Hace unos años conocí a un dirigente del Partido de los Trabajadores de Brasil. Estábamos conversando, cuando salió el tema de Sendero Luminoso. Su historia me pareció fuerte y totalmente sintomática. Contaba que para ellos, para el PT, SL era un grupo guerrillero de izquierda más de la región, unos “compañeros en armas”. Y así lo vieron hasta que SL atentó contra el tren de pasajeros Cusco-Machu Picchu (junio de 1986) y donde entre los 8 muertos y 35 heridos, falleció también una militante de dicho partido brasileño. A él le tocó ir al Perú a recoger el cuerpo. Allí cambió su visión sobre SL. Nunca más los “compañeros en armas” y más bien terroristas. A secas.

Hay varias aristas con Sendero Luminoso. Una legal y penal, sobre la que que hoy, creo, no hay dudas. A pesar de los reparos de varios izquierdistas en los 80s, hoy por hoy existe un gran acuerdo con el caracter criminal de SL. Existe mucha documentación sobre los crímenes en el Informe Final de la CVR que puede ser consultado (y discutido). Ahora tenemos el grupo MOVADEF que busca su inscripción legal como partido político. Eso ya viene siendo debatido por abogados e imagino que seguirá su curso correspondiente. Yo aquí quiero ensayar algunas otras aristas del dilema en el que nos encontramos.

MOVADEF, como se sabe, reivindica el “pensamiento Gonzalo”, esto es la ideología, la forma de pensar de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso. Guzmán se veía a sí mismo como el eslabón superior en la escala evolutiva del pensamiento político que venía de atrás con Marx, Lenin y Mao. “La cuarta espada”, se llamaba a sí mismo (y sus seguidores lo repetían). Abimael Guzmán, como bien lo señalaba Carlos Iván Degregori en su libro Qué difícil es ser Dios, era una especie de “caudillo-maestro” que venía con “la ideología del proletariado”, “científica, exacta, todo poderosa” y “todopoderosa porque es verdadera”.

En ese pensamiento omnipotente ya pasó la fase de la historia de la “guerra popular” y ahora más bien vivimos una fase de “paz”, donde lo lógico es la “solución política” a dicha “guerra” y la consecuente “amnistía de los prisioneros de guerra”. Obviamente que cuando MOVADEF reivindica al “pensamiento Gonzalo” está recogiéndolo todo es decir, una visión donde hay “dos líneas de pensamiento”, una correcta y la otra incorrecta, una “a favor de la historia” (no de la humanidad, sino “de la materia”) y otra en contra. Es una forma fanática del materialismo histórico, donde toda reacción estaría prevista. En una forma ideológica de ese tipo, claro está, no hay mayor debate posible ni posibilidad de convencerles que están equivocados. “Ah, tu crítica es justamente la reacción a nuestra verdad todo poderosa”, dicen para sus adentros. No es por gusto que el “pensamiento Gonzalo” sea la justificación al proyecto totalitario de SL.

Pero, como se señaló antes, es qué hacer con MOVADEF viéndolo como algo más que un problema policial y penal. Más allá de la altamente probable no-inscripción de dicho grupo, MOVADEF va a seguir operando. Van a entrar a las aulas de los colegios y universidades y van a ofrecerles a los adolescentes y jóvenes respuestas a sus inquietudes básicas: ¿Por qué el Perú es como es? ¿Por qué la desigualdad? ¿Por qué yo con esta educación pública no puedo llegar a tener lo que el otro, con su educación privada tiene? Y las respuestas de MOVADEF son simples; no hay más preguntas luego porque estas no son admitidas en el “pensamiento Gonzalo”. El que duda va contra la historia.

El asunto es que, como país, no terminamos de ocuparnos de las escuelas. Estas siguen siendo espacios violentos, que generan un sentimiento de desapego en muchos niños y niñas del Perú. ¿Qué clase de ciudadano sale de un colegio lleno de rejas, donde el profesor está esperando con una vara a que termine el recreo para golpear a los alumnos para que regresen al aula? ¿Qué pasa cuando el profesor le dice al alumno que su forma de hablar el español es “motosa” y que debe “aprender a hablar bien”? Otro finado grande, Constantino Carvallo, así describe el aula en el Perú:

“La educación general en el Perú, y particularmente en la escuela pública, es de muy mala calidad y no contribuye a la formación de la ciudadanía ni de la democracia, porque es una relación autoritaria en la cual el alumno está parado frente a un profesor que dicta verdades: es un dictador. Los alumnos deben memorizar lo que dice el libro y no hay una construcción de pensamiento propio, de espíritu crítico de diálogo, de investigación.” (Entrevista a Constantino Carvallo, Blog Política y Viajes)

¿Les recuerda a algo? El aula en el Perú hoy por hoy es el espacio perfecto para que MOVADEF o cualquier otro grupo que ofrezca “la verdad” crezca y se reproduzca.

Sí, claro, todos hablan de la importancia del Informe de la Comisión de la Verdad y que todos los peruanos vayan al futuro Lugar de la Memoria (y de la Tolerancia y de la Inclusión Social, como se le llama ahora). Seguro también dirán que hay que tener mejores cursos de educación cívica. No faltará alguien al que se le ocurra que el problema para hacer que los niños amen a la patria es tener cursos de Instrucción Pre-Militar.

Mientras tanto, el colegio y el aula seguirá siendo esa institución totalitaria. El lugar para que el “pensamiento Gonzalo” o cualquier otro discurso “todo poderoso” encuentre el mejor caldo de cultivo.

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