Ciudad hackeada

Ayer expuse en el Seminario Ciudad y Tecnologías #CYT1, organizado por la gente de La Factura. El tema propuesta era “Hacia un gobierno abierto de la ciudad en el Perú” y mi presentación debía versar sobre el papel de la sociedad civil en ese proceso.

Tuve dos puntos de partida, que no quedaron explícitos. En primer lugar, la idea de Ciudad Legible que viene desarrollando Mariana Alegre y su equipo de Lima Como Vamos. Ellos plantean que la ciudad debe dejarse leer por sus ciudadanos, una ciudad que sea también pedagógica, “un nuevo sistema implica nueva información y nuevas reglas” (ver Un reto más: una ciudad legible).

Eso me llevó a un segundo punto. ¿Qué tal si la ciudad ya era legible? ¿Acaso no todas lo son? En arqueología, tenemos que interpretar y “leer” un asentamiento urbano precolonial; en el caso de la historia andina estos asentamientos además no tienen documentos que nos digan qué pasó, cómo funcionaron. Eso no implicó para sus habitantes que no pudieran “leer” las calles, los muros. Las investigaciones de José Luis Pino en Huanuco Pampa apuntan a que dicho establecimiento administrativo incaico funcionaba a modo de libro calendario para sus vecinos. Cada calle orientada a una constelación en particular, a una posición del sol para cada época del año.

En ese sentido, la ciudad es hardware y software simultáneamente, siendo difícil saber dónde termina qué. ¿Es la ciudad un repositorio de información o es información sobre la que se monta la infraestructura? Quizá la respuesta sea sí, en ambas situaciones. En todo caso, deberíamos olvidarnos por un lado de esa dicotomía.

Michael de Certeau en su libro Las Artes de Hacer (ver la introducción general en Cholonautas) nos habla además que la relación entre la ciudad y el peatón, haciendo la analogía entre el acto de hablar (speech act) y la lengua. “De la enunciación peatonal que de esta forma se libera de su transcripción en un mapa”, señala de Certeau.

¿Y no es eso mismo, lo que hace Google en su servicio de mapas y tráfico? ¿Acaso no están leyendo esa enunciación peatonal, la de todos los que hemos instalado nuestro app de Gmaps, para transcribirla en un mapa? Y allí viene la primera idea fuerza: Los habitantes de la ciudad cargamos con información. El punto es cómo la recogemos.

Lo olvidamos, pero esos equipos smartphone que cargamos son algo más que puntos de acceso móvil a internet. (A veces olvidamos, inclusive, qué es internet). Son también pequeños equipos sensores. Sí, por el momento es un tipo de equipo que se encuentra en el nicho de la gente de más plata, pero poco a poco está creciendo dentro del nivel socioeconómico C y sobre todo entre la población adolescente y joven. Allí mucho más que pensar qué hacer de aquí a diez años, deberíamos adelantarnos ya.

Sensores everywhere

(Es también la aplicación en la práctica de la frase de McLuhan sobre las herramientas como extensión del cuerpo. “Los circuitos integrados como extensión de nuestro sistema nervioso”, apuntaba McLuhan).

Es justamente lo que aprovecha Google para calcular el tráfico de la ciudad. ¿Nos toma 10 minutos avanzar en la Javier Prado a las 6pm? ¿Cuántos que tienen la aplicación Google Maps tienen el mismo problema? Google lo interpreta como un asunto de volumen de tráfico y coloca un color rojo o negro allí. Al revés, si hay buen desplazamiento, coloca un color verde. Todos colaboramos con nuestra información, con nuestro “enunciado peatonal” (como diría de Certeau).

La sociedad civil tiene un papel que jugar allí para proponer usos creativos de toda esa información que cargamos, producimos y remezclamos ya inconscientemente. Coloco tres ejemplos:

1. La gente del MIT (cuándo no) elaboró un proyecto dentro del marco de las Senseable Cities (Ciudades Sensitivas), que convierte nuestro smartphone en una aplicación que calcula la emisión de CO2 en base al desplazamiento y al sonido que recoge el micrófono.

2. In the air. Sensores por todos lados. Sensores de contaminación por toda la ciudad de Madrid. Visibilizar lo que ya sentimos cuando respiramos.

3. Last but not least, Datea.pe. Información desde el enunciado ciudadano dirigido a ciudadanos.

Tres ejemplos que nos enseñan que cuando hablamos o deberíamos hablar de gobierno electrónico, sí, es importante pensar que la data que presenta el gobierno local en cuestión esté no solo disponible, accesible, bajo estándares que permitan la interoperatividad, etc., que sea relevante y actualizada, sino, además, ver cómo esa información puede ser aprovechada creativamente desde los ciudadanos en su andar cotidiano.

De allí que quiera hablar de una Ciudad Hackeada. Sé que el término hackeada tiene una acepción producto de los medios y las películas, donde se asocia al hacker como la irrupción en cuentas de correo electrónico o en alguna Central de Inteligencia. Más bien, pienso (como bien acotó ayer Raúl Hugo) al hacker como aquel que busca soluciones abiertas, alternativas y creativas a problemas aparentemente resueltos. De allí que sea parte de la ética hacker la transparencia, la participación, la colaboración y las ganas de divertirse al momento de operar y gestionar la información. (Ok, este es el momento en que el hater de siempre dirá “pero eso no es ser hacker”, y allí responderé “bacán, discute con Torvalds tu definición, me avisas”).

Entender la ciudad como un gran laboratorio rebosante de información y procesos que pueden ser intervenidos. He allí el reto y el papel que puede cumplir una sociedad civil interesada en los asuntos urbanos.

Notas:

1. Entiendo bien que hay un problema con esta interconexión y el recojo de información. Mauricio Delfín ayer me comentaba si esto no implicaba una suerte de panóptico. Sí, es posible. Pero también es cierto que si vemos la ciudad como un organismo vivo lo que estamos haciendo es mejorar los flujos de información que ya se dan por defecto. Es para seguir discutiéndolo y afinando.

2. Mariana Alegre me preguntaba (vía Twitter) en la presentación si esta idea de hackear la ciudad tenía algún límite. Difícil responder por anticipado algo que no podemos preveer. Como con todo, (nos) iremos (auto-)regulando con cada escenario. Eso no implica que no podemos experimentar con todos los recursos que ya tenemos a la mano.

Perutags:

5 thoughts on “Ciudad hackeada

  1. “… sino, además, ver cómo esa información puede ser aprovechada creativamente desde los ciudadanos…” Ayer concluíamos algo similar en mi mesa en #CYT1: La información está ahí (y cada vez más), el gran reto es aprovecharla, lo cual exige mejoras en los propios sistemas del Estado para organizar y presentar de forma más digerible la información e identificar las necesidades de información y condiciones para acceder a ella del ciudadano, tanto como despertar interés en los ciudadanos por utilizarla. (Nota al margen: no confundir gobierno abierto con gobierno electrónico: un autoritarismo puede hacer gobierno-e, pero no será gobierno-a; por ejemplo, Venezuela es un ejemplo en voto electrónico en AL).

  2. @srotta, tienes razón, por eso mismo hay que apuntar al open-gov (y a las open-cities) mucho más que al e-gov (que finalmente son estándares). yo sí añadiría a lo que dices, que no solamente es un tema de identificar necesidades de información, sino, como sostengo, que información ya fluye en los sistemas informales de comunicación entre peatones. un abrazo!

  3. OFF TOPIC: Roberto, ¿sabes que Enrique Dans viene a Lima el próximo jueves para una conferencia en la Pacífico? Que tal una tertulia

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