Vera: Día del padre

Veo a mi padre jugar con Vera. Veo como Vera lo busca, y mi padre se ha vuelto su cómplice, su chochera y veo como eso de ser agentes del caos es algo genético. Vera se reconoce en los ojos de mi viejo y él en los de ella.


“Old man, look at my life, I’m a lot like you were”

Ayer me puse a cargar a Vera, la cargaba por encima mío, la abrazaba. A las ocho de la noche, a la hora que ya cae el sueño, Vera tenía una sonrisa de oreja a oreja. No es que no quisiera dormir, pero quería dormir sobre mi espalda, abrazada a mi, apoyada en mi.

No sé. Se me dispararon tantos recuerdos. O quizá proyecciones. O recuerdos de emociones. Me vi a mi mismo donde Vera está hoy y vi a mi padre en mi lugar actual. No puedo quejarme nadita, en un mundo donde hay tantos padres que esconden sus afectos (sin contar a una inmensa cantidad de padres que se quedan en su papel de machos proveedores), soy uno de los hijos más afortunados del mundo (el otro, claro está, es mi hermano).

Y sí, mis padres me han puesto una valla altísima. No me presiono. Dejo que fluyan los recuerdos de aquellas emociones de aquellos días tempranos.

“Herencias mágicas”, decía Jorge González.

Feliz día del padre, a mi viejo, a mis amigos que son padres, a los que van a ser padres, y a sus padres, de quienes heredamos tanta magia.

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