por el cable. O Internet. La televisión, aún siendo el principal medio para la difusión de información, es un gran elefante blanco del que nadie se quiere hacer cargo.

    Esto es falta de institucionalidad. Con ello, es fácil que a algún gobierno se le ocurra presionar para que salga algún periodista incómodo y, encima, que tenga éxito. Amenazas con cumplir la ley. Nada más y nada menos.

    No quiero aquí proponer o plantear cómo sería ese nuevo marco institucional para los medios de comunicación. Creo que me faltan bastantes herramientas. Lo que sí quiero remarcar es en la necesidad de interesarnos por su destino. Se ha venido discutiendo, por ejemplo, un nuevo modelo para la televisión digital, lo que va a permitir ampliar el espectro de canales abiertos. ¿Quiénes lo van a administrar? ¿Serán realmente medios de servicio público? ¿Habrá algún defensor del televidente, que pueda vigilar efectivamente la autorregulación de los contenidos? ¿Qué papel debe cumplir la televisión del estado? ¿El concejo directivo del canal del estado será elegido a dedo por cada gobierno? ¿No puede ser de otra manera? ¿Cómo asegurar la institucionalidad? Algunas pistas han sido planteadas en este texto. Es importante llevar estas preguntas a cada espacio, a cada lugar, universidades, organizaciones, partidos.

    No hay tampoco tanto tiempo. Mientras más nos demoremos, habrán otros que decidan por nosotros.

    Más: Mañana miércoles 5 de octubre tendremos una mesa redonda con Marco Sifuentes (@ocram) y Jacqueline Fowks (@jfowks) justamente llamada Los medios que queremos. Más información en Fundación Telefónica.

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    El blog elmorsa.pe, es editado y producido por Roberto Bustamante quien escribe sobre cibercultura y política. Activista en temas de derechos digitales, participando en diversos foros y espacios de incidencia sobre acceso a la información y conocimiento. Docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Más información en bustamante.pe.
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