Los actuales conflictos y reacomodos en la iglesia católica peruana, nos tienen secuestrados. Decenas de columnistas y no pocos medios de comunicación le dedican espacio a algo que debería ser parte de la cosa privada y no de la agenda pública.

En realidad, mucho más que secuestro de la IC por parte de un sector conservador, es la IC la que nos tiene secuestrados a los peruanos, creyentes y a los no creyentes, cuando la discusión debiera estar más bien en el fortalecimiento de la agenda laica y la no intromisión de ningún credo en temas de sexualidad y control de natalidad. Por el contrario, la agenda pública sigue el detalle de los conflictos de una organización centenariamente corrupta, ladrona, asesina y conservadora, a la que el Perú todavía le otorga no pocos privilegios.

Si bien en el papel, el Perú es un país laico, nuestra política y sociedad civil son todavía terriblemente confesionales.

Perútags: