Comparto completa la columna que publiqué hoy en Spacio Libre (sobre la irrupción de MOVADEF en un evento académico) que por motivos técnicos no se puede leer. Al final de esta entrada también encontrarán enlaces a algunos artículos que considero claves.

Lo no discutible

Se presenta un libro sobre el pensamiento del grupo terrorista Sendero Luminoso (que no he leído aún, pero espero hacerlo prontamente). El autor, Gonzalo Portocarrero, según tengo entendido, desarrolla los temas del mesianismo y el culto al personaje de Abimael Guzmán, el líder senderista.

En eso, la reunión es interrumpida por la gente de MOVADEF, el movimiento prosenderista que plantea abiertamente una amnistía general, tanto para los senderistas como para los criminales militares. La interrupción se ampara además en apelar a la democracia y a la libertad de expresión. Piden debatir con el autor y con los panelistas de la presentación. Lo piden a gritos.

De lo que conozco a Sendero y su pensamiento, se sabe que no hay espacio para la duda ni para la revisión de sus postulados o hipótesis centrales. Es cierto cuando se dice que Sendero tiene una ideología total de la historia y la sociedad, donde cada hecho no solamente está explicado, sino también el futuro cercano y lejano. No se trata de una compleja teoría social, sino, por el contrario, una postura historicista, donde todo está explicado. Y aquello que no encaja, también, toda vez que se le puede echar la culpa a la “reacción”, a aquellos que se oponen al cambio. Y luego, la cadena de conspiranoia, donde el origen del mal siempre es la CIA y el imperialismo. Para ellos, los casi 100 años del clásico libro de Lenin, “El imperialismo como etapa superior del capitalismo”, no han pasado. Qué Manuel Castells y su monumental “La sociedad red” se revuelquen en la estantería.

Algunos exigen aceptar el debate con MOVADEF. Sin embargo, debate implica no solamente un intercambio de argumentos, sino también ceder, aceptar la posibilidad que el interlocutor pueda tener un argumento válido y que uno pueda tener un argumento equivocado. Las comunidades científicas pueden debatir porque parten de lo que Thomas Kuhn llamaba el paradigma, que no es otra cosa que un consenso, un lenguaje común para toda la comunidad. Los argumentos son puestos en la mesa para que los analicemos y los pongamos a prueba. Si un argumento, planteaba Popper, no puede ser sometido a un examen tal que se pueda poner a prueba su falsabilidad, entonces estamos frente a algo propio de las religiones, sea un credo, un acto de fe.

Es por ello que tampoco se puede debatir “el aborto” o “la persona” en términos filosóficos o religiosos. En algún momento llegaremos al punto muerto donde los argumentos se tuercen sobre sí mismos y se vuelven dogma. Simplemente no se puede seguir discutiendo; aceptamos allí que el dogma es parte de la fe y que esta pertenece al campo de lo indecible. Wittgenstein era bastante radical en el asunto. Lo indecible es aquello que no puede ser un argumento lógico. De igual modo, decía, un problema que no tiene una resolución lógica (por ejemplo, la existencia de dios) se vuelve irracional, fuera del campo de la argumentación y por ende es parte del campo de lo emocional, de la esfera privada, cuando no íntima. “De lo que no se puede hablar, hay que callar”, terminaba Wittgenstein su famoso Tractatus.

Nuevamente, ¿vale la pena discutir con aquellos que abiertamente tienen posturas basadas en “la verdad” o en “la fe”? Podemos sí discutir los efectos de ciertas religiones (es decir la institución que sostiene la reproducción de la fe) en la sociedad. Podemos incluso plantearnos formas de comprobar esos efectos, buscar variables, analizarlas. Pero no podemos discutir la fe. De igual modo, podemos discutir con los MOVADEF, por supuesto, pero eso debería pasar por tener bien claro cuáles son los puntos sobre los que vamos a intercambiar ideas y qué cosas están ya dadas como acuerdo. Es decir, se debate con quien quiere realmente debatir.

Lo otro, es pisar el palito y darle tribuna a los iluminados.

Y alimentar al troll.

Recomiendo también los siguientes artículos:

Batallas por la memoria, por Martín Tanaka. Cito: “La respuesta tiene que ser política. Esto significa que, con sendero allí, de lo que se trata no es de seguir con un debate académico, porque ya no es posible, sino de impedir que la presentación de un libro se convierta en una victoria política de ellos; de lo que se trata es que se convierta en una derrota. ¿Cómo? Pues denunciando claramente lo que Sendero Luminoso es, un grupo terrorista, homicida.” Muy buen texto. Lo recomiendo bastante.

Truculenta presentación de “Profetas del odio”, por Gonzalo Portocarrero, autor del libro en mención. Cito: “Sobre todo, y aquí va el hecho doloroso, porque estaba apoyado por unos veinte muchachos que repetían, cada uno por su lado, ¡Déjenlo hablar! ¡Estamos en una democracia! De esta manera, con este respaldo, conseguían prolongar la intervención de Crespo.”

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